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Los pasos falsos del MES/PSOL brasileño

Ante la detención de Lula el MES (corriente interna del PSOL relacionada con el MST argentino) paso del golpismo de 2016 a un "frente antifascista", todo sin dejar de reivindicar el órgano central del golpe: la operación Lava Jato.

Martes 17 de abril | Edición del día

El Movimento Esquerda Socialista (MES) brasileño, que se había posicionado a favor de los golpistas ante el impeachment a Dilma, ahora aceptó ’parcialmente’ que hubo un golpe parlamentario en Brasil respecto a la prisión de Lula. Pasaron del golpismo de 2016 a un "frente antifascista", todo sin dejar de reivindicar el órgano central del golpe: la operación Lava Jato.

Luego de muchas deliberaciones y de debates de artículos que discutían la definición del golpe que estaba ocurriendo en Brasil, el MES pasó a utilizar la denominación de ’golpe parlamentario’. Pero este cambio de definición expresa otro giro pragmático debido a los golpes que recibió de la realidad y no una verdadera corrección de su anterior política que se posicionaba a favor de los golpistas.

Decir "golpe parlamentario" es una definición de la izquierda Lava Jato, pues deja por fuera cualquier participación del poder judicial (es decir, la operación Lava Jato) que es una de las piezas claves de la ofensiva autoritaria de la burguesía brasileña.

El golpe es institucional porque se dio gracias a la confluencia de diferentes intereses burgueses, representados por diversas alas de la casta política, judicial y militar, unidas sólo por una necesidad: la de aumentar el ritmo de los ataques a la clase trabajadora.

Sin la preparación previa de la operación Lava Jato y su acción ante el calor de las luchas, habría sido imposible llevar a cabo el golpe en Brasil. ¿Quién no se acuerda de las escuchas entre Dilma y Lula que el juez Sergio Moro permitió que se filtraran? Pero esto es apenas un ejemplo de cómo la Lava Jato opera, cada vez más, de forma autoritaria. Cualquier sistema de funcionamiento basado en detenciones preventivas y en delaciones premiadas es, en sí mismo, una ofensiva autoritaria y reaccionaria, pieza crucial del golpe.

El ministro Barroso, así como otros, resaltó en el Supremo Tribunal Federal (STF) la injusticia de las detenciones preventivas en Brasil, que mantiene a 40% de la población carcelaria presa sin juicio, como justificativa para la prisión de Lula. ¡Cuánto cinismo! Dado que es el propio poder judicial el culpable por la barbarie y verdadera dictadura para estos millones de negros y pobres presos sin derecho a juicio.

El STF es el mayor responsable por crímenes contra la humanidad. Por ende, ¿qué beneficios tienen las personas encarceladas si se fortalece el poder arbitrario de los jueces? Una organización de izquierda que repite estos argumentos debe estar, seguramente, muy sumisa al poder de la toga, como lo demuestra Luciana Genro, en su artículo, donde ni siquiera condena la prisión de Lula. Apoyar la Operación Lava Jato o conformarse con sus efectos desestabilizadores es acordar con el sector más categórico del golpismo.

Incluso la lógica de la posición actual del MES deja mucho que desear... En la nota de Roberto Robaina, se afirma que “independientemente de las acciones llevadas a cabo por la Lava Jato, que juntó pruebas contra diversos corruptos, el resultado de esta justicia es selectiva”. O sea, la operación actúa de forma correcta, pero en función de la correlación de fuerzas en el conjunto del régimen el resultado es selectivo. En otro artículo, Luciana Genro retoma el tema de la condena a Lula y afirma que “el STF y más precisamente Cármen Lúcia y Rosa Weber garantizaron la prisión de Lula. La propia Cármen Lúcia que dio su voto decisivo a favor de Aécio, ayudó directamente a amenizar la situación”, y luego afirmó: “La votación del habeas corpus de Lula antes de la votación de la Acción Declaratoria de Constitucionalidad (ADC), que podría haber cambiado la jurisprudencia del Supremo sobre la prisión en segunda instancia, fue un golpe promovido por Cármen Lúcia”.

Con esta lógica, si la selectividad fuera menos aparente y algunas figuras de la derecha estuvieran implicadas, la prisión arbitraria y sin fundamento de Lula por la Operación Lava Jato estaría dentro de las conformidades para el MES. En el discurso del MES, incluso muy similar al mensaje de la nueva serie de José Padilha que se puede ver en netflix, “el Mecanismo", Moro y los abogados libran una cruzada por la moral y se enfrentan al régimen, siendo el STF el gran protagonista responsable por la selectividad y por el carácter político de la prisión de Lula.

Es más que evidente que al Lava Jato no le interesa, en lo más mínimo, combatir la corrupción, pero sí implementar un nuevo esquema de impunidad, al entregar los recursos económicos brasileños a empresas extranjeras, y al beneficiar a corruptos y empresas en detrimento de otros, según la conveniencia política.

El MES actualmente se debate en esta contradicción. ¿Cómo conciliar la defensa de la Operación Lava Jato y al mismo tiempo pasar a una posición de frente único con el PT cuando sea “atacado por fuerzas burguesas cualesquiera que sean”? Es un absurdo exigirle a Lula un frente único que incluya la continuidad de la Lava Jato, sin ver que es pura demagogia lulista el hecho de que se posiciona como inocente, pero no se opone a las medidas autoritarias de la justicia, al menos que estas estén contra él.

Lejos de los principios, el MES adapta su posición según los espacios políticos que surgen. La pesca en las aguas turbias del golpismo fue mala y generó choques en la base tradicional del MES, principalmente con la juventud que está contra el golpe y contra la Lava Jato.

El intento de una izquierda amplia, como el modelo chileno o de un Podemos brasileño, viene a través de la candidatura de Boulos, líder del Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST) y una alianza cada vez más sólida con el PT. E MES para no quedarse por fuera de algún fenómeno neo-reformista que pueda llegar a surgir en Brasil, los grandes entusiastas de toda nueva izquierda reformista, donde quiera que esta surja, necesitan hacer a un lado su política golpista, que forjó toda una generación de militantes.








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