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LUCHA PRESUPUESTAL

Lucha educativa, límites y desafíos

La dureza del gobierno amerita una reflexión para ver cómo, los sectores comprometidos con la educación pública, conseguimos el famoso 6 %. Las direcciones del movimiento no ayudan. ¿Qué hacer? Aquí, algunas reflexiones.

Karina Rojas

Montevideo

Miércoles 12 de julio | 10:33

El gobierno está firme en su negativa a otorgar el 6 % reclamado para la educación. A duras penas para fines de 2018 estaremos llegando a un 4,7 % si en este engañoso porcentaje incluimos el financiamiento del Plan Ceibal, la educación militar y las laptops para los jubilados. Otra vez postergados nuestros reclamos de arreglar escuelas y liceos arruinados, de entregar más y mejores becas, de eliminar los cupos a la educación superior, de mejorar el sueldo docente. Es hora de que el gobierno deje de mentir en que la educación es su prioridad.

Muy por el contrario, la prioridad del gobierno, como los anteriores, es la de pagar la deuda externa, mantener la calificación internacional de país “confiable”, exonerar la inversión externa y la educación privada.

Entonces nos preguntamos: ¿es esto un gobierno de izquierda, que debería enfrentarse decididamente a los poderosos que siempre ganaron y lucraron con el sacrificio de los pueblos? ¿es un gobierno que opta por favorecer a los que menos tienen frente a los que siempre “se la llevaron en pala”? ¿Que priorice las políticas sociales, la “deuda interna”, en la perspectiva de “dar vuelta la tortilla”? Estamos muy lejos de eso. Más bien el Frente Amplio se desempeñó como un gobierno de continuidad, con algún maquillaje, de la estructura social y económica de un capitalismo dependiente, sojero, extractivista y primarizador, y en algunos casos, más que continuador fue profundizador, como lo podemos ver en el avance de la extranjerización de la tierra.

Las direcciones no ayudan

Este año la lucha presupuestal no ha alcanzado la masividad que tuvo en 2015 – cuando el gobierno atacó con la esencialidad – o en 2013 – cuando los docentes libraron una huelga durísima pero muy valiente. Esto tiene su explicación.

Durante principio de este año vimos algunas ocupaciones de liceos. Los docentes reclamaban mejoras edilicias, adscriptos, equipos multidisciplinarios y resolver el problema de la superpoblación de los cursos. Estas ocupaciones mermaron, entendemos que fue porque las direcciones de los gremios docentes, como el de ADES Montevideo, no quisieron esta vez tener la exposición que tuvieron en luchas anteriores donde fueron punta de lanza en la huelga indefinida. Creemos que fue una actitud expectante y pasiva.

Otros gremios como ADEMU no han tenido en cuenta los graves problemas en la educación primaria que la docencia viene denunciando hace tiempo, y tampoco se ha podido expresar la base en asambleas para evaluar las fuerzas para luchar. Las direcciones impiden así cualquier manifestación, voluntad de lucha y confluencia con otros sectores educativos.

Otro de los gremios ausentes es la FEUU que, cuando quiere, tiene una importante capacidad de movilización, pero en esta Rendición de Cuentas no ha podido garantizar una concurrencia importante para defender el Hospital de Clínicas frente al avance privatizador del gobierno – con la aceptación del rector Markarián – de implementar la Participación Público Privada en el hospital universitario, que fue rechazada en el último CDC. La dirección de la federación universitaria compuesta en su mayoría por frenteamplistas – que se dividen entre militantes del PCU, PS, la 1958 y la Susana Pintos (que votó por Markarián) claramente no está a la altura de organizar a los decenas de miles de estudiantes universitarios para exigir al gobierno el 6 %.

Más en general, estas direcciones - algunas abiertamente oficialistas y otras semi-opositoras - se llenan la boca con la defensa de la educación pública, sostienen orgullosos estandartes de Líber Arce, pero a la hora de jugar fuerte terminan desmovilizando al movimiento estudiantil reduciéndolo a la parálisis y la inercia.

Inclusive pasa también con agrupaciones que dicen ser opositoras al gobierno, como la 21 de Junio - que tiene la mayoría del Centro de Estudiantes de Humanidades – que se ha dedicado a boicotear los espacios de asamblea donde los estudiantes pueden debatir, politizarse y resolver democráticamente, y a vaciar la Mesa del Centro dejándola sin cuórum para poder operar, rompiendo así la unidad que había conquistado el CEHCE y llegando a tener posturas agresivas contra otras agrupaciones. ¿Y todo por qué? Para que no haya nada que siquiera cuestione su mayoría en el CEHCE, una lucha encarnizada por un puesto, un sillón, una cuota de poder, y reproducir hasta el infinito un manejo burocrático de la herramienta gremial.

Es necesario organizar y coordinar a los que luchan

En este marco, en las semanas pasadas se desarrollaron ocupaciones de unos pocos liceos – aunque los más organizados y combativos - junto con el IPA, Magisterio y Educación Inicial. Las ocupaciones fueron contundentes y lograron un mínimo de coordinación al unirse en un corte de calle frente al Palacio Legislativo, que no estuvo exento de la infiltración de las fuerzas represivas y la criminalización de la protesta a la que ya nos tiene acostumbrados este gobierno “progresista”.

Pero para lograr el 6 % necesitamos una lucha generalizada y corremos el riesgo de separar los sectores más activos y dispuestos a luchar con esa enorme base que queda en los sindicatos y en las clases sin poder expresarse. Por eso es necesario que los gremios estudiantiles que hoy salen a las calles puedan dirigirse a quienes todavía están pasivos. Y para eso hay que librar un combate no solamente contra el gobierno, sino también contra quienes dirigen hoy las herramientas sindicales y gremiales y cuestionar profundamente la lógica burocrática de estos espacios, promoviendo instancias democráticas y de renovación de la vieja dirigencia.

Las tareas de los revolucionarios en la lucha educativa

Desde Tesis XI luchamos por la coordinación de todos los sectores de la educación y por eso nos acercamos a los lugares ocupados como el IPA o el Miranda donde participamos de talleres y debates por demás interesantes. Creemos que es necesaria una coordinación permanente de los sectores educativos pero no solamente de sus cúpulas, sino un espacio donde todos los sectores se puedan expresar como podría ser una Asamblea Intersindical abierta y democrática, donde se pueda llevar los mandatos de base y se puedan votar resoluciones en conjunto.

Por otro lado, luchamos día a día para democratizar los centros de estudiantes, tanto los que se dicen opositores al gobierno como los abiertamente oficialistas y que persiguen a las agrupaciones y no permiten su existencia. Queremos cuestionar profundamente los espacios gremiales y proponer una organización de abajo hacia arriba, donde sean los estudiantes quienes verdaderamente decidan y donde se permita la plena libertad de agrupación. Esta va a ser la única forma de sentar las bases para un nuevo movimiento estudiantil democrático, combativo, solidario con las luchas de los trabajadores y los sectores oprimidos y que cuestione el capitalismo como sistema social.

En tercer lugar, creemos que hay que hacer acciones decididas que nos permitan marcar una relación de fuerzas con el gobierno y poder imponerle el 6 %, como podría ser una marcha convocada por todos los sectores educativos a la vez que cortes de calles, rutas y vías férreas realizadas de forma coordinada entre todos los sectores, ya que nuestro poder es la masividad y tenemos que expresarla de alguna manera.

Por último, será necesario exigir que el próximo paro general previsto para el 20 de julio tenga como uno de sus principales reclamos el mayor presupuesto para la educación. Necesitamos que el PIT-CNT se la juegue verdaderamente, pero eso también tendremos que imponérselo ya que su dirección sindical se encuentra en una tregua permanente con el gobierno, “su” gobierno, dejando pasar cierres de fábricas, despidos y pidiendo paciencia a la base obrera.

Si el paro del 20 no está acompañado de acciones como cortes de calles, de rutas y ocupaciones de edificios públicos, lamentablemente seguirá siendo una herramienta mal utilizada para una estrategia de presión para luego contentarnos con menos de lo que se pide, y será un instrumento de maniobra de la burocracia sindical para hacer su demostración de fuerzas. Tenemos que torcer el discurso de que “ya se avanzó bastante, y ahora no es el momento para pedir”. Si no lo hacemos, nada habrá tenido sentido.






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