Internacional

CUANDO SE PROCLAMÓ LA REPUBLICA CATALANA

Los hechos de octubre del 34: cuando se proclamó la República catalana

Haciendo gala de su ignorancia, el portavoz del PP Pablo Casado habló del 83 aniversario dels fets del 6 d’octubre de 1934. Pero, ¿qué sucedió realmente?

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Domingo 15 de octubre | Edición del día

Edició català

Los “fets” se sucedieron dentro de un contexto europeo en el cual el fascismo estaba tomando posiciones destacadas. Por un lado, hacía muy poco tiempo que Hitler ya era el canciller de Alemania. En Austria, el fascista Dollfuss también se había encaramado al poder recientemente. Los trabajadores, que veían con mucha preocupación el ascenso del fascismo, comenzaban a ingresar masivamente a los partidos socialdemócratas europeos.

Por otra parte, dentro del ámbito doméstico, el gobierno de Companys tenía un problema importante con el Gobierno del Estado español referente a la Llei de Conreus aprobada por el Parlament catalán. El Tribunal de Garantías Constitucionales declaró dicha ley como inconstitucional el 8 de junio. Unos días después el Parlament catalán volvió a aprobarla con el mismo texto. Este enfrentamiento estaba precedido por una fuerte ralentización de la cesión de competencias a la Generalitat.

Ascenso de la CEDA y huelga general

Es en este marco en que se da el fortalecimiento de las CEDA(1), que era el grupo de la derecha española. A principios de octubre, luego de muchos titubeos, se creó un nuevo gobierno presidido por Lerroux y con tres nuevos ministros de la CEDA. La clase obrera veía con mucha preocupación el ascenso del fascismo español puesto que muchas veces Gil Robles había dicho que había que aprovechar las instituciones para tomar el poder. De hecho el Partido Socialista, presidido por Largo Caballero amenazó con la huelga general para acabar con un gobierno derechista.

La huelga general comenzó el 5 de octubre en todo el Estado, aunque se realizó de formas diferentes. En primer lugar, porque Caballlero se negó a hacerla en frente único con el otro gran sindicato obrero, la CNT. En segundo, porque el PS y la UGT tardaron en convocarla y de hecho no la habían organizado dejando a los trabajadores a su libre iniciativa. Así tenemos que en Asturias se organizó una insurrección, en Cataluña la CNT se inhibió y en Madrid las movilizaciones obreras no estuvieron centralizadas y fueron castigadas duramente por la represión.

El 6 de octubre, por la tarde, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, proclamó la República catalana desde el balcón de la Plaza San Jaume.

Los días previos al 6 de octubre la movilización popular, la avidez de la sociedad y diferentes organizaciones se pusieron manos a la obra. En Barcelona, se había creado la Alianza Obrera que fue un organismo en el cual se reunían representantes de algunos partidos de la izquierda como el Bloc Obrer y de algunas organizaciones sindicales minoritarias, como UGT. La CNT dirigida por la FAI brillaba por su ausencia. La AO exigía armas al Gobierno de Companys pero sin obtener siquiera un cartucho de pólvora.

La agitación popular era realmente importante. Esquerra lo reconocía en un documento, llamado “número 1”, unos meses después: “En Cataluña se alzó en masa todo el país contenido hasta ese momento por la autoridad y la confianza en el gobierno de la Generalidad (…) la huelga persistía, absoluta, por doquier.” Desde Esquerra se reconocía que la agitación social era fortísima(2). El documento proseguía con “…en algunos ayuntamientos se había proclamado la república catalana, pero en otros se había proclamado el socialismo e inclusive el comunismo libertario, etc. creándose una situación difícil y anárquica…”.

Ante ésta situación, el Govern de la Generalitat tenía que tomar una decisión. Companys y su gabinete era temeroso del accionar de las masas, por ello en ningún momento cedió las armas. Además clausuró los locales de la CNT por las dudas que fuera el lugar de reunión del alzamiento de las masas. Esquerra en éste documento planteaba que el Govern “…tenía que abandonar el poder o reprimir por la violencia una protesta que respondía a los mismos sentimientos del Gobierno repetidamente manifestados”. En ningún momento se plantearon liderar la movilización social y enfrentar al Gobierno derechista de Lerroux y las CEDA. Tan solo declaró la República catalana dentro de una federación española y a esperar sentado.

Del lado de enfrente, se encontraba el Gobierno español presidido por el ultraconservador Lerroux. Éste habló con el general Domènec Batet dándole órdenes precisas de reprimir el alzamiento popular y la declaración de repúblicana catalana que Companys anunció desde el balcón de la Generalitat. Batet apenas necesitó desplegar algunas baterías, dar unos cañonazos y casi sin batalla consiguió asaltar el Palau de la Generalitat y acabar así con el “movimiento insurreccional” de Companys.

Casi sin batalla, porque Lluís Companys no solo no apoyó el movimiento popular que se estaba adueñando de diferentes municipios catalanes, sino que cuando hubo que enfrentar al Gobierno español y las tropas de Batet, la Generalitat no hizo uso de los 3000 policías. No hubo dirigente alguno que diese orden de abrir fuego. ¿Es que acaso creían que podían declarar la república catalana sin luchar? No, solo fue un gesto para ver si podían engañar a las masas, mientras alzaban inmediatamente la banderita blanca y se quejaban de lo “malo” que es el Gobierno.

¿Qué pasó con la CNT y la AO?

En Cataluña, la CNT –que era claramente la dirección de la mayoría de los trabajadores- se encontraba muy debilitada. Durante los dos años de la Conjunción republicano socialista se dedicó a hacer “insurrecciones” fracasadas y alejadas de las masas obreras. En el transcurso del año ’34 la CNT apenas si tuvo algo que ver con los conflictos obreros del resto del Estado y el conflicto del campo de junio del 34.

Una parte de la central anarquista, el grupo “Treintista” de Pestaña, se separó de la misma, por derecha, buscando algún entendimiento con la coalición republicano-socialista. Al mismo tiempo, el BOC que tenía influencias sindicales aprovechó la crisis para escindirse también de la CNT. Sería injusto no mencionar la fortísima persecución y represión a la que fue sometida la CNT, por parte de Companys y del Gobierno central. Todo esto incidió negativamente en la formación de la Alianza Obrera.

La CNT no participó de las Alianzas Obreras argumentando que el BOC, unos de sus máximos impulsores, había tenido una política sectaria respecto a la CNT y complaciente respecto a la Generalitat. El PS y la UGT, que no tenían tanta influencia entre los obreros, se sumaron a las AO, de la misma manera que lo hicieron en otros puntos del Estado. Es decir, formalmente, como cobertura, con un sentido utilitario, y, como siempre, sin convocar a sus afiliados obreros.

La CNT se negó a convocar la huelga general. El mismo Abad de Santillán lo reconoció: “Y, permanecimos pasivos.”(3). También el dirigente anarquista decía “…y se fue a un movimiento insurreccional prescindiendo de nosotros…”(4). Solo el día 6, la central anarquista, editó un llamamiento a la acción, aunque no decía claramente si había que sumarse a la huelga general(5). Y el día 7, algunos dirigentes de la CNT, entre ellos Joaquín Ascaso, llamaban por radio a que los trabajadores retornen a la faena(6). Incluso Abad de Santillán, quizás para justificar su pasividad, escribía “La insurrección de octubre pudo haber sido un movimiento triunfante si los republicanos de izquierda hubieran sido tales…”(7).

La acción política de las Alianzas obreras fue determinada por el Bloc Obrer i Camperol (BOC) liderado por Joaquim Maurín y por el grupo de Andreu Nin. La visión del BOC era que la pequeño burguesía debía liderar el proceso, es decir, Esquerra Republicana. Por ello esperaban que la Generalitat movilizara sus efectivos, les diera armas a la AO y así luchar contra las tropas de Batet. Maurín decía, “La Generalidad tiene en sus manos, pues, la posibilidad de que la contrarrevolución quede estrellada. El éxito o fracaso depende de la Generalidad”(8).

Sin embargo, como es sabido, ni Esquerra Republicana ni Companys movilizaron sus efectivos. Maurín esperaba formar “… un bloque revolucionario de obreros, campesinos y pequeña-burguesía con un gobierno de la Generalidad, la insurrección tiene casi absoluta seguridad de triunfar, porque la Generalidad cuenta con la organización militar: 3.000 policías armados…”. Era “difícil” formar un bloque revolucionario con el partido que se encargó de reprimir a los anarquistas una y otra vez. Companys se encargó de cerrar sus locales, prohibir sus prensas, encarcelar los dirigentes.

El BOC consideró que “La gran fuerza de la revolución residía en la Generalidad” (9). Y sus líderes entendías que “…la pequeña burguesía vacila entre la derecha y la izquierda, entre la contrarrevolución y la revolución, entre el fascismo y el socialismo. El proletariado ha de llevar a cabo una política inteligente para atraerla…”(10) . Sin embargo, los líderes de Esquerra Republicana nunca oscilaron, siempre fueron los firmes defensores de los dueños de las grandes empresas.

Las masas lucharon, fallaron los dirigentes

Companys “prefirió” rendirse y permitir que el Gobierno fascista de Madrid haga la tarea represiva, antes que enfrentarlo junto con los trabajadores armados. La AO mientras tanto estaba a la espera de que la Generalitat les dé armas o, al menos, que resista. La Alianza Obrera se comportó apenas como un apéndice (frustrado) de la Generalitat. Y, la CNT se inhibió.

Como aceptó Esquerra Republicana en el Documento número uno, las masas en múltiples ayuntamientos habían declarando la independencia de Cataluña o el socialismo o el comunismo libertario. Además, las AO fueron a la Plaça Sant Jaume pidiendo armas a la Generalitat para enfrentar al gobierno de la CEDA y Lerroux.

Lo que no supieron ver los dirigentes del BOC es que la “gran fuerza de la revolución” residía en la clase obrera y no en los abogados que defendían la propiedad privada. Por lo tanto las tareas democráticas, como el derecho de autodeterminación, no podía ser realizadas por el grupo de Companys, quien capituló sin dar batalla siquiera, sino que era necesaria una revolución obrera y popular.

Aprender del pasado es clave para emprender la lucha por los derechos democráticos y sociales. Hace décadas que la burguesía, incluso de países o nacionalidades oprimidas, no juega un rol progresivo en la conquista de derechos. Por el contrario, juego un rol reaccionario o, a lo sumo, moderado. La conquista de la independencia de Cataluña y la resolución de los graves problemas sociales serán realizados por los trabajadores y el pueblo en lucha contra la reaccionaria burguesía centralista y sus socios, las burguesías periféricas.

Notas

1. La sigla corresponde a Confederación Española de las Derechas Autónomas, dirigida por José María Robles.

2. Citado en: Munis, Grandizo. Jalones de derrota: promesa de victoria. Crítica y teoría de la Revolución Española (1930-1939). Zyx, Madrid, 1977. P. 176. También se pude ver una cita más extensa en: Maurín, Joaquim, Revolución y contrarrevolución en España. Ruedo Ibérico, París, 1966. Pp. 139-143.

3. Abad de Santillán, Diego. El anarquismo y la revolución española: escritos 1930/38. Editorial Ayuso, Madrid, 1977. P. 217/8.

4. Abad de Santillán, Diego. ¿Por qué perdimos la guerra? 1940. Ver en: <http://www.somnisllibertaris.com/li...> [Consulta 13/10/2017]

5. Peirats, José. La CNT en la revolución española, tomo I. Edición Cali, Colombia, 1988. Pp. 101-102.

6. Bizcarrondo, Marta. Octubre del 34: Reflexiones sobre una revolución. Ayuso, Madrid, 1977. Pág. 71.

7. Abad de Santillán, Diego. ¿Por qué perdimos la guerra? 1940. ob. cit.

8. Maurín, Joaquín. Hacia la segunda revolución. Pp. 124 y 125. Citado en: Munis, Grandizo. Jalones de derrota..., ob. cit. P. 172. Se puede leer en línea la versión de Marxist.org <http://www.marxists.org/espanol/mau...>

9. Comité Central del BOC y Comité Central de la Juventud Comunista Ibérica. "Las lecciones de la insurrección de octubre". En: Bizcarrondo, Marta. Octubre del 34 : reflexiones sobre una revolución. Ed.. Ayuso, Madrid, 1977. Pág. 238. Publicado el 1 de enero de 1935.

10. Ib. pp. 245 y 246.






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