Economía

NOTA DE TAPA

Los frentes de tormenta de la economía

La vuelta de las tensiones sobre el dólar, la devaluación en China y la crisis brasilera, ponen al desnudo la realidad de un “modelo” en agotamiento. La realidad de la economía más allá de la campaña electoral.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Jueves 20 de agosto de 2015 | Edición del día

Hasta hace no mucho tiempo, parecía que el gobierno podría cumplir sin grandes sobresaltos el objetivo de llegar –con lo justo– hasta diciembre en el terreno económico. Con una economía que prácticamente no crece desde 2012, y una escasez de dólares cuyos efectos se contienen con la ayuda de préstamos Chinos y emisiones de bonos en dólares, y al precio de alimentar bicicletas financieras, pero evitando nuevos momentos de alta tensión. Esta ambicionada perspectiva, que ya venía desafiada por los vaivenes que viene mostrando el dólar paralelo desde hace más de un mes, se ve cada día más lejana por la acumulación de malas noticias que llegan desde el exterior.

Tormentas de frente

En los últimos tiempos se habla mucho de “viento de frente” en la situación internacional, para contraponerlo al “viento de cola” que tanto benefició a la economía durante la mayor parte del período kirchnerista. Si todo eso cambió con el desplome de los precios de los commodities (granos y petróleo) la definición se queda corta para explicar las posibles consecuencias de las novedades de las últimas semanas. La crisis financiera en China, la devaluación casi al mismo tiempo del yuan y del real en Brasil, y la confirmación de recesión en este último, son una verdadera tormenta.

La evidencia de que la situación en estos dos países va de mal en peor, significa en primer lugar que entrarán todavía menos dólares por el lado del comercio exterior. Argentina le vende a Brasil y China nada menos que el 27 % de sus exportaciones totales. Si se le suma a la Unión Europea, que también se encuentra en una situación complicada, superan el 40 % de las ventas al exterior que realiza el país. Cuanto más se deteriore el comercio, mayor será la urgencia del gobierno de buscar otras vías para conseguir los dólares. Esto ocurre cuando el panorama en este terreno ya venía complicado: según informa la llamada Base usuaria del Indec, el comercio exterior durante los primeros seis meses del año, acumuló un rojo de 726,5 millones de dólares. La acumulación de un rojo durante los primeros seis meses del año es algo que no ocurría desde 1999.

La situación de China ya tuvo un primer impacto también sobre las reservas del Banco Central (BCRA). El año pasado el gobierno argentino acordó un canje de monedas con el Banco de China, por un monto de hasta 11 mil millones de dólares. Este canje fue en los hechos un préstamo de China al Banco Central de la República Argentina. Con este aporte, el gobierno pudo mostrar una recuperación de las reservas. En el último mes el gobierno habría llegado a utilizar hasta 8.500 millones de dólares, según indican distintas estimaciones. La devaluación de la moneda China, que llegó al 5 %, reduce el valor de dichas tenencias. El titular del BCRA, Alejandro Vanoli, salió a mostrarse optimista y desestimó las complicaciones que podría tener la Argentina. "La devaluación china redujo la deuda que tiene el Banco Central con el chino", opinó. La cuestión es que en la hoja de ruta para llegar hasta fin de año no sólo estaba usar de lleno los 11 mil millones de dólares, sino que Vanoli estaba también negociando una ampliación de esa línea de contingencia. No parece que vaya a concitar un gran entusiasmo en su par chino.

Finalmente, donde pega de lleno el complicado panorama del país vecino es en la industria automotriz, y por derivación en varios otros entramados. La industria automotriz sumó en julio 17 meses de caída, y la caída de las exportaciones (21,1 % en lo que va del año) es uno de los elementos principales que la explican. Brasil, principal destino de las exportaciones de los vehículos de producción nacional, acumula una baja de 30% en su demanda desde el inicio del año. No hay repunte de las ventas internas de automóviles que pueda compensar este deterioro.

Bicicleta averiada

En dos meses, el dólar paralelo escaló de 12,60 pesos a 15,15. Entre uno y otro precio, está el final de la bicicleta financiera con la cual el gobierno buscó mantener la calma cambiaria. En lo que va del año el gobierno emitió deuda por 64 mil millones de pesos; de esto, el 30% es deuda emitida en dólares. Los bonos emitidos por el gobierno, con tasas en promedio de 27%, fueron parte de los mecanismos con los que se buscó “sostener el ahorro en pesos”, forma elíptica para referirse al negocio que se sirvió en bandeja para los bancos y los especuladores. Sin embargo, esto no alcanzó para mantener la calma cambiaria hasta después de las elecciones. Todos los que descuentan que más temprano que tarde se viene una devaluación, aceleraron la compra de dólares ahorro. Agosto ya es el segundo mes de mayor volumen de adquisiciones, a pesar de que aún faltan ocho días hábiles para su finalización.

¿De qué hablan cuando hablan del cepo?

En este contexto, continuó en los últimos días el contrapunto entre funcionarios afines al candidato oficialista Daniel Scioli, con Mauricio Macri y sus asesores, sobre el cepo cambiario. La ministra de Economía bonaerense Silvina Batakis sostuvo que “el proyecto neoliberal de Macri va a facilitar megadevaluaciones, reducir salarios, abandonar el interior y quitarle derechos a los trabajadores y jubilados”. Palabras fuertes viniendo de la responsable del ajuste aplicado en la provincia en 2013 y 2014, cuyos costos cayeron sobre los estatales bonaerenses.

Cuando hablan de liberar el cepo, algo que está en la agenda de Scioli y de Macri (también de Massa) más allá de los ritmos, no sólo hablan de devaluación (algo que, de vuelta, también puede leerse entre líneas en lo que dicen los asesores de ambos). También hablan de conseguir dólares, muchos dólares, para seguir pagando la deuda pública, para volver a dejar que las empresas extranjeras giren al exterior y para pagar las deudas de importadores que se fueron acumulando y ya superan los 8.100 millones de dólares. En síntesis, para seguir pagando la factura de la dependencia económica que se siguió acrecentando durante los gobiernos kirchneristas, a pesar de los discursos que proclaman lo contrario.

Las disyuntivas con las que concluye el ciclo kirchnerista, con una economía signada por la escasez de dólares, ponen en evidencia el abismo que separa la evaluación oficial sobre lo se que consideran los logros de este período, y una realidad que mostró la continuidad de contradicciones que se pretendían superadas. Durante el período 2002-2014 la Argentina acumuló un superávit comercial de 184 mil millones de dólares. Esto no sólo no tuvo como correlato ninguna canalización de recursos que sentara las bases para una transformación –siquiera mínima- de la estructura productiva. Ni siquiera permitió contar con capacidades para afrontar las dificultades que creó el cambio de tendencia internacional. Es que en tiempos de abundancia se transfirió recursos a ritmo acelerado al exterior en nombre del “desendeudamiento”, los capitalistas extranjeros y la burguesía nacional también colaron en el exterior buena parte de los frutos de su ganancia. Los recursos excedentes se concentraron en alimentar esta salida de dólares. Esta es la raíz del frenazo de la economía por escasez de divisas, que empezó en 2012 y se agravó en los últimos años.

Si a pesar de todos los frentes de tormenta abiertos a la economía no hay mayor nerviosismo, es porque de algo están seguros todos los que tienen algún poder de decisión (y de especulación). Cualquiera sea el que gane en octubre o en noviembre, hay una firme disposición a empapelar los mercados internacionales y abrir de par en par las puertas para los capitales que ansían hacer buenos negocios en el país, si la situación mundial no empeora más y todavía lo permite. Sobre la base de esta vuelta a los mercados, que el kirchnerismo ya inició, avanzar en poner la tan mentada “racionalidad” en la economía, que ya sabemos lo que significa: baja del gasto (con tarifazos) y topes a los salarios, sumada a mayores recortes de impuestos para los empresarios. Que los matices sólo están en los ritmos, es una conclusión que empieza a llegar hasta los lugares más impensados.








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