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Hood Robin: los sindicalistas de los servicios, socios menores del tarifazo

Han apoyado las privatizaciones, los millonarios subsidios y ahora los tarifazos. El caso opuesto: las huelgas Robin Hood en Francia . ¿Qué plantea la izquierda?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Viernes 20 de abril | Edición del día

Este martes, al finalizar la reunión convocada por un sector de la CGT en el Sindicato de Petroleros, La Izquierda Diario intentó conocer la opinión sobre el tarifazo de algunos de los hombres que salían de allí. Por ejemplo, de Oscar Mangone (Gas), José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), Antonio Cassia y Guillermo Pereyra (ambos petroleros). “Habla Daer” era la respuesta repetida. Entonces le preguntamos a Héctor Daer si habían charlado el tema. “No lo tratamos específicamente”. Podría parecer raro, ya que esta semana el brutal impacto del tarifazo abrió una nueva crisis para el Gobierno.

Pero en realidad no es tan así. Los sindicalistas de la energía ya tienen una posición tomada desde hace tiempo.

Cuando el ministro de Energía Juan José Aranguren inició el proceso de aumento de tarifas buscó el apoyo de los gremios de la energía. En julio de 2016 la Confederación Argentina de Trabajadores y Empleados de los Hidrocarburos, energía y combustibles (Luz y Fuerza, Gas, Petróleo) emitió un comunicado apoyando las políticas de Cambiemos y asegurando que “el pueblo todo debe hacer un esfuerzo importante” para “superar la crisis energética”. Las sindicatos del Gas difundían otro que juzgaba “imperativo el sinceramiento de tarifas”.

El “sinceramiento de tarifas”, un eufemismo propio del lenguaje de Cambiemos, se convirtió en el discurso del sindicalismo de la energía en estos años. Mangone (Gas) llegó a decir que "el retraso tarifario es el responsable del retraso salarial de los trabajadores"; Moser (Luz y Fuerza) relacionó la crisis con “muchos años sin ninguna actualización de la tarifa”; Lingieri (AySA) pidió “que se modifique el cuadro tarifario” y los petroleros Cassia, Pereyra y Alberto Roberti (además diputado peronista) dieron la venia a los fenomenales aumentos de combustibles. Como hizo Roberto Fernández con el aumento de los boletos de subtes y colectivos.

En el gobierno anterior habían apoyado los millonarios subsidios.

Socios menores

Pero su actitud ante el tarifazo que azota el bolsillo de millones de trabajadores y hunde en la pobreza energética a buena parte de la población, no es más que otro capítulo de quienes se han convertido en socios menores de las grandes empresas que saquean al país.

Los sindicalistas de la energía fueron quienes avalaron las privatizaciones de Menem, encabezados por su amigo personal el petrolero Diego Ibañez. Durante esos años muchos de ellos se dedicaron al negocio de montar tercerizadas que trabajaban para las operadoras petroleras, para Edesur, Edenor o Metrogas, así como lo hizo Pedraza en los ferrocarriles.

Luego terminaron siendo parte de los directorios de empresas "mixtas" u organismos "de control".

Pero esos beneficios -propios y de las privatizadas- no eran su único negocio. Necesitaríamos una serie de notas para hablar de los patrimonios y lujos en que viven. Por ejemplo los de Guillermo Pereyra, que ya en 2015 La Izquierda Diario reveló que cobraba $ 205 mil mensuales por el sindicato y el Senado de la Nación, números que hoy se han duplicado. Pero además cuenta con un emporio de empresas constructoras, de transporte de pasajeros y combustible y hasta una…consultora ambiental. Entre 2013 y 2016 Pereyra aumentó su patrimonio en un 540 %, solo considerando sus declaraciones juradas.

O Alberto Roberti, que ya habíamos mostrado en 2016 que cobraba $ 201 mil mensuales entre la Federación y la cámara de Diputados, números que siguieron aumentando y se suman a sus negocios rurales. Ni hablar de José Luis Lingieri, el hombre de Obras Sanitarias que administró los fondos de salud durante el menemismo, luego fue directivo de AySA con Néstor Kirchner y construyó una fortuna con empresas, mansiones, equipos de autos de carrera y otros lujos.

Los “prontuarios” podrían seguir, como decíamos, pero está suficientemente claro que los sindicalistas de la Energía hace rato se han convertido en los socios menores de las grandes empresas de servicios.

De los Hood Robin a los Robin Hood

En julio de 2016, por los mismos días que los sindicalistas de la energía apoyaban el inicio del “sinceramiento tarifario”, ocurría otro hecho que vale recordar. Los trabajadores eléctricos franceses eran bautizados como los nuevos Robin Hood. ¿Qué hacían? Devolvían la luz a familias pobres a quienes se la habían cortado; pasaban a cobrar como “zona de ahorro” millones de horas de facturación; cortaban el servicio a algunos funcionarios y gerentes.

Eran los hombres y mujeres que tenían el interruptor de usinas, centrales térmicas, distribuidoras, o sea de buena parte de la maquinaria capitalista. Y… ¡clack! La hacían saltar para enfrentar la privatización y el intento de hacer pasar la reforma laboral (Loi Travial).

Hoy, mientras en Argentina apoyan el tarifazo, en Francia los sindicatos anunciaron que reconectarán la energía a familias a quienes les cortaron por falta de pago, y cortarán el servicio a empresas que despiden, como Carrefour.

Estas huelgas de los trabajadores de Electricité de France generan enorme simpatía popular. Millones ver como quienes tienen “posiciones estratégicas” en la economía las usan para sumarse a la lucha de millones de obreros y estudiantes, y además beneficiaban a la población.

Aunque en Argentina no recordamos hechos de esa envergadura, sí están presentes muchos conflictos donde los sectores combativos apelaron a la unidad con los usuarios para enfrentar a las empresas. Como lo han hecho los tercerizados ferroviarios que bloqueaban boleterías para que los pasajeros viajen gratis, los choferes de la Línea 60 que no cobraban boletos a 250 mil pasajeros o lo están haciendo los trabajadores del subte que enfrentan el ataque a su sindicato, el techo salarial y el tarifazo del servicio.

La pelea por los sindicatos

Los capitalistas son conscientes de la importancia estratégica de los sindicatos que manejan las principales palancas de la economía. Por eso desde siempre han querido cooptar y comprar especialmente a esos sectores de la clase obrera.

Como decía León Trotsky en Los sindicatos en la época del imperialismo, “el capitalismo exige de la burocracia reformista y de la aristocracia obrera, que picotean las migajas de su mesa del banquete, que se transformen en su policía política ante los ojos de la clase obrera”. Ante esa situación, Trotsky planteaba dos tareas claves: la independencia de los sindicatos del Estado y la democracia sindical.

Si los trabajadores de los servicios dieron históricas luchas en Argentina (ferroviarios y lucifuercistas por ejemplo), hoy las cúpulas de esos gremios se han convertido en las más poderosas burocracias del movimiento obrero. Nadie puede pensar en sostener el saqueo nacional, la explotación obrera y la gobernabilidad sin los acuerdos y negociados con los Pereyra, los Moser, los Lingieri o los popes de la CATT (Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte), desde Roberto Fernández y Sergio Sassia hasta Hugo Moyano.

El problema de la burocracia sindical es el gran problema de la clase obrera de nuestra época.

Cuando levanta su programa de anulación del tarifazo y nacionalización de las empresas bajo gestión obrera y comités de usuarios populares, la izquierda revolucionaria tiene claro eso. Por eso plantea la necesidad de construir fuertes agrupaciones clasistas también en esos gremios, aún sabiendo que las dificultades serán mayores. Para recuperar las comisiones internas y sindicatos, y ponerlas al servicio de una lucha de fondo contra el saqueo imperialista, los negociados con los servicios públicos y la destrucción del medio ambiente.

Para que todo el pueblo trabajador pueda acceder a todos los servicios, con la mejor calidad, despojados del lucro capitalista.








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