Mundo Obrero

CRÓNICAS DE CAMPAÑA

"Los hospitales son cascarones vacíos"

Las y los trabajadores de la salud son una de las patas más precarizadas del estado. A esto se suma el deterioro edilicio de los hospitales, la falta de insumos y de personal. La salud pública apenas sobrevive con respirador artificial.

Luis Bel

@Hachedebel

Viernes 30 de junio | Edición del día

Mirta (la vamos a llamar así) saluda a los guardias que están apostados en la puerta del hospital y me hace pasar.

No te vas a poder quedar mucho ─me aclara─ pero podemos hacer una recorrida.

La saludo y asiento con la mirada y un leve movimiento de cabeza mientras me adentro en uno de los nosocomios que conforman lo que en Córdoba se conoce como el “Polo Sanitario”.

Mirta tiene cara de cansada, las ojeras le adornan una mirada dulce, pero firme. Pienso que debe tener mucho menos edad de la que aparenta. Por supuesto no me animo a preguntarle.

Las paredes (algunas verdes, otras amarillas) de los pasillos están descascaradas y atestadas de gente que espera ser atendida. Algunas mujeres amamantan sus bebés, algunos esperan sentados en el piso.

Entramos a internación. Mirta me señala una esquina en el techo, se ven las paredes sin revoque y unos caños que gotean sistemáticamente. Debajo, unos coloridos baldes completan la escena.

Esta es la habitación de los insumos: vendas, cintas, jeringas, sueros, etc. Siempre hay instalaciones en mal estado, no sabés lo que son nuestros vestuarios, un desastre.

Pregunto si no hay quien lo arregle, alguien de mantenimiento.

No hay un área de mantenimiento, había, pero eran tercerizados y todo eso cerró hace mucho tiempo ─Mirta saluda a una compañera que me mira curiosa, saludo tímidamente. Mi guía continúa hablando─. Entonces, como no se mantiene, se espera a que se rompa, y una vez que se rompe hay que hacer un montón de trámites burocráticos para que provincia autorice un presupuesto. Pero pueden pasar años hasta que se apruebe, ni te digo para que se arregle.

A medida que caminamos miro hacia las habitaciones, las viejas camas de hierro, despintadas y oxidadas, parecen haber salido de alguna película sobre la Segunda Guerra Mundial.

Llegamos a una zona que parece estar en obras. ¿Están remodelando? Pregunto un poco esperanzado.

Mirta me hace perder lo último que se pierde.

Sí, algunos pabellones del hospital están siendo remodelados, unos que ya no se usaban hace más de 5 años porque se venían abajo. Lo mismo de nada sirve si falta de todo, por fuera parecen nuevos, pero son cascarones vacíos. Faltan insumos, falta personal.

Me quedo en silencio y la miro como invitándola a seguir.

Los insumos siempre faltan, nosotras nos pasamos los turnos diciéndole a nuestra supervisora qué medicamentos e insumos faltan y ella ve de donde hace magia para conseguirlos. Hasta compramos nosotras nuestros elementos de trabajo muchas veces, y eso ya está lamentablemente naturalizado.

¿Y en qué áreas falta personal?

En todas ─la miro en silencio nuevamente─ Para darte un ejemplo, en una época no andaba el ecógrafo y ahora, que está funcionando, los técnicos, como son monotributistas, tienen un límite de horario de trabajo. Así que luego de esos turnos el ecógrafo no se puede usar para alguna emergencia y tampoco funciona los fines de semana.

¿Y en enfermería?

Enfermería es uno de los sectores donde peor estamos. Muchas veces somos solo dos enfermeras para atender a los pacientes en estado grave del shock room, a los internados de las camas frías y a los consultorios de guardia. Y cada paciente tiene su complejidad: sondas, controles, medicación, higiene, etc. Es fácil deducir que no podés en una guardia de ocho horas hacer todo. Los pacientes se la agarran con nosotras, pero hacemos lo que podemos… Y más.

Mirta está en lo cierto, una investigación realizada en 2010 dio como resultado que alrededor de un 63% de los trabajadores y trabajadoras de la salud han sufrido algún tipo de violencia en el ámbito laboral. Las agresiones externas que se dan con mayor frecuencia, un 50,7%, provienen de los familiares y/o acompañantes de los pacientes. Esto se debe en gran parte a las agresivas campañas mediáticas y gubernamentales que se ponen en movimiento cada vez que las y los trabajadores realizan alguna medida de fuerza o reclaman por sus derechos y el de los usuarios del servicio de salud pública. No hay que extrañarse, la misma suerte han corrido los docentes a principio de año y recientemente los colectiveros y las trolebuseras; y así sistemáticamente con cada trabajador o trabajadora que ha intentado enfrentar a la trilogía: gobierno, patronales y burocracias sindicales, que actúan en una perfecta simbiosis cuando de atacar a los trabajadores se trata.

Seguimos recorriendo los pasillos del hospital, Mirta va entrando en confianza y la conversación fluye con naturalidad.

¿Dijiste que los técnicos de imagen son monotributistas?

Mirá, acá hay trabajadores en planta permanente, contratados y monotributistas. Para los dos primeros, la responsabilidad es la misma, la carga horaria es la misma y las obligaciones también, pero son muy diferentes los derechos. Por ejemplo, un contratado solo tiene derecho a 30 días de carpeta al año, ya sea para sí mismo o para algún familiar a cargo. Los de planta permanente tienen dos años. El salario es diferente también, porque los contratados no pueden categorizar. Los de planta, por ley, cada 2 años recategorizan y eso contiene un ítem que impacta en el salario. Pero los que peor están son los monotributistas. Cobran mucho menos, apenas un poco más de la mitad de un contratado o de un planta permanente, no tienen vacaciones ni licencias de ningún tipo, ni por estudio, ni por maternidad. Si se enferman, tienen que devolver los días. Aparte de cobrar menos, tienen que pagar el monotributo, y encima cobran alrededor del 20. Imaginate… pagan todo con recargo.

Los trabajadores y las trabajadoras de la salud trabajan 8 horas y prácticamente de lunes a lunes, sin feriados, con francos compensatorios y entre semana, solo les dan un fin de semana libre al mes. El turno más pesado e insalubre es el nocturno, aunque si bien les pagan un plus, éste no alcanza a compensar los daños a la salud que provoca trabajar contra corriente del reloj biológico humano.

En el sector médico y administrativo también está arraigada la precarización laboral, pero la carga horaria y los ritmos de trabajo son otros.

Un estudio publicado en la Revista de Salud Pública en 2013, titulado “Condiciones y medio ambiente de trabajo en hospitales públicos”, informa que entre las enfermedades que más padecen los trabajadores están la gastritis, la lumbalgia, alteraciones del sueño, tensión arterial elevada, depresión, diabetes, afecciones osteoarticulares y la lista continúa, y es larga. El informe también resalta que el sector más afectado es el de enfermería.

Mirta su puso a llenar unas planillas y yo aprovecho para curiosear un poco. Paso por la puerta de un baño que tiene pegado un papel donde se puede leer la palabra “Clausurado” escrita con lapicera. “No funciona” me dice a la pasada una de las mujeres que trabajan en el servicio de limpieza. Le agradezco la información y vuelvo con mi entrevistada.

¿Llegás a fin de mes con lo que cobrás?

Se ríe.

Ojalá… Una gran mayoría de los trabajadores del hospital tiene otro trabajo, ya sea haciendo guardias en alguna clínica, cuidando pacientes particulares o teniendo una jornada laboral más, en algún hospital privado. En este hospital el 80 por ciento somos mujeres y muchas tenemos otro trabajo, aparte de lo que hacemos cuando llegamos a casa. Hay que limpiar, hacer la comida, atender a los chicos. Los hombres, la mayoría tiene doble jornada laboral, ya sea trabajando en ambulancias y en servicios de emergencia.

El estudio de 2013 también revela los riesgos a los que están sometidos en las tareas cotidianas: contacto con agentes biológicos (como sangre y otros fluidos orgánicos), exposición a antisépticos y preparación o administración de medicamentos.

Desde que nos encontramos a la madrugada, Mirta no paró un minuto.

¿No te sentás nunca?

Sí, a veces, para llenar los informes y esas cosas, pero la mayoría del tiempo una está parada o caminando. Te imaginás, llego a casa toda dolorida, los pies hinchados, la columna a la miseria… Por eso no duran mucho los trabajadores de la salud que se jubilan, llegan muy mal, muy enfermos.

Tanto De la Sota como Schiaretti, quienes vienen gobernando la provincia desde hace casi 18 años, han ido deteriorando el servicio de salud pública en beneficio de los grandes negociados del sector privado.

El año pasado, los directores de los hospitales públicos denunciaban que ante el aumento de la demanda de pacientes, el gobierno provincial respondía con bajas de personal. Tan solo en 2016 hubo en total 590 cargos menos.

Un equipo de la investigación de la UNC, informó en 2015 que el gasto provincial per cápita en salud era de 1.734 pesos, mientras que ascendía a 2.255 pesos por habitante en el rubro “Seguridad y Justicia”.

Mirta está acomodando medicamentos sobre un carrito, lo hace meticulosamente, mientras revisa las prescripciones en una carpeta. Otra enfermera se acerca con otro carrito idéntico, las rueditas hacen un molesto chirrido metálico.

Mi recorrido va llegando a su fin, hago una última pregunta, en voz lo bastante alta como para que escuche también su compañera.

¿No sé si viste que el Frente de Izquierda lanzó una campaña de reparto de las horas de trabajo, para que todos trabajemos 6 horas diarias, 5 días a la semana?

Sí, vi unos folletos el otro día.

¿Y qué pensás?

Estaría muy bueno. Sé que hay algunos lugares donde tienen turnos de 6 horas, en Buenos Aires y me parece que en Rosario también… Así entre los dos trabajos se me hacen 12 horas nomás.

Pero mirá que la propuesta incluye que todos cobremos un salario igual a la canasta familiar…

Mirta me observa fijamente.

Escuchá Negra ─dice Mirta incluyendo a su compañera─ la izquierda propone que trabajemos 6 horas y cobremos más. ¿Y qué querés, que te diga que no? ─vuelve a reir─ Sería genial.

La “Negra” nos mira con ganas de participar. Aprovecho y la incluyo.

Si trabajaran 6 horas, ¿qué harían con el tiempo que les sobra?

Para mi sorpresa, la Negra “primerea” y responde.

Yo descansaría ─piensa unos segundos─ llevaría a mis hijos a la escuela, me capacitaría…

Mirta asiente y agrega.

Podría comer en mi casa, con mi familia. Aparte falta mucho personal, se podría hacer tranquilamente. Además mejoraría mucho el servicio, obvio.

Mirta me avisa que tiene que comenzar la ronda. La saludo afectuosamente y le agradezco.

No… gracias a vos ─me dice con un tono cálido─ ¿Te ubicás para salir solo? Tenés que seguir los cartelitos verdes de “Salida”.

Le digo que sí, saludo a la Negra y empiezo a recorrer los pasillos descascarados en sentido inverso. Allí siguen las mismas personas, las madres con sus bebés, los sentados en el piso, todos siguen esperando, aunque sea un asiento.

Llego a recepción y cruzo la puerta sin que los guardias me presten demasiada atención.

Afuera, el Polo sanitario es un hervidero de gente. Los guardapolvos blancos de los trabajadores de la salud se mezclan con los pacientes, los vendedores ambulantes y las sirenas de las ambulancias.

Me pierdo entre la multitud mientras pienso en Mirta, en la Negra y en todos los trabajadores y trabajadoras que sostienen la salud pública a costa de la suya propia.








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