TESTIMONIO

"Los que están en la calle pueden desaparecer"

A horas de un nuevo aniversario de la desaparición de Jorge Julio López, el testimonio de la madre de un militante.

Domingo 17 de septiembre | 16:02

¿Cómo explicar lo que siento ante la palabra desaparición? La definición de la palabra para mí es, como desvanecerse en el aire, no estar más, es como la muerte. Quiero contarles como madre, lo que me pasó cuando mi hijo comenzó a militar.
Todo comenzó en el año 2015 cuando con 18 años me dijo un día, que de todos los partidos políticos, el único que lo convencía era la izquierda, que les iba a escribir por Facebook para contactarlos. A los pocos días se juntó con un compañero y ahí empezaron mis fantasmas.

Mi miedo siempre fue y será la Policía. Miedo de que en alguna manifestación le pegaran un tiro. Que lo trajeran muerto. O lo desaparecieran. No conocía cómo era la organización de un partido político, nunca había militado.

En los 70’ era muy chica, sí recuerdo los últimos años de la dictadura militar, los Falcon verdes, la Policía parando autos y revisando hasta los baúles. Parando colectivos ya en época de democracia, haciendo bajar a los hombres y revisando sus bolsos y mochilas, mientras las mujeres quedábamos arriba, prácticas que de a poco están volviendo. Y después todo lo que se conoció sobre los detenidos-desaparecidos y las torturas sobre los 30.000.

Esto me derivó en un profundo odio y asco hacia la Policía, militares y todo lo que lleve uniforme. Soy de la generación del ’no te metas’, ’por algo habrá sido’, ’si hubiera estado en la casa no le hubiera pasado nada’, puede sonar a tontera pero creces con miedo a relacionarte con la política.

En el verano del 2016 arrancó el conflicto de Menoyo y el día que mi hijo me dijo que se quedaba a pasar la noche en la puerta de la fábrica, perdí el sueño. Lo que significó que me dijera que iba a cortar una calle o la colectora de la Panamericana. Una gran angustia se apoderó de mí, no sabía cómo manejarlo pero tampoco podía detenerlo.

Hasta que un día me invitó a una reunión de Pan y Rosas y quedé sorprendida con el debate de las compañeras. Escuché hablar de machismo, de patriarcado, de un montón de cosas que conviven con nosotras todos los días. Del maltrato psicológico y laboral que sufrimos las mujeres y no nos damos cuenta. Y eso que aprendí, lo compartí con otras mujeres con las que me relacionaba y con mis compañeras de trabajo. Así sin darme cuenta me fui amigando con el partido, con sus ideales, me di cuenta que no eran un grupo de improvisados que salían a reclamar, que detrás de eso había toda una organización. Participé de las marchas por la liberación de Belén. Y el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario en 2016 fue un antes y un después en mí. Cuanta emoción sentí el día del acto en Atlanta, ese día le agradecí a mi hijo haber sido el nexo para que me acercara y conociera el partido.

Cada día que pasa me siento más convencida y comprometida y lo que comenzó con una invitación, derivó en que hoy soy aspirante en el PTS. Orgullosa de ser el único partido que defiende y está siempre junto a los trabajadores, de ser la única oposición dentro y fuera del Congreso contra este gobierno. Y de alzar la bandera para encontrar a Santiago Maldonado, que lo desapareció la Gendarmería y el Estado los encubre. Porque no podemos permitir que la desaparición de Santiago quede impune. Porque tenemos que enfrentar y frenar a este Estado represor, que de la mano de Bullrich, Nocetti y Macri quiere avanzar sobre los pobres, los trabajadores y la juventud. Porque no podemos permitir que Santiago sea un nuevo Julio López, el lunes debemos ser miles los que salgamos a la calle a pedir por su aparición y para recordar los 11 años sin López.

Tenemos que marchar todos por Jorge Julio López, por Santiago Maldonado y por todos nosotros.






Temas relacionados

Movilización   /    Relato   /    Represión   /    Pan y Rosas   /    PTS

Comentarios

DEJAR COMENTARIO