Política

OPINIÓN

Los datos del Indec y la realidad que la represión macrista no puede ocultar

Límites de la nueva imagen de confrontación e iniciativa que quiere dar el Gobierno. Los números del Indec son nubarrones para el plan económico y expresan el descontento de millones.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Miércoles 12 de abril | Edición del día

Distintos medios de comunicación quisieron instalar en los últimos diez días la imagen de un Gobierno nacional que estaría saliendo de su peor momento. Esta visión destaca que después del escándalo del Correo Argentino y de las multitudinarias movilizaciones opositoras de marzo, el macrismo retomó la iniciativa política con la marcha en su apoyo del 1º de abril, con el “éxito” de haber desalojado piquetes durante el paro nacional, y con el cambio de estrategia de lucha de los docentes bonaerenses.

Pero detrás de la construcción de imágenes de coyuntura (que se apoya en elementos de realidad y expresa intenciones del macrismo), opera como un factor más fuerte la situación de fondo. Ayer un nubarrón importante para el relato oficial vino desde las mismas oficinas de un organismo gubernamental. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a marzo, que arrojó una suba de 2,4 %.

Junto con el malestar social que existe detrás de los números, esa sola cifra de marzo implica que está en crisis la pauta de inflación de 17 % pronosticada para este año. La respuesta inmediata del Banco Central a las malas noticias fue una medida de enfriamiento para una economía ya bastante fría, subir las tasas de interés. Entre la recesión y la inflación, el Gobierno nacional no tiene ninguna buena noticia para dar para las grandes mayorías.

Más agudo es el panorama si se considera que, por encima del promedio general, en marzo la inflación más alta se dio en los rubros de necesidades básicas: educación (5,6 %), indumentaria (4,8 %) y alimentos y bebidas (3 %).

En estos números (junto con los de despidos y suspensiones), hay que buscar las razones de la contundencia del paro nacional del 6 de abril. El Gobierno había señalado de forma provocadora en los días previos que “no entendía” los motivos del paro. Millones de trabajadores, sin necesitar las estadísticas del INDEC, pero con el peso de la vida cotidiana, le respondieron paralizando el país.

También resulta ilustrativa desde este punto de vista la situación de los docentes en particular. De acuerdo a un informe del Centro para el Desarrollo Nacional Atenea, “el salario bruto real de un/a maestro/a de grado nivel primario con 10 años de antigüedad por una jornada de 4 horas en la provincia de Buenos Aires cayó un 9,3 %, entre diciembre de 2015 y febrero de 2016”.

Por eso no fue más que una provocación (otra), la que hizo ayer el jefe de Gabinete Marcos Peña cuando dijo que “consideramos lamentable que se haya hecho un paro nacional por un conflicto municipal, una habilitación de una plaza", para justificar la represión a los docentes y disminuir la importancia del reclamo y del paro de CTERA de este martes.

Sin embargo, detrás de esta soberbia, la habilitación que finalmente se le dio a la escuela itinerante docente expresa un límite de la relación de fuerzas. Si bien el macrismo envalentona a su propia base social con su discurso y acciones de mayor confrontación, consolidando una “minoría intensa”, por otro lado también es cierto que el amplio malestar con su política económica no representa solamente un problema electoral de cara a las legislativas de octubre, sino también para la “gobernabilidad” de acá a 2019.

Junto con esto, al descontento de amplias franjas que sufren el ajuste hay que sumarle “inversores” que no invierten (por lo menos hasta octubre); otros sectores de las clases dominantes disconformes con la apertura económica, la caída del consumo o el tipo de cambio; un Gobierno en minoría en el Congreso; y una realidad económica internacional que no presenta buenas noticias para la economía argentina.

Si en el momento actual el Gobierno no puede ir hasta el final con todo el ajuste que quisiera, y los trabajadores no pueden recuperar lo perdido, por el freno de las cúpulas sindicales, estos factores, que por ahora generan incertidumbre, podrían dar lugar a un escenario de mayor crisis del Gobierno si éste sale derrotado en las elecciones, principalmente en la Provincia de Buenos Aires.

Los puntos de apoyo que sí tiene el macrismo para sus planes son la colaboración de las distintas alas del peronismo que le votan las leyes en el Congreso Nacional, y el rol de la burocracia sindical, que después de 16 meses de tregua hizo un paro “dominguero” solamente para descomprimir la bronca.

Por eso desde el Frente de Izquierda, contra el ajuste de Macri pero también contra la falsa alternativa que representan las distintas variantes del peronismo para el pueblo trabajador, se plantea una alternativa política bajo un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, y una exigencia a las cúpulas sindicales para que el paro nacional se continúe, respondiendo a la mayor dureza del Gobierno, con un plan de lucha activo hasta derrotar el plan de ajuste.






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