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Los más ricos y el gran capital, los ganadores de la reforma impositiva de Trump

Derogación del impuesto a la herencia, a las propiedades y reducción del impuesto sobre las empresas del 35 % al 15 % son algunas de las medidas anunciadas por la administración Trump que claramente beneficiarán a los más ricos.

Guadalupe Bravo

@GuadaaBravo

Martes 2 de mayo | Edición del día

Días atrás el presidente de los Estados Unidos anunció algunas medidas de lo que el llamo “la mayor reforma impositiva de la historia”. Sin embargo, muchos analistas han remarcado que no hay un plan concreto de reforma impositiva aún y que estas medidas anunciadas públicamente no cuentan con una estimación de costos y del impacto sobre los ingresos del gobierno generado con la caída en la recaudación.

Estos anuncios que se enmarcan dentro de los primeros 100 días de gobierno, pretenden darle un impulso a la agenda económica, pero abren un interrogante sobre quienes serían los principales beneficiados.

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A pesar del impacto mediático por las medidas anunciadas, muchos economistas no dudaron en señalar que la gran mayoría de los beneficios impositivos impulsados por Trump recaerán sobre quienes tienen mayores ingresos.

En una nota del New York Times, Edward Kleinbard, ex jefe de personal del Comité Conjunto del Congreso sobre Tributación, sostuvo que: "Los únicos estadounidenses que son claros ganadores bajo el nuevo sistema son los más ricos".

Algunos de los cambios anunciados por Trump incluyen la derogación del impuesto a la herencia, del impuesto sobre la propiedad, reducción de la tasa sobre las ganancias de capital, los impuestos no corporativos de las empresas y los de la categoría más alta, así como la derogación del impuesto mínimo alternativo (que también aliviaría la carga para los estadounidenses más ricos).

Yendo más a fondo también se mencionó que podría derogar un impuesto que grava el 3,8 % sobre las inversiones de altos ingresos, cuya recaudación va destinada a subsidiar la cobertura de salud de los estadounidenses de bajos ingresos.

El propio Donald Trump sería uno de los empresarios favorecidos por el recorte impositivo, lo que suma un conflicto de intereses a la polémica reforma. Datos del artículo mencionado calculan que el ahorro del presidente podría ser de más de 50 millones de dólares sobre su declaración de los bienes económicos (de acuerdo a los datos de su última declaración jurada de 2005).

A eso se le debería sumar los 1.200 millones de dólares que podría evitar pagar el presidente y la Organización Trump por los impuestos sobre sus propiedades, valoradas en 3.000 millones, estimó el NYT.

Algunas estimaciones del impacto fiscal regresivo

A pesar que desde el gobierno no han calculado el impacto económico que tendrían estos recortes impositivos a las grandes fortunas, algunas estimaciones no oficiales ya se han realizado.

El NYT estimó que la derogación del impuesto sobre la herencia, afectaría a 5.300 o más fortunas al año. Y la derogación del impuesto sobre la propiedad costaría unos 174.200 millones de dólares en una década, de acuerdo a los cálculos del Centro de Política Tributaria no partidista.

Dentro de las medidas más radicales se encuentra la reducción del 35% al 15% del impuesto a las empresas, muy por debajo de todas las grandes economías industrializadas donde el mismo impuesto es del 32 % en Japón, del 30 % en México, del 29 % en Alemania, del 25 % en China y del 2 % en Reino Unido.

Un artículo del diario español El Mundo señala que “las 50 mayores empresas de EE.UU. tienen 1,6 billones de dólares en paraísos fiscales, que no quieren llevar a EEUU porque deberían pagar un 35% de impuestos.” Aunque no es seguro que ese dinero vaya a aumentar las inversiones por la flexibilidad fiscal, un dato a tener en cuenta fue la suba en las operaciones de Wall Street tras el anuncio.

Mientras para la clase media norteamericana la simplificación de los tramos del Impuesto a la Renta de Personas Físicas (IRPF), de siete a tres (10%, 25% y 35%) podría implicar una suba en la carga fiscal. Así, las familias con ingresos netos de impuestos entre aproximadamente $ 19.000 y $ 76.000 dólares, que ahora están en el margen de impuestos del 15 %, tramo que será eliminado, podrían pasar a pagar el 10 % o ser empujados hacia el tramo del 25 %.

El Centro de Política Tributaria no partidista estimó en más de 2 billones de dólares en 10 años, la pérdida generada por la aplicación de estas medidas impositivas craneadas para Trump por los ex Golman Sachs, Steve Mnuchin (Secretario del Tesoro) y Gary Cohn (director del Consejo Económico de la Casa Blanca).Esta reducción en la recaudación de Estado que podría aumentar el déficit fiscal sería una fuerte traba al momento de votar su aprobación en el Congreso, será cuestionada por demócratas y por sus correligionarios republicanos, que ya le han dado algunos reveses a Trump.

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En los bordes del discurso populista

Con el anuncio de la reforma fiscal a favor de los más ricos se abre públicamente una contradicción entre el Trump de campaña que puso el eje en los trabajadores “olvidados” como los del Rust Belt, producto del proceso de globalización, pero quien también llevaba en su plataforma la reforma fiscal en favor del gran capital.

Esto no sorprende ya que Trump es un hombre de negocios, pero marca más claramente las prioridades de su plan económico. Mientras desde el equipo económico de Trump sostienen que “las reducciones de impuestos buscan ayudar a todos los estadounidenses, incluidos los más pobres, al estimular el crecimiento que se traducirá en más empleos y mejores salarios.”

Los beneficiados directamente con la reforma fiscal son el gran capital y los estadounidenses más ricos, aumentando el déficit fiscal. Nada garantiza que con la flexibilidad fiscal las empresas aumenten sus inversiones para generar puestos de trabajo. Pero queda en evidencia luego de los 100 primeros días de gobierno que los trabajadores no han sido prioridad en las medidas económicas de la era Trump.

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