Política

NOTA DE TAPA

Los hijos políticos de Menem

El año termina con el hundimiento del FAUNEN y la consagración de Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa como los posibles presidenciables. Estas figuras son un producto de la matriz política y cultural del menemismo y del kirchnerismo que supo reciclar para el "proyecto nacional y popular" a varios representantes del noventismo político.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 10 de diciembre de 2014 | Edición del día

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El oficialismo y la oposición son un muestrario de hombres de una casta que parasitan las instituciones políticas. Como dijo Zulemita Menem, "Estoy muy contenta con los candidatos presidenciales, todos empezaron con mi papá". Si se piensa desde las demandas del 2001, habría que preguntarse "¿Vuelven todos?"

Los tres hijos político-culturales de los noventa comparten otro denominador común y es que se postulan como candidatos para salir del “modelo” kirchnerista -o continuarlo por derecha- y una política de ajuste de las cuentas publicas coherente con su planteo de pagar la deuda externa a los houldouts con el objetivo de regresar al mercado de capitales y atraer inversiones extranjeras hacia el “maná del fracking” en Vaca Muerta. A partir de estas grandes coincidencias -que hemos llamado “consenso derechista” en el que participa el kirchnerismo apostando a Scioli- las diferencias son sutiles.

Mientras Macri y Massa se ubican claramente en el campo del arreglo incondicional con los fondos buitres y son partidarios de iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento y de ajustar las cuentas publicas, Scioli en cambio se ubica dentro de una línea de apoyo a la política de negociación de Cristina Fernández de Kirchner y su ministro Axel Kicillof que los llevó, por ejemplo, a pagar 9.700 millones de U$S al Club de París y que promete arreglar con los buitres antes de marzo de 2015, pero con la ilusión de que, arreglado el tema de la deuda externa, la economía reinicie un ciclo de inversiones. Sea como sea la política es pagar una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta a costa del sacrificio del pueblo trabajador.

Por lo que se puede observar de la entrevista de La Nación del 8 de diciembre, Macri sostiene como salida un plan de infraestructura que lo asocia a los intereses de los grandes grupos de la construcción y el capital financiero, con las que viene trabajando en la Ciudad, mientras Scioli se ubica en defensa del perfil “industrialista” del modelo, añorando, quizás, recomponer la deteriorada alianza del kirchnerismo con la UIA, que significa defender a los empresarios contra los trabajadores en los conflictos, aunque los capitales violen flagrantemente las leyes argentinas, como lo ha hecho en los casos de Gestamp y Lear.

Massa por su parte, cuenta con el asesoramiento de Roberto Lavagna, atrayendo a un sector de la UIA como el padre de la devaluación y hasta no hace mucho kirchnerista, Ignacio De Mendiguren. Su planteo es la revisión de lo otorgado por el kirchnerismo que lo ubica claramente como un partidario del ajuste y del recorte de derechos para los trabajadores y el pueblo pobre, amén de representante de los intereses de la burguesía sojera como lo demuestra la candidatura del ex aliado de la CTA michelista Eduardo Buzzi a la gobernación de Santa Fé. Massa acaba de declarar que “seré el presidente de la seguridad y la educación”, dos ideas que están en el centro del “consenso derechista” de la actual Cumbre Iberoamericana en Veracruz donde participan los líderes del establishment continental. Es decir, a partir de definir que “nuestras sociedades son violentas” por la enorme desigualdad social; la nueva receta continental es reforzar las fuerzas del orden y “educar” (como era el discurso de la vieja Alianza ante la debacle del menemismo y su tendal de miseria) como salida para que no caigan en el delito los que no tienen para comer.

Los tres presidenciables comparten una sensibilidad común con respecto a la seguridad. Massa hace del endurecimiento de las penas un eje de campaña, mientras otro sector de la oposición, Elisa Carrió, ahora vinculada al PRO, lo acusa de ser parte del narcotráfico. Macri ha mostrado su disposición a enfrentar a los inmigrantes y sin techo usando la represión policial como herramienta como se ha visto en los sangrientos conflictos del parque Indoamericano en diciembre de 2010 o en la Villa Papa Francisco este año (represiones que fueron llevadas a cabo coordinadamente con la Federal que responde a Sergio Berni). Scioli dejó en manos del Ministro Alberto Granados el manejo de la mafiosa policía bonaerense reforzada con diez mil nuevos agentes, mientras aún no se secan las lagrimas ni la sangre de los crímenes del gatillo fácil del cual Luciano Arruga es su máximo símbolo.

Los tres presidenciables no tienen diferencias ideológicas de fondo, todos encarnan una derechización del mapa político aunque sabiendo que los tiempos del neoliberalismo han terminado y se ubican pragmáticamente con un discurso que reemplaza la política como campo de confrontación por el llamado al “diálogo” y a gestionar las necesidades de la “gente”. Todos han tomado nota de que existe un gran consenso de hecho a partir del 2001 que impide que se retorne al neoliberalismo y todos se plantean como una reforma posible del status quo creado en estos diez años. Scioli lo hace predicando una salida al kirchnerismo desde adentro, presentándose como continuador ligth para ganar el apoyo del establishment y del propio FpV condición necesaria para llevar la campaña presidencial a buen puerto. A su vez, el sciolismo es quien más puede recurrir a los recursos ideológicos agitando al estilo Carta Abierta el espantajo del peligro derechista para cosechar como mal menor al progresismo desbandado. Su apoyo central son los barones del PJ del conurbano bonaerense y los señores feudales del peronismo del interior del país, quienes en alianza con el ex motonauta quieren recuperar el control de la Casa Rosada en manos hoy, para ellos, de los “imberbes” de La Cámpora.

Macri y Massa carecen de la fuerza territorial nacional del peronismo y para sustituirla se ven obligados a buscar alianzas con la UCR quien aún se debate si continuar en el centroizquierda del FAUNEN o lanzarse sin tapujos a bancar un gran acuerdo antikirchnerista con el PRO como pretende Ernesto Sanz. Dicho sea de paso la revalorización de los boinas blancas como aparato electoral es una de las cosas que deja el 2014.

El gran dilema de Scioli es su dependencia de CFK (para atraer a los votos del “cambio”) pero al mismo tiempo (y esta es la jugada de la reforma electoral para ubicar en una misma boleta a CFK como diputada al Parlamento del Mercosur) sumar a los votos del espacio de centroizquierda kirchnerista que le posibilite pensar en la “hazaña” de ganar en primera vuelta y no caer en un ballotage. De suceder exitosamente, tendríamos en el peronismo dos cabezas que se proclamarán la madre de la victoria, un fenómeno que de darse puede tener imprevisibles consecuencias.

Por su lado, el gran dilema de la oposición es su incapacidad para tomar la iniciativa política más allá de la agenda que le fijan los multimedios opositores. Mientras que el gran dilema del FpV es que, gane quien gane, el kirchnerismo pierde ya que todos los proyectos buscaran desmontar su poder de fuego.

La debacle de la centroizquierda sojera y papal

El otro gran fenómeno de fin de año ha sido la implosión de la oposición centroizquierdista del FAUNEN. Surgida como la esperanza de una recuperación del llamado pan-radicalismo como expresión política de los intereses sojeros, la alianza virtual del FAUNEN se fue degradando ante la embestida de la nueva oposición de derecha que colonizó a parte de sus dirigentes. Fue sin duda Lilita Carrió quien más ha hecho para demoler al FAUNEN en su intento de lograr una gran alianza antikirchnerista con el PRO bajo el argumento de que el FpV podía ganar en primera vuelta si la oposición no se unía. Al retirarse dando un sonoro portazo la chaqueña prendió un ventilador donde dejó a sus antiguos correligionarios muy mal parados.

Recordando la complicidad del socialismo de Binner con los narcos en Santa Fé, la alianza secreta de la UCR bonaerense con Scioli o el pasado kirchnerista de Julio Cobos, Carrió dejó al FAUNEN en un mal lugar. Las propias ansias de Sanz y Morales de la UCR por abrirse del entuerto y acordar con Macri o Massa golpearon aún más al frente y es muy difícil que pueda recuperarse como alternativa electoral con chances. Ayudaron mucho las declaraciones de Hermes Binner defendiendo la mano invisible del mercado, para quitarle todo cariz progresista a un acuerdo profundamente conservador que solo ha servido como plataforma de rescate, una vez más, del partido de Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen.

Mientras el FIT crece y se desarrolla levantando la perspectiva de la independencia política de la clase obrera, las pequeñas agrupaciones que intentan ocupar el lugar vacante del centroizquierda muestran toda su impotencia y cada día se ven más afligidas por tener que presenciar la deserción hacia la nueva derecha de aliados históricos como el caso de Buzzi. Pero además derrapan oscilando entre la oposición sojera y el kirchnerismo social bajo la ilusión de cosechar la indignación de la base "nacional y popular" frente a la candidatura de Scioli. Pero los movimientos sociales K como el Evita y las fuerzas semi K como la de Pablo Ferreyra, resuelven su crisis con el curso actual del gobierno sin romper con él, una política que solo puede generar impotencia. La candidatura de Víctor De Gennaro hasta ahora no ha servido para unir a las fuerzas dispersas de una izquierda que busca ocupar el lugar de un progresismo en retirada por donde se lo mire.

Fortalecer al Frente de Izquierda

Frente a ello en el 2014 emergió con todo la fuerza del Frente de Izquierda y los Trabajadores que a través de la militancia del PTS y el sindicalismo combativo supieron crear un nuevo foro simbólico de la política nacional en el pavimento de la Panamericana, haciendo oír la voz de los que no tienen voz en las luchas de los trabajadores de Lear, de Gestamp, de Donnelley, de los docentes y de infinidad de conflictos donde la izquierda clasista supo poner el cuerpo junto a los compañeros y compañeras en lucha enfrentando la fuerza combinada del gobierno, la patronal y la burocracia sindical que en el caso del SMATA se ha mostrado como agente directo de las patronales buitres que explotan a los trabajadores argentinos.

Articulando la denuncia en la tribuna parlamentaria con el combate en el pavimento los diputados Christian Castillo y Nicolás Del Caño, supieron rendir honor a su responsabilidad como tribunos de la clase trabajadora. Ellos acompañaron a los indomables de Lear contra Sergio Berni y sus gendarmes caranchos que lograron una victoria democrática enorme para todo el pueblo argentino como es el de que se reconozca el derecho al piquete y los cortes de ruta para reclamar por los derechos negados.

Pero además de haber transformado la Panamericana en un nuevo foro simbólico de la política argentina, el Frente de Izquierda, y el PTS, han logrado fijar agendas políticas que golpean de lleno a la casta política corrupta y por lo tanto hacen al interés general de la población como lo es el proyecto de Del Caño de que los funcionarios ganen lo mismo que una maestra, que ha sido apoyado por miles de docentes y trabajadores, que se reconocen en ese planteo. Así como fue mérito del Frente de Izquierda haber opuesto el llamado a una consulta popular para el no pago de la duda externa cuando todos los políticos del gobierno y la oposición terminan hocicando frente a los fondos buitres.

Este crecimiento de la izquierda partidaria y clasista se vio corroborado nuevamente en las elecciones universitarias de la UBA y en los actos masivos que tanto el PO como el PTS protagonizaron recientemente.

A diferencia del FAUNEN donde los políticos centroizquierdistas muestran un arribismo brutal y los límites de los acuerdos de ocasión, la unidad del FIT no está en peligro porque se asienta en un programa de lucha por la independencia política de la clase trabajadora. En los grandes debates nacionales como la deuda externa o la ley Chevron, el Frente de Izquierda se mostró como un solido bloque unificado que defendió el interés de la nación oprimida y los trabajadores contra las políticas patronales de sumisión al imperialismo. Sus debates hacen a la formación de nuevas camadas militantes y son parte de las fuerzas vivas que se organizan desde abajo contra el capital y sus partidos, la burocracia sindical y el gobierno.







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