Géneros y Sexualidades

ABORTO

Los curas villeros se suman a la cruzada contra el aborto

En medio del escándalo por los abultados sueldos eclesiásticos, la Iglesia busca un rostro más “amigable” para atacar nuestros derechos.

Viernes 16 de marzo | Edición del día

Cuando no pasa el temblor

El 5 de marzo, diputadas y diputados de distintos bloques partidarios acompañados por diversos activistas, presentaron por séptima vez el proyecto de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La movilización del Día internacional de las Mujeres, tres días después, terminó de imponer el tema en la agenda nacional con miles de pañuelos verdes que inundaron el país.

La tierra tembló y la Iglesia sintió el sacudón. El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea, redobló su actividad en las redes sociales contra los derechos elementales de las mujeres. Y los obispos del Litoral (incluido el cardenal encubridor de abusadores, Estanislao Karlic) firmaron un comunicado titulado “La vida: don y dignidad”. En el mismo, con argumentos religiosos y anticientíficos, los clérigos se dedicaron a opinar sobre un tema de salud pública.

Sin embargo, la institución enfrenta varios problemas para encarar su clásica campaña contra el aborto. A la lucha de las mujeres se sumó el escándalo por los abultados sueldos de los obispos, que exigen al Presupuesto nacional más $130 millones. Según un informe solicitado al jefe de Gabinete, los prelados embolsan individualmente cifras superiores a los $40 mil mensuales. Claro que no entraban en la cuenta los obispos castrenses –del Ejército- cuyos honorarios rodean los $100 mil de acuerdo al Boletín Oficial.

En medio de un desprestigio creciente, la Iglesia se vio obligada a apelar a una táctica alternativa para los mismos fines. Esta vez fueron los llamados “curas villeros” quienes se pronunciaron contra el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. “Como curas y religiosas desde la villa y barrios populares, nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida”, plantearon en un escrito publicado el pasado jueves.

¿Príncipes y mendigos?

Distanciándose de la ostentación propia de la jerarquía eclesiástica e intentando instalar otra faceta, los firmantes exigieron políticas al Estado y denunciaron el avance de la marginalidad social. “Nuestros barrios necesitan propuestas de vida digna. Y una sociedad que proteja al más débil”, concluyeron.

“Han muerto catequistas, religiosos y sacerdotes por la Dictadura. No necesitamos agregar más muertes”, resaltaron estos aliados de Bergoglio. Algunos, como el padre Pepe Di Paola, han ido a visitarlo a Roma y todos ellos lo consideran su líder espiritual. “Olvidan” mencionar la probada complicidad del Pontífice con los genocidas y los apropiadores de niños.

Como argumento central, manifestaron que “la lógica de los poderosos, de los fuertes, que deciden sobre los que menos posibilidades tienen, es la lógica dominante. Y esto también, de alguna manera, se traslada al tema de la niña o niño por nacer”. Es decir, se valieron de un razonamiento similar al del Arzobispo y Monseñor Héctor Aguer, que llamó al aborto “la bandera de la burguesía”. De esta forma, pretenden tapar que la mayor parte de la sociedad está a favor de este derecho, como indican todas las encuestas. Bastaba recorrer el centro porteño el 8M para ver en primera persona a muchas jóvenes del conurbano y de barrios humildes movilizadas espontáneamente con sus consignas y carteles, lo cual se replicó en otros puntos del país.

Anualmente se realizan aproximadamente 450 mil abortos y son las más pobres quienes mueren debido a las consecuencias de la clandestinidad. Los “curas villeros” muestran su desprecio por la vida de estas mujeres a las cuales dicen defender. Vale agregar que Gustavo Carrara y José Ignacio Cuerpo, dos de los promotores del documento, fueron designados obispos por Francisco a fines del año pasado: en otras palabras, también cobran mensualmente más de 40 mil pesos. Cifras impensables para cualquier familia de la villa 1-11-14 o La Cava, donde iniciaron su prédica.

¡(No) hagan lío!

En 2015, durante su recorrido por algunos países latinoamericanos, el Papa instó a los jóvenes en Paraguay a que “hagan lío”. En la misma gira, cuando pasó por Bolivia, aseguró que “tierra, techo y trabajo” eran “derechos sagrados”. Sin embargo, lejos de mostrar una real preocupación por los que menos tienen, Francisco persigue una mayor influencia política y organizativa de la Iglesia en los “movimientos sociales”, para canalizar y moderar sus reclamos. Mientras el ajuste avanza en todo el continente y hay cada vez menos fieles, muestra estratégicamente un rostro “sensible” capaz de contener las tensiones.

Pero, con cambios en el discurso y la imagen, lo esencial de esta institución oscurantista sigue intacto. La exhortación apostólica “Amoris Laetitia” publicada el 8 de abril de 2016 es ilustrativa en este sentido. Allí, Bergoglio incorporaba frases de intelectuales, activistas y poetas, desde Martin Luther King hasta Erich Fromm, y hasta unos versos de Mario Benedetti para defender su moral medieval. Al lado del poema “Te quiero” del escritor uruguayo, reafirmaba que “la Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto”; y desplegaba su usual homofobia explícita.

Ojea, cabeza de la CEA y Obispo de la Diócesis de San Isidro, compartió entusiasmado la carta de los “curas villeros”. Con mayor o menor ostentación, con un discurso más abiertamente reaccionario u otro dirigido a los pobres, todos ellos representan a la misma institución enemiga de las mujeres, los trabajadores y los oprimidos.

El debate por la interrupción voluntaria del embarazo se demostró impostergable. Hoy, más que nunca, la enorme fuerza que se desplegó en las calles debe mantener entre sus exigencias la separación entre Iglesia y Estado. Para avanzar por éste y todos los derechos que nos faltan.







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