Mundo Obrero

ESTADO GARANTE DE DERECHOS, ESTADO BURGUÉS

Los trabajadores estatales y la defensa de los derechos populares

Los trabajadores del Ministerio de Trabajo, a iniciativa de su Junta Interna integrada por la izquierda y luchadores honestos, plantearon la consigna “Soy estatal, mi trabajo son tus derechos”.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Sábado 23 de abril de 2016 | Edición del día

El mérito de la misma es que representa un intento de autodefensa del trabajador estatal frente a la ofensiva de la “Ceo-cracia” macrista que nos acusa de “ñoquis”. Una reivindicación del sentido que le quieren dar los trabajadores a su función como parte de la administración pública.

Sin embargo, la misma consigna brinda la posibilidad que muchos compañeros y compañeras identificados total o parcialmente con el kirchnerismo o con una izquierda semi-kirchnerista, reivindiquen la idea de que la lucha de los trabajadores representa el enfrentamiento entre dos modelos de Estado antagónicos.

Para las compañeras y compañeros, Cambiemos esta atacando un Estado cuya función y cuya gestión estaba destinada a garantizar los derechos del pueblo pobre y trabajador, para avanzar hacia un Estado neoliberal. La identificación de nuestro trabajo y su función social, con el "modelo" estatal del kirchnerismo, nos parece equivocada y conlleva el riesgo de plantear los objetivos de nuestra lucha sobre un falso eje y hace perder de vista que nuestra lucha encarna la defensa de los derechos e intereses comunes de la clase trabajadora contra el ajuste.

Un Estado de clase

Para los socialistas al Estado no se lo define por la orientación política de tal o cual gobierno, lo que no quiere decir que no tenga importancia a la hora de definir una política, sino por su carácter de la clase. El Estado argentino es burgués y como tal representa más que nada los intereses comunes de la burguesía. Es más, el Estado burgués argentino, salvo las modificaciones constitucionales del menemismo en 1994, es exactamente el mismo aparato de Estado que llevó adelante un genocidio del cual aún pervive la impunidad de innumerables miembros de la casta militar y de sus apoyos civiles, entre ellos el mismo Grupo Macri que supo beneficiarse (¡y de qué manera!) del poder militar como parte de la Patria Contratista.

Una política de contención

El kirchnerismo por su parte representó una política burguesa cuya finalidad fue devolverle al Estado su autoridad frente a la bancarrota del neoliberalismo y la amenaza a la casta política que representó la rebelión popular de diciembre del 2001.

Lo que el proyecto “nacional y popular” cambió fue la orientación política del gobierno que basado en el status quo heredado de los ’90 intentó recrear una supuesta burguesía nacional como clase dirigente del Estado. Lo hizo subsidiando a las patronales, pactando con el capital extranjero y creando un capitalismo de amigos.

El kirchnerismo pago onerosas indemnizaciones, en la mayoría de los casos, a los saqueadores de las empresas reestatizadas como lo hizo con Repsol; fue pagador serial de deuda externa, entregó los recursos mineros a empresas imperialistas contaminantes, entregó el yacimiento de Vaca Muerta a Chevron y aplicó los ajustes que le reclamaban las grandes patronales como la devaluación del 2014 que licuo en un 40% el salario de los trabajadores. Tanto fue su apego al viejo status quo, que mantuvo la matriz agroexportadora que caracteriza históricamente al capitalismo semicolonial argentino.

Derechos vulnerados

El kirchnerismo vulnera permanentemente los derechos de los trabajadores y el pueblo pobre y eso no hay que olvidarlo, Su “modelo” político estatal fue funcional a ese fin. El mejor ejemplo es la precarización laboral, que afecta a la mayoría de los estatales y es la madre de los despidos o un salario que para la gran masa de estatales no supera el costo de la vida.

El “modelo” estatal kirchnerista, eligió defender al señor feudal Gildo Insfrán y la oligarquía sojera antes que a los Qom, para quienes reservo la represión, que eran despojados de sus tierras. Para los trabajadores industriales, el “modelo” estatal kirchnerista ignoro su propia legislación permitiendo la importación de autopartes, para que la patronal imperialista de Lear derrotara a los trabajadores y su comisión interna. A las mujeres se les negó el derecho al aborto estableciendo una relación de primer orden con el Vaticano bajo el reinado de Francisco. A los sin techo el “modelo” estatal kirchnerista lanzó junto al macrismo la criminal represión del Parque Indoamericano. En sus últimos días el “modelo” estatal kirchnerista transfirió 70 mil millones de pesos a los grandes bancos y patronales con las maniobras del dólar a futuro.

La ofensiva patronal

Por su parte el macrismo expresa una orientación impuesta por las mismas grandes patronales que, frente a un escenario de crisis mundial, quieren aplicar un ajuste sobre el pueblo pobre y trabajador y volver al redil del capital financiero internacional. El mismo programa o de similares características prometía el candidato del FpV, Daniel Scioli, quien había enviado, al ahora representante del peronismo afín al PRO, Uturbey, a negociar con los fondos buitres. Esta comunidad declarada de objetivos responde a que los políticos capitalistas defienden al Estado como instrumento de los intereses de las grandes patronales. El macrismo no está solo, el PJ y el FpV colaboraron con un gran número de los diputados y senadores que votaron a favor del acuerdo con los buitres, mientras gobernadores ultra K como en Tierra del Fuego o Santa Cruz aplican ajustes y represiones salvajes contra sus propios trabajadores estatales.

La función social del trabajador estatal

Cuando las compañeras y compañeros estatales sostienen que el Estado que ataca el macrismo es garante de derechos, lo hacen reivindicando la tarea del trabajador estatal y defendiendo instituciones y programas que se reivindican como progresistas. El problema de nuestro trabajo, movido por el interés de ponernos al servicio del pueblo trabajador, es que choca con la existencia de una burocracia política y sus gerenciadores, generalmente corruptos que utilizan la función que ejercen en su propio provecho y que dirigen las políticas públicas en el sentido de garantizar una orientación política más general destinada a cuidar los intereses capitalistas.

El “modelo” estatal peronista

Las instituciones progresistas que se han creado dentro del Estado, son el producto de relaciones de fuerza impuestas por la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre, por la lucha de clases. Y que el comando capitalista del Estado las utiliza para evitar precisamente el choque entre esas clases para preservar intacto el orden social. Así definía Perón la función del antecedente del Ministerio de Trabajo: “El problema social se resuelve de una sola manera: obrando conscientemente para buscar una perfecta regulación entre las clases trabajadoras, medias y capitalistas, procurando una armonización perfecta de fuerzas (…) Una riqueza sin estabilidad social (…) será siempre frágil,y ése es el peligro que viéndolo,trata de evitar por todos los medios la Secretaría de Trabajo y Previsión”.

El kirchnerismo se apega a esta concepción: la incorporación de los movimientos sociales y de derechos humanos se realizó como cooptación de los dirigentes y figuras emblemáticas, con la corrupción de muchos de los mismos y con la consecuente desmovilización y pérdida de autonomía de sus bases. Y fue así porque luego de la crisis del 2001, la construcción de hegemonía burguesa en la Argentina, para no poner en peligro el orden político y social, se necesito si o si de la intervención del Estado como árbitro entre las clases y sectores sociales enfrentados. A la vez, la conquista de derechos democráticos durante la última década, fue expropiada por el kirchnerismo y presentada como una gracia que se otorga desde el Estado.

El ajuste macrista

El macrismo por su parte busca desarticular todo aquello que le ponga un freno a las apetencias patronales en el terreno institucional. Quiere forzar la relación de fuerzas a favor de las patronales bajo la forma de un ataque que se cierne como una amenaza contra el conjunto de la clase trabajadora. Frente a este ataque los socialistas revolucionarios defendemos todos los derechos y conquistas que han ganado los trabajadores y el pueblo pobre. Reivindicamos la función social que representa el trabajador estatal y nos oponemos al desmantelamiento de los programas sociales y los organismos de control sobre las patronales, rechazamos firmemente al retorno a las políticas neoliberales pero no nos engañamos con la idea de que su oposición sea un Estado burgués garante de los derechos populares.

Los trabajadores estatales tenemos que ser conscientes de que enfrentamos los despidos como parte de la clase trabajadora y del pueblo pobre. La defensa de los derechos de los trabajadores no pasa por la defensa de un modelo de Estado patronal frente a otro, sino por la lucha común contra el ajuste y los despidos. Este es el sentido de defensa de los intereses populares que nuestra lucha encarna.

Como socialistas revolucionarios consideramos que un Estado de pleno derecho para los trabajadores y el pueblo pobre, es el que pongan en pie los propios trabajadores bajo su gobierno.


*El autor es trabajador estatal del Ministerio de Trabajo







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