Política

DESAPARICIÓN FORZADA

“Los rastrillajes son una falta de respeto, fingen que están buscando a Santiago”

Andrea Millañanco, vocera del Pu Lof en Resistencia de Cushamen, denuncia la actuación del Gobierno y el Poder Judicial ante la desaparición forzada de Maldonado. Además, el hostigamiento que sufre la comunidad.

Martes 12 de septiembre | Edición del día

Si el país se encuentra atravesado por la desaparición de Santiago Maldonado, en el noroeste de Chubut parece que aquel 1° de agosto no termina nunca. Desde el mediodía de ese día helado falta un Weney Planche (amigo blanco). Su rostro ya inconfundible, estampado en un paño blanco, recibe a quienes llegan hasta la tranquera de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen.

Antes hay que viajar casi 100 kilómetros desde Esquel (hacia el norte) o desde El Bolsón (hacia el sur). Atravesar, aunque sea una parte, del interminable “territorio Benetton”. La S de la Compañía Argentina de Tierras del Sud se ocupa cada tanto de recordarlo.

En los últimos días, las declaraciones de miembros de la comunidad que relataron con precisión cómo golpearon y se llevaron a Santiago, obligaron a barajar nuevas operaciones al Gobierno y el Poder Judicial. Entre ellas, los rastrillajes hacia el sur del territorio recuperado. A pesar de aquellos testimonios, a pesar de que en los rastrillajes anteriores los buzos descartaron la posibilidad de que el río – por su profundidad, caudal y vegetación – pudiera arrastrar un cuerpo muchos metros más allá de donde marcaban los perros.

Entonces, a 40 días de la desaparición de Santiago, la ruta 40 y los “caminos de servidumbre” de la estancia Leleque se llenan de patrullas, helicópteros y hombres que simulan buscar con atención.

“Hoy a la mañana los helicópteros estuvieron volando la zona”, cuenta a La Izquierda Diario Andrea Millañanco, vocera del Pu Lof en Resistencia de Cushamen. “¿Cómo vivimos estos rastrillajes? Como una falta de respeto, una tomada de pelo, ya que la semana pasada miembros del Pu Lof en Resistencia dieron testimonio de cómo Santiago Maldonado era golpeado, de cómo era llevado de aquí por Gendarmería Nacional. Lo que están haciendo ahora es fingir que están buscándolo, que están preocupados, cuando lo que tendrían que hacer es profundizar en la única línea de investigación de la cual ya hay testimonios”.

Andrea mira hacia el sur y asegura que también tendrían que realizar allanamientos en la comisaría de Leleque, de la Policía de Chubut, que coordinó con las otras fuerzas. “Allí en esa zona es dónde se encontraba Pablo Noceti, y donde se detiene a dos lamienes que transitaban por la ruta”.

Andrea rescata una y otra vez el testimonio de Matías, el joven que contó cómo Santiago es golpeado y detenido antes de cruzar el río, y cómo traspasan un bulto de un Unimog a una camioneta. “Nosotros hemos presentado testimonios, Gendarmería no ha presentado ni evidencias ni testimonios de cómo supuestamente eso no ocurrió. Al contrario, lo que se ha visto, cuando se levanta el secreto de sumario, es el acta de Gendarmería de esos días, con numerosas irregularidades, hojas agregadas, datos cambiados, tachaduras o corrector. ¿Qué tienen que tapar?”.

La construcción del terror

Los miembros de la comunidad miran el operativo con desconfianza. Saben con quiénes tratan. Por eso, uno de los jóvenes que acompaña a Andrea tiene el rostro tapado. Su reconstrucción de lo que han vivido explica las medidas que toman a veces para preservarse, aunque algunos periodistas ridículos no puedan entenderlos.

“Desde el primer día que se recuperó el territorio, en 2015, la comunidad ha sido reprimida. Primero por la Policía de Chubut. En abril de ese año, está filmado, el comisario a cargo de operativo disparó a quienes intentaban regresar a la Lof con su arma reglamentaria. La detención del lonko Facundo Jones Huala fue con un despliegue impresionante de fuerzas, después de eso llegó Infantería, en junio del 2015, con una orden para allanar el campo. Como dijo la ministra Bullrich, ’las fuerzas federales se van a encargar del conflicto mapuche’. Desde enero que venimos sufriendo la agresión de parte de la Gendarmería; en aquella represión no pudieron concretar pero el hermano y el primo de Facundo fueron baleados y heridos”.

El hostigamiento incluye la judicialización de la Lof en Resistencia, así como sucede con otras comunidades. Denuncias por usurpación, abigeato, todo lo que permita ingresar a las comunidades, detener a sus miembros, aterrorizar.

“Desde que se inicia este proceso de recuperación – sigue Andrea – la persecución política se ha llevado delante de diversas formas. Arrestos arbitrarios, gente que no se le permite cruzar desde Chile, amigos que son hostigados por apoyar la causa, maestros amenazados por lo que le van a informar a sus alumnos, fuerzas paramilitares que nos disparan durante las noches. La gente de nuestra comunidad ha sido judicializada, ha habido persecuciones por parte de móviles de Policía y Gendarmería, a los miembros de la comunidad se les pide todo el tiempo documentación, una “averiguación de antecedente” permanente, que ya lo hemos vivido en otras épocas ya sabemos cuáles”.

Saben que el hostigamiento va mucho más allá de su comunidad y la ruta 40. “A los maestros se les dice o cuestiona qué es lo que tienen que enseñar, en materias como sociales o historia, se critica la “politización” dentro de las escuelas, hay líneas para hacer denuncias. Creo que el Gobierno está accionando sus métodos represivos en todas las instancias que puede, como ya lo venía haciendo Macri desde que comenzó su presidencia. Aquí hay mucho poder en juego. Luciano Benetton presiona al gobierno a nivel nacional, y por eso actúan desde las policías de Chubut y Río Negro, hasta las fuerzas federales. Hay muchas cosas en juego”.

Andrea mira el horizonte, más allá del puesto 15 que marca el límite de la estancia de Benetton. “No son solo ovejas, en muchas de esas tierras se ha hecho cateo minero, tienen miles de hectáreas de forestación”. Como ocurre en toda la Patagonia, las multinacionales intentan avanzar sobre los territorios de los pueblos originarios, que en sus cerros y sus suelos guardan oro, plata, petróleo y gas.

No están solos

Esta semana algunos de ellos tendrán que declarar ante el juez Otranto. La justicia, lenta para investigar y llamar a declarar a los gendarmes o al viceministro Noceti, se empeña en interrogar a quienes sufrieron la represión.

La charla de tanto en tanto es interrumpida por un bocinazo. Muchos de los automovilistas o camioneros que pasan los saludan. Ellos saludan. Otros se frenan. Una familia de viaje se baja de su auto a charlar y sacarse una foto. Otros lo hacen para dejar con bolsas de comida. Preguntan cómo está la cosa y retoman su camino.

Andrea cambia la cara. “Lo único que nos protege el mismo pueblo, que sale en reclamo de una respuesta que debe dar el Estado argentino. Creo que si bien hay hostigamientos, estamos llevando adelante un proceso de recuperación para el pueblo mapuche. Creo que esto es una esperanza, de que aquí no van a seguir oprimiéndonos como pueblo”.

Al alejarse, otra bandera resiste el viento apegada al alambrado. “Exigimos la aparición con vida. Bullrich, Noceti, Gendarmería, Benetton y Macri. Devuélvannos a Santiago”.






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