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Los tres videojuegos más de derecha vs los tres más de izquierda

Los videojuegos son ya parte cotidiana de nuestra cultura y detrás de ellos siempre hay ideología. Repasamos los tres más reaccionarios y los tres más críticos con el mundo que vivimos.

Marc Ferrer

Barcelona

Jueves 3 de noviembre de 2016 | 21:39

El mundo de los videojuegos se está convirtiendo en una industria que supera ya a la cinematográfica. Los proyectos triple A, donde se invierte cientos de millones de dólares, cuentan ya con unas ventas superiores a las taquillas de los cines. Es verdad que las comparaciones siempre son odiosas, pero esta industria ya se ha hecho un hueco entre nosotros y forma parte de nuestra cultura.

Algunos jóvenes descubrimos la historia a través de Age of Empires, otros títulos nos han hecho rompernos el coco como Portal, incluso hemos creado nuestro propio mundo con los píxeles de Minecraft. Pero, igual que el cine, muchos de los videojuegos también nos hablan de política, explícitamente o no. Es por esto que la industria y los creadores de videojuegos también han querido enviar mensajes que esconden una ideología.

En este terreno encontramos desde algunos que brindan una reflexión del mundo en el que vivimos empatizando con los más oprimidos, hasta otros que en cambio hacen pura apología del intervencionismo militar o del machismo. Veamos cuál es el “Top-3” de los videojuegos más reaccionarios en contraposición con el de los que proponen una crítica al mundo que vivimos.

El Top-3 más reaccionario: Call of Duty, Assassin’s Creed Unity y SIMS

La saga Call of duty es la mejor muestra de la apología del intervencionismo imperialista de los Estados Unidos, sobretodo la saga Modern Warfare. Muchas de sus misiones se realizan en países árabes, donde malvados golpistas querrían iniciar una nueva guerra mundial. Mientras, las unidades especiales de Estados Unidos y Reino Unido luchan para que prevalezca la paz en las zonas del mundo más inestables. Se trata de uno de los videojuegos más populares y que recoge al dedillo la doctrina de la guerra contra el terrorismo en vigor desde 2001. Recuerda bastante a la industria del cine de Hollywood de finales de los ochenta y principios de los 90, cuando aparecieron varias películas bélicas para respaldar la causa yanki en la guerra del Golfo.

Assassin’s Creed Unity es un buen ejemplo de propaganda contrarrevolucionaria. La saga de este juego empieza en la época de las Cruzadas en Jerusalén, se juega en un credo secreto de asesinos que pasa en sus distintas entregas por la Italia renacentista o la Revolución de Estados Unidos. Una de sus últimas ediciones se sitúa en la Revolución Francesa, el principio de la historia se ambienta justo en el asalto de la Bastilla. En el juego se retrata al pueblo y a los jacobinos como salvajes y sanguinarios, y a Robespierre como un monstruo. En cambio la Maria Antonieta y Luis XVI salen retratados en el juego como víctimas. Para nada hace un retrato real de las penurias que pasaba el pueblo francés hambriento, mientras los nobles y monarcas vivían en el lujo. El juego deja un tópico mensaje donde los extremos no conllevan a nada y por lo tanto la revolución lleva a más violencia y a víctimas, sin mencionar los logros que supuso para el pueblo francés la Revolución Francesa.

La famosa saga SIMS, nacida en el 2000, cierra este top. Podríamos decir que es un entrenamiento virtual para el capitalismo. Crea tu personaje, trabaja duro, asciende para poder comprar objetos y ampliar tu casa, un claro reflejo del “sueño americano” o la utopía capitalista. Una auténtica veneración de los valores capitalistas y consumistas que enseña a los jugadores -sobretodo adolescentes- como levantar imperios empresariales o vivir como un multimillonario. El juego está lejos de simular la vida del 99% de la población mundial. Por supuesto ser pobre es muy aburrido en el juego y cuestiones tan cotidianas como la precariedad laboral o que no te den trabajo por motivos raciales o homofóbicas no aparecen.

El Top-3 más crítico con el mundo que vivimos: This War Of Mine, Bioshock y Spec Ops: The Line

This War of Mine es la creación de un estudio “indie” del videojuego que propone vivir el lado opuesto de lo que representa la saga Call of Duty. En este juego viviremos la guerra desde el punto de vista de los civiles en una ciudad asediada. Tienes que gestionar tus recursos para sobrevivir a todo conflicto, cada día que pasa es un hito, ya que en el siguiente te pueden matar. El juego quiere sumergirse en la precariedad humana en la que se viven los conflictos, robar a unos ancianos débiles para que puedas comer, pasar hambre o frío, pelearse con otros supervivientes, escapar de los soldados e incluso suicidarse por depresión. El juego quita toda la gloria y la heroicidad que otros juegos le dan a los conflictos. Además este juego sacó una expansión en forma de DLC -This War of Mine, The Little Ones- donde aparece el punto de visto de los más indefensos, los niños. Además de la realidad de la guerra, muestra como los niños siguen siendo niños: ellos ríen, lloran, juegan con sus juguetes y ven el mundo de otra manera. Su propuesta original y su forma de relatarnos el conflicto le merecen estar en este top.

La saga Bioshock nos ofrece un shooter en primera persona donde podemos ver el fracaso de una sociedad utópica puramente capitalista en la decadente ciudad sumergida de Rapture, y es que la propia ciudad es una metáfora de lo que nos puede llevar este sistema social que impera. En el juego nos presenta la ciudad de Rapture en la posguerra de la segunda guerra mundial como un experimento social donde el intervencionismo del estado keynesiano no existe ni el socialismo de la URSS. Andrew Ryan, el fundador de la ciudad así la define: "Tengo una pregunta que hacerte: ¿acaso un hombre no tiene derecho al sudor de su propia frente? No, dice el hombre de Washington. Pertenece a los pobres. No, dice el hombre del Vaticano. Pertenece a Dios. No, dice el hombre de Moscú. Pertenece a todos. Yo rechacé esas respuestas. En vez de eso, elegí algo distinto. Elegí lo imposible. Elegí... Rapture. Una ciudad donde el artista no tenía que temer al censor. Donde el científico no estaba limitado por la nimia moral. Donde los grandes no estaban constreñidos por los pequeños. Y con el sudor de tu frente, ¡Rapture también puede ser tu ciudad!"

En una de sus posteriores entregas, Bioshock Infinite, podemos ver otra ciudad utópica llamada Columbia inspirada en la “golden age” de los Estados Unidos del siglo XIX con una ideología puramente fascista y racista. En esta secuela podremos vivir una verdadera revolución llevada por la “prole” de la ciudad que hará estallar los cimientos de la sociedad. La verdad que en pocos videojuegos se puede vivir una revolución donde las masas proletarias toman el poder. Para los que queráis más información de este videojuego aquí dejo un artículo sobre el mismo.

Por último quiero incluir a Spec Ops The Line, un shooter en tercera persona donde el jugador controla al Capitán Martin Walker, quien está acompañado por un equipo Delta Force en misión para rescatar a John Konrad, un Coronel de la Armada americana desaparecido en Dubai tras desobedecer la orden de abandonar la ciudad antes de que una serie de catastróficas tormentas de arena la borrasen del mapa. Lo que hace interesante a este videojuego son los giros que da la trama que hace vivir una verdadera sensación de incerteza absoluta de quien son los buenos o los malos. Constantemente nos hace cuestionar si hemos hecho bien en seguir las órdenes o no. Una sensación que pocos juegos transmiten, la esquizofrenia de los conflictos armados que los soldados padecen, la legitimidad de sus actos y su responsabilidad en las matanzas. El videojuego verdaderamente refleja la locura que pudo relatar en el cine la famosa película Apocalipsis Now.

Seguramente quedan muchos juegos en el tintero que merecerían estar en uno u otro top, y seguramente se podría matizar mucho más. Pero lo que no se puede obviar es que detrás de cada videojuego hay un componente ideológico que no podemos banalizar por el hecho de ser videojuegos, ya que al igual que la de la industria del cine, puede tener una influencia social muy potente tanto para legitimar este sistema como para cuestionarlo.






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