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¡Luchar, vencer, Asturias al poder!

Entre los días 5 y 16 de octubre de 1934 los trabajadores de Asturias lograron poner en pie un gobierno de doble poder obrero que pasó a la historia como la Comuna de Asturias y que logró derrotar al ejército de Franco.

Meke Paradela

@mekepa

Miércoles 5 de octubre | 12:59

Como parte del proceso revolucionario comenzado en 1931, la Revolución de Asturias significó la punta del iceberg para la insurrección de 1936. Posteriormente a la derrota, las organizaciones sindicales conformaron el Frente Popular, un organismo opuesto a la consigna de UHP (Unión de Hermanos Proletarios) levantada por los mineros asturianos ya que allí se llevó a cabo la alianza de las centrales obreras con sectores de la burguesía, dejando al margen al heroico proletariado que le puso el cuerpo y su vida en pos de la insurrección de Asturias, que hubiera marcado un camino muy distinto para España y para el posterior avance del fascismo en caso de haber triunfado.

El fracaso de la Segunda República

A comienzos de la década de 1930, el avance del fascismo en Europa ya había dejado de ser una posibilidad para convertirse en una certeza. Este mismo temor se había esparcido por toda Europa y en España no fue la excepción. Tras la caída del dictador Primo de Rivera, desde 1931 gobernaba allí la Segunda República, pero las esperanzas que depositaron los obreros rápidamente fueron respondidas con duras represiones ante la falta de mejoras en su calidad de vida y en sus aspiraciones. Progresivamente la situación se volvió insostenible y la respuesta del gobierno fue en todos los casos la represión, que incluyó tanto asesinatos como incendios por parte de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto. Sin embargo, no es hasta noviembre de 1933 en donde las sospechas de un golpe fascista crecen a niveles alarmantes, tras el triunfo en las elecciones generales de la ultraderechista CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). A partir de entonces, las represiones y los encarcelamientos se convirtieron en moneda corriente para los españoles.

Finalmente, el 5 de octubre de 1934 comenzó una huelga general decretada por el Comité Revolucionario Socialista que comandaba Francisco Largo Caballero y que fue impulsado por dos corrientes de masas, la UGT (la Unión General de los Trabajadores, de carácter socialista) y la CNT (la Confederación Nacional del Trabajo, anarquista). El resto de las organizaciones prefirieron ubicarse al margen al no preparar la huelga, adoptando una postura pacifista y llevando al fracaso de la insurrección a lo largo del país.

La Alianza Obrera

La excepción a la regla fue la combativa Asturias, en donde se produjo la combinación de ciertos factores que hicieron que la insurrección cobrara poder: en enero de 1934, el sector dirigido por Largo Caballero ocupó la dirección de la UGT e impulsó la idea de la Alianza Obrera con el objetivo estratégico de lograr el socialismo, propuesta que le fue ofrecida y posteriormente rechazada a la CNT. Sin embargo, había sectores de esta organización que no estuvieron de acuerdo con la postura oficial y decidieron firmar un pacto con la UGT, siendo Asturias el único lugar donde prosperó esta alianza. La unidad de acción y el objetivo central de la Comuna de Asturias calaron profundamente en el proletariado asturiano, que tomó como consigna la UHP (Unidad de Hermanos Proletarios) y que significaba la unidad “desde abajo” de los trabajadores hacia sus dirigentes.

En la madrugada del 5 de octubre, los mineros rápidamente tomaron la cuenca minera y lograron la rendición de 23 cuarteles de la Guardia Civil, éxito que se sumó a la victoria de las milicias obreras en otras zonas. En Oviedo, la capital asturiana, columnas de obreros ocuparon puntos estratégicos y la Guardia Civil se encontró paralizada. La situación se produjo casi de idéntica manera en el resto de las localidades, siendo los mayores contratiempos la falta de armas y municiones. De todas formas, el mayor éxito fueron la creación embronaria de un Ejército Rojo, que llegó a contar con 30.000 obreros y mineros, y el desarrollo de los comités obreros, coordinados por un Comité Obrero Provincial, en donde los mismos trabajadores pudieron autogestionarse y se encargaron de las necesidades básicas de la población, como la organización de los alimentos y del sistema de salud así como también del armamento necesario para poder defenderse.

La derrota

El poder de los obreros que dio paso a la insurrección asturiana pasó a convertirse en la antesala del infierno para el Gobierno. Aunque en el resto de España la rebelión no había causado ningún efecto por la neutralización pacifista de las organizaciones de masas, en Asturias se produjo todo lo contrario, y el hecho llevó a que el Gobierno, en lugar de apagar los focos de la subversión en el resto del país, concentrara todo su poder de fuego en un solo territorio, dejando al mando del operativo a los generales Goded y Franco y desatando la peor represión con la ayuda de la tropas del ejército y de la marina de Marruecos.

Sin embargo, a pesar de ser el único lugar en donde la rebelión pudo desarrollarse y resistir, los dirigentes socialistas, anarquistas y estalinistas abandonaron la lucha, dejando a Asturias en un completo aislamiento y con el terror del aparato represivo, que atacaba a las milicias obreras mientras que combinaba con proclamas que instaban a la rendición al conjunto de la población al persuadirles que en el resto de España la insurrección no había prosperado: “Rebeldes de Asturias, rendíos. Es la única manera de salvar vuestras vidas: la rendición sin condiciones, la entrega de las armas antes de veinticuatro horas. España entera, con todas sus fuerzas, va contra vosotros, dispuesta a aplastaros sin piedad, como justo castigo a vuestra criminal locura. La Generalidad de Cataluña se rindió a las tropas españolas en la madrugada del domingo. Companys [presidente de la Generalidad de Cataluña] y sus hombres esperan en la cárcel el fallo de la Justicia. No queda una huelga en toda España. Estáis solos y vais a ser las víctimas de la revolución vencida y fracasada. El daño que os han hecho los bombardeos y las armas de las tropas no son nada más que un triste aviso del que recibiréis implacablemente si antes de ponerse el sol no habéis depuesto la rebeldía y entregado las armas. Después iremos contra vosotros hasta destruiros sin tregua ni perdón. ¡Rendíos al gobierno de España! ¡Viva la República!”.

La insurrección dejó un saldo de más de 3.000 muertos y decenas de miles de detenidos pero aun así el Gobierno no pudo lograr la instauración de un Estado fascista y a pesar de las posteriores represiones el pueblo español pudo volver a ponerse en pie para enfrentarse a Franco en 1936, esta vez con un despliegue combativo en todo el territorio español.

Durante los días de octubre de 1934, los mineros de la Comuna de Asturias modificaron los versos del himno nacional asturiano, “Asturias, Patria Querida” y lo reemplazaron por “Asturias, Tierra Bravía”:




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