OPINIÓN

Luciano Di Pietro: adiós a un amigo y militante

Lunes 15 de enero | Edición del día

Cuando me enteré por boca de un camarada que Luciano Di Pietro había sufrido un infarto y muerto en Ecuador quedé petrificado. Tardé en reaccionar. Lo había visto en las vísperas de Navidad, donde nos pusimos al día de todas nuestras cosas, como hacíamos cada vez que nos encontrábamos en sus regresos a la Argentina.

Esa tarde lo saludé con un cantito que le habíamos hecho en nuestra juventud y que le solían cantar los secundarios del partido en los primeros noventa "Lu, Lu, Lu delegado de Moscú", en medio de La Ópera en Corrientes y Callao. Se lo veía radiante y feliz. Hacía unos años que no venía a la Argentina y se había tomado unos días de vacaciones en su entrañable Buenos Aires.

Me había contado que estaba contento con su trabajo en la Universidad de la ciudad de Cuenca, que se reunía y les daba cursillos de marxismo a unos compañeros argentinos que vivían en la ciudad y colaboraban con La Izquierda Diario. Luciano, se había empapado de la vida política ecuatoriana y relataba con humor el conflicto entre Rafael Correa y Lenin Moreno, a quien llamaba el Kautsky Moreno. A la par, denostaba a la izquierda maoísta de aquel país a la que consideraba barbara y hasta reaccionaria en algunos aspectos. Lu, cuyo abuelo había sido parte del aparato del PC, partido en el que mi amigo dio sus primeros pasos en la militancia, era un antiestalinista donde estuviera.

Para él la clase obrera era una sola, creía en el internacionalismo proletario y en su momento tomó la tarea pionera de construir la FT en Europa allá por el 2000, tarea a la que dedicó toda su pasión, con las contradicciones de una militancia desde el llano y un estilo confrontativo, en momentos difíciles para la difusión del marxismo revolucionario.

No recuerdo bien el año pero cuando la FT consolidó un grupo inicial en París y en medio de las discusiones sobre la naciente Unidad Europea, Luciano rompió con el partido por diferencias en la caracterización y la política, sin que ello significara que abandonara el trotskismo que fue el ideario y la causa que abrazó la mayor parte de su vida consciente.

El hecho de que era un poco cabezadura y de enojos fuertes hizo difícil llegar a una síntesis o convivir con las diferencias en el seno de una organización incipiente como era entonces la de los camaradas franceses. Luego de aquella ruptura milito en el NPA y antes de irse a trabajar a Ecuador había sido separado de las filas de Anticapitalismo y Revolución por sus críticas a la orientación dentro del NPA.

En nuestro último encuentro, Lu me contó que el 18 de diciembre había estado en las columnas del partido en el Congreso, que le había impactado fuertemente la combatividad y organización del PTS, a la que reivindicaba. También me señaló lucidamente que él opinaba que Argentina era el único país en el mundo donde existía una extendida vanguardia obrera y juvenil fogueada por la izquierda clasista y un frente político como el FIT que iba a contrapelo de todas las experiencias reformistas de la izquierda europea. Estaba entusiasmado con la lucha política y de clases en Argentina.

Luciano era un hombre del teatro y la literatura. En la Sorbonne había presentado su trabajo sobre el teatro argentino pos dictadura bajo la tesis de que la derrota de la clase obrera en los ’70 y la derrota de las FFAA en Malvinas, habían borrado del imaginario cultural a las dos grandes fuerzas que se enfrentaron a lo largo del siglo XX, haciendo del teatro pos dictadura un campo donde se había ganado en libertad creativa pero desterrado el conflicto central de la sociedad argentina.

Fue el autor también de una novelita cargada de humor ácido llamada Los días anteriores, donde delirantemente tomaba la historia de militantes altermundistas para celebrar la insurrección de los obreros inmigrantes en una Francia ganada por el racismo.

A Lu lo conocí a mis veinte años y desde entonces fue uno de mis amigos entrañables, compañero de ruta y aventuras que hicieron de nuestra juventud un campo de experimentación y goce de los sentidos. Era imposible aburrirse junto a él.

Nunca olvidaré cuando en medio del fragor de una discusión, invitó al legendario Ricardo Carpani a agarrarse a trompadas durante una conferencia del artista. Saber que ya no vas a estar hace, para mí y los que te conocimos, al mundo más triste y nos obliga a tomar en nuestras manos tus banderas de una vida libre, un arte sin ataduras y una revolución socialista.

Un enorme abrazo a Florencia, a su hermana y a todos aquellos con los que compartimos parte de nuestra vida junto a un tipo inolvidable.








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