Cultura

CRITICA LITERARIA

Los javaneses, la novela que cautivó a Trotsky

A finales de los años treinta, en la Provenza francesa, lejos del paraiso indonesio, se abre la Isla de Java, una mina de plomo y plata que concentra en su pequeño y peculiar universo las convulsiones de toda una época.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Viernes 4 de mayo | 18:33

Foto: detalle, Bocamina, Mariano Moré, 1934.

En la Isla de Java la vida es dura, la mina de plomo y plata define la ciudad y marca a ritmo de estricto compás la vida de sus habitantes. Pero todo cambia el domingo, día que permite un fugaz romance con el vino peleón que sirve en su taberna la xenófoba señora Michel.

Los javaneses son un colorido repertorio de proletarios que, historias de la vida, han terminado en Java. Llegados solo con su cultura e idioma, que de poco les sirve en Java, tendrán que aprender a comunicarse con una lengua nueva e incomprensible, el javanés. A pesar de lo endógeno de la lengua javanesa, el bagaje de los que allí trabajan hace que se concentre en la pequeña "isla" el compendio de ideas y realidades que vapulearon el mundo durante la década de los 30.

Llena de ironía y acidez, nos presenta como único protagonista el "tipo" javanés. Un "tipo" que es suma de ideas e ideales de todos los personajes. No hay mito, ni delicadeza a la hora de presentar a los que trabajan en la mina de Java. Hay vulgaridad, pasión, heroísmo, naturalidad en la misma proporción. Una colectividad que presenta en esta pequeña realidad, de la manera más amplia y profunda, "las convulsiones de nuestra época, la más grandiosa y más monstruosa; la más significativa y la más despótica que se conoce en la historia humana." (Trotsky, 1939)

Un verdadero javanés, Jean Malaquais.

Malaquais, y su obra Los javaneses eran desconocidos en España, la primera novela de Malaquais fue desconocida hasta 2013, año en que la editorial Hoja de Lata decidió incluirla entre sus títulos.

Vladimir Jan Pavel Malacki, verdadero nombre del autor, alimenta la historia de Java con su propia experiencia. Polaco de nacimiento, tras concluir sus estudios de bachillerato decide viajar por Europa como un verdadero javanés. Irá de lugar en lugar buscando trabajo y experiencias. Rumanía, Turquía, Palestina, Egipto y España donde llegará en plena Guerra civil y se alistará en las milicias del POUM. Hasta llegar a su destino, Francia. Allí trabajará entre otras cosas en una mina de plomo, lo que sin duda inspirará su novela.

Comenzará a escribir Los Javaneses en 1936, pero su edición definitiva será publicada en 1939. El éxito será inmediato, ese año gana el prestigioso premio literario Théopharaste Renaudot.

El éxito inmediato no sorprende ante la particularidad de esta obra. Pero su valor literario se multiplica si nos concentramos en dos de sus valores: su optimismo y su independencia.

De su optimismo no hay duda, sin mito, pero con grandes dosis de entusiasmo Malaquais nos presenta el potencial de la vida, y del hombre. Malaquais asume al hombre tal como es, no le asustan sus sombras, lo ama por su potencialidad de cambiar las cosas, su genio creador. Así un inabarcable espíritu optimista invade la obra a pesar del duro trabajo de los javaneses.

Sobre la independencia y el compromiso del autor con los explotados, no hay duda. En palabras de Geneviève Nakach, uno de los especialistas sobre Malaquais, "si, se trata de un escritor comprometido", aunque los textos de Malaquais no son políticos, expresa sus ideas a través de sus historias y sus personajes. Pero no solo las suyas, el compendio de ideas de una época quedan concentradas en la Isala de Java.

En su obra además encontramos latentes los grandes temas de la época. El exilio, la guerra, el hambre y la opresión. Todos aquellos que Malaquais también vivió como un javanés más. Todo ello condensa el espíritu de la época en esta novela.

Este compromiso de Malaquais le valió un reconocimiento inmediato y acercá la atención de muchos. Su compromiso no se oponía a su independencia tan escasa en los años en que vió la luz Los Javaneses. Una batalla de ideas que se libraba en aquellos años dio más sentido a la obra de Malaquais.

Cuando los artistas atraídos por el entusiasmo que generaba la posibilidad de cambio como Malaquais, solo encontraban la posibilidad de desarrollar su arte a través de la asfixiante propuesta del "socialismo real" cuyo control tan lejos se encontraba de las ideas revolucionarias, una batalla encabezada por Trotsky comenzó a librarse contra el estalinismo también en el campo del arte

La independencia del arte, una batalla contra el estalinismo

En medio de la batalla de las ideas entre la III y IV Internacional, Tortsky retoma sus estudios sobre Litertura y Arte. Junto a su participación en los debates más teóricos acerca de ello, retomó el contácto más íntimo con la literatura como ya lo había hecho los años que pasó en las prisiones zaristas. Pero ahora su acercamiento tenía otra intencionalidad.

El 7 de agosto de 1939 impactado por la primera novela del aún desconocido Malaquais, escribe un texto titulado "Un nuevo gran escritor". En su artículo pone en relieve la novela de Malaquais como un gran soplo de aire fresco ante la asfixia que producía la influencia del realismo socialista y el estalinismo en el arte.

"Es, en verdad, del todo independiente. Y ahí está su fuerza, en especial ahora, cuando cualquier clase de dependencia se ha convertido en regla. (...) No trata de probar nada ni de hacer propaganda, como tantas producciones de nuestra época, sometidas a órdenes aun en la esfera del arte. La novela es “sólo” una obra de arte. Sin embargo, sentimos a cada paso las convulsiones de nuestra época, la más grandiosa y más monstruosa; la más significativa y la más despótica que se conoce en la historia humana." Así se refiere el revolucionario a la fuerza de Los Javaneses.

Las experiencias en el terreno del arte y la cultura en los años inmediatamente posteriores a la Revolución fueron verdaderamente revolucionarias en el sentido en que trataban de romper con las bases de viejo arte y sus instituciones y enlazar y avanzar de un modo más o menos acertado con todo el proceso revolucionario. Esto atrajo la atención de muchos de los protagonistas de aquellos años que como Trotsky supieron ver el avance de a revolución no solo en el campo de la política. No obstante toda esta experiencia quedó bloqueada con la aparición y consolidación del estalinismo y su doctrina que se extendió incluso al arte instaurando un arte único, el mal llamado realismo socialista. El estalinismo a través del realismo socialista imponía al arte la necesidad de reflejar una determinada posición política (la del partido), algo que no tuvo nada que ver con lo que fue la experiencia en el terreno del arte durante la revolución

Cuando la dominación de la burocracia estalinista era total y el realismo socialista se había impuesto no solo en la URSS, Trotsky desde el exilio centra todos sus esfuerzos en librar una batalla contra la degeneración del estado obrero. En este contexto se da la ruptura con la III Internacional y se funda la IV (1938). En este marco –en el de la batalla de ideas entre la III y la IV Internacional– el profundo desacuerdo entre ambas organizaciones no era solamente respecto a las tardeas del partido sino en general sobre toda la vida material y espiritual de la humanidad. Y es aquí donde debemos enmarcar también la batalla de Trotsky en el campo cultural y artístico.

Es en medio de toda esta batalla Trotsky escribe junto a André Breton el Manifiesto por un arte revolucionario e independiente que pretendía luchar contra contra el realismo socialista y en definitiva contra el propio estalinismo.

El manifiesto trata de continuar pensando y avanzando en la complicada relación entre arte y revolución, pensando en la propia coyuntura política pero en su articulación con la problemática más general que atraviesa esta relación.

Los artistas que trataban de oponerse a la sociedad de clases y pensar en el desarrollo pleno del arte a través de las ideas revolucionarias como Malaquais, solo encontraban la asfixiante propuesta del "socialismo real". Contra esta visión Trotsky introduce una consigna muy básica "total libertad para el arte" con una intencionalidad muy clara y es que quería dejar claro que la revolución bajo ningún punto de vista es enemiga del arte.

Esta total libertad para el arte sin renunciar al compromiso y a la ilusión de cambio es lo que desprende la obra de Malaquais. Los javaneses dan razón de ser a la idea que tanto quisieron extender Trotsky y Breton de la independencia del arte por la revolución.






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