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CHINA

Los trabajadores chinos enfrentan a Walmart en todo el país

A diferencia de las huelgas locales o por fábrica, la extensión geográfica de la cadena de supermercados hizo que la lucha de sus trabajadores se vuelva nacional y desafíe al gobierno y los sindicatos.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Domingo 20 de noviembre | 00:48

Un reciente artículo publicado en New York Times llama la atención sobre una oleada de descontento contra las políticas de la estadounidense WalMart. Conocida en todo el mundo por sus contratos precarios, horarios rotativos, prácticas antisindicales y salarios miserables, la cadena de supermercados ha motorizado la ira de los trabajadores chinos que comenzaron a organizarse en todo el país. A diferencia de las huelgas locales o de fábrica la extensión nacional de WalMart implica que la respuesta de los trabajadores se puede dar en forma simultanea en las principales ciudades del país. Además los trabajadores se organizan por fuera del sindicato oficial, ligado al gobernante Partido Comunista, lo que supone un desafío para el gobierno chino que deberá hacer un equilibrio entre su política de persecusión a los activistas obreros sin que eso implique iniciar un "incendio" que se extienda por todo el país.

El artículo del NYT señala que en los últimos meses las huelgas se han realizado en forma simultanea en las tiendas de todo el sur del país mientras que en el norte se vienen multiplicando los boicots actos frente a las puertas de los supermercados de la firma. En Shenzhen, donde Walmart abrió su primera tienda en China hace dos décadas, los trabajadores presentaron una demanda exigiendo el pago retroactivo de salarios y beneficios adeudados por la empresa.

Las huelgas y protestas se han venido multiplicando en toda china a la par de la desaceleración de la economía durante los últimos años. Sin embargo la gran mayoría de las huelgas se da de forma aislada, descoordinada, y "salvaje", cuando no terminan siendo derrotadas directamente por el propio accionar del único sindicato que existe en China y que actúa en connivencia con los empresarios en forma permanente. Cuando las huelgas se dan por fuera de la burocracia oficial y los trabajadores ponen de pie comités de fábrica o eligen a sus propios delegados, estos son perseguidos por el gobierno, que ha aumentado el nivel de represión y el encarcelamiento a los activistas obreros en todo el país.

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A diferencia de esta situación, un movimiento huelguístico en WalMart puede significar un cambio en la forma en la que se maneja el activismo obrero y es una amenaza para el gobierno chino y la burocracia sindical.

Es que como señala el NYT las acciones contra más de 400 tiendas de Walmart en China en los últimos meses, han seguido un patrón diferente al de los conflictos locales. "Los trabajadores se manifestaron en varias ciudades al mismo tiempo y contra una misma empresa, se saltearon el control de los sindicatos oficiales controlados por el Partido Comunista y utilizaron las redes sociales para coordinar sus acciones, mientras que las autoridades han decidido por ahora mantenerse al margen".

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Los trabajadores de WalMart realizan sus protestas al grito de "Los obreros se levantan" y hacen llamados a las autoridades locales invocando el "fervor patriótico y la lucha de Mao contra los imperialistas extranjeros", lo que claramente pone en una posición muy incómoda a los burocratas sindicales y a los dirigentes del gobernante PCCh, empezando por los locales y regionales, que tienen que lidiar directamente con el movimiento.

Este escenario se da en medio del triunfo de Trump y su discurso aislacionista y "antichino", que pone también al gobierno del PCCh en una posición defensiva en cuanto a las negociaciones con EE.UU. hacia afuera y el control de su propia clase obrera hacia adentro. Peor aún cuando se trataría de defender a una multinacional estadounidense para enfrentarse con los trabajadores chinos. Es uno de los dilemas que enfrenta el gobierno y la razón por la de hasta ahora no ha intervenido activamente en el conflicto.

El artículo del NYT destaca que en los últimos meses, hasta 20.000 trabajadores, aproximadamente una quinta parte de la fuerza laboral de Walmart en China, se han unido a los grupos y foros en redes sociales o chats de smartphones. En estos foros, se cuestionan las políticas de la empresa, los horarios rotativos, los contratos precarios, el incumplimiento del pago de beneficios y se intercambian opiniones y experiencias sobre las protestas, al mismo tiempo que se planifican y coordinan las siguientes manifestaciones.

Según el China Labour Bulletin (CBL), entre julio y septiembre hubo 124 huelgas y protestas en las empresas del sector servicios, casi el doble de la cantidad del año pasado, superando por primera vez a las huelgas de fábrica desde 2011.

El CBL que registra la conflictividad obrera destaca que si bien las huelgas han aumentado en el último período, el sector minorista se ha convertido en un "semillero de activismo obrero". Esto tiene que ver con un giro del propio gobierno que ha venido intentando dar más peso al crecimiento del sector servicio en detrimento del sector manufacturero, para intentar contrarrestar la tendencia decrecientes de la economía. Esto a redundado en un aumento de los puestos de trabajo en restaurantes, hoteles y tiendas pero que tienen contratos muy precarios, a veces por horas y que son muy mal pagos.

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La extensión y combinación de experiencias de estos dos sectores, el manufacturero y el de servicios, puede resultar una mezcla explosiva para el gobierno chino, en el marco de una desaceleración continua de su economía, y con la incertidumbre que genera el triunfo de Trump en Estados Unidos.

La primera generación de trabajadores que llegó a las ciudades lo hacía tratando de huir de las paupérrimas condiciones en las que se vivía en las aldeas o el campo chino y pensando en alcanzar un futuro mejor para ellos y para sus hijos. Sin embargo se encontraron con la dura realidad de las ciudades fábricas, con ritmos de trabajo inhumanos y salarios miserables. A pesar de algunos estallidos espontáneos de furia, la impotencia e incluso el suicidio de muchos trabajadores marcó a esa generación. Sin embargo, dio paso a una nueva generación que empezó a configurarse y a verse como la nueva clase obrera china. Es la que protagonizó las huelgas salvajes de los últimos años, que consiguió algunas victorias, que superó al control de la burocracia sindical y que logró un aumento de salarios y el reconocimiento de beneficios, aunque lo hacía por fábrica o lugar de trabajo.
La consolidación de este nuevo proletariado que trabaja en el sector servicios, puede combinar los métodos de lucha que se comenzaron a ver en los últimos años con la ventaja de tener una extensión nacional (como en el caso de Walmart), y estar distribuidos por los principales centros urbanos del país.

Los próximos meses y años mostrarán si esta combinación de extensión, número y experiencia hacen que el proletariado más grande del mundo ponga en jaque a su gobierno, convirtiéndose en un ejemplo de lucha para los trabajadores de todo el planeta.

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