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Los cinco puntos del chantaje de Trump para dar ciudadanía a los dreamers

En su discurso de informe de gobierno Trump detalló su plan migratorio. Estuvo signado por un discurso nacionalista, en el que afirmó que los estadounidenses también son dreamers. Una forma de diluir las reivindicaciones y la identidad de los jóvenes inmigrantes.

Miércoles 31 de enero

El presidente estadounidense propone un largo camino a la ciudadanía para 1.8 millones de ‘dreamers’ o ‘soñadores’ –inmigrantes sin documentos que fueron llevados a EEUU durante su niñez– a cambio de un mayor gasto en seguridad fronteriza y un gran descenso en la entrada de migrantes con autorización legal.

Durante su discurso, Trump buscó criminalizar al conjunto de los inmigrantes, un recurso al que apeló desde los tiempos de su campaña electoral, para difundir un clima de odio contra los extranjeros y por esa vía precarizar más todavía sus condiciones de vida y de trabajo.

Su operación incluyó la asistencia de invitados como un agente de Inmigración federal que ha investigado la pandilla MS-13 y dos grupos de padres cuyos hijos fueron asesinados por miembros de esa pandilla. En ese contexto, acusó que las políticas de las administraciones anteriores “han causado la pérdida de muchas vidas inocentes”.

Declaró “Mi deber, y el deber sagrado de cada funcionario electo en esta Cámara, es defender a los estadounidenses: proteger su seguridad, sus familias, sus comunidades y su derecho al ‘sueño americano’. Porque los estadounidenses también son soñadores”.

Por su parte -en un gesto con miras a las elecciones intermedias del 6 de noviembre próximo, en las que se renovarán la Cámara de Representantes y 22 lugares en el senado- más de 50 legisladores demócratas invitaron a ‘dreamers’ a asistir. Como si esto pudiera en sí mismo hacer olvidar a la comunidad latina que Barack Obama fue el campeón de las deportaciones, superando a las administraciones republicanas previas.

Las exigencias de Trump

Doce años llevaría la transición a la ciudadanía para los ‘dreamers’ que, para poder aplicar a esta opción, están obligados a cumplir con ciertos requisitos de educación y trabajo.

Para aprobar este plan, el presidente estadounidense quiere blindar con militares y equipos de seguridad las fronteras estadounidenses, incluyendo los 25 millones de dólares para financiar su muro. Esto se complementará con la colaboración del presidente de México, Enrique Peña Nieto, para obstaculizar el paso de inmigrantes desde Centroamérica por el territorio mexicano.

En un avance de su ofensiva, Trump quiere establecer que los inmigrantes sean retenidos en los centros de detención hasta que su caso llegue a tribunales. Todo un guiño a las empresas administradoras de prisiones, que de esa manera contarían con más mano de obra semiesclava.

A su vez, busca cancelar la lotería de visas para países con poca representación y establecer un sistema de inmigración legal basado en el mérito, que limite la reunificación familiar al cónyuge y a los hijos del solicitante.

Hace pocos días, con ocasión del cierre parcial de gobierno, organizaciones defensoras de inmigrantes y activistas dreamers, repudiaron la actitud conciliadora del partido demócrata, cuyos representantes habían aceptado una vaga promesa de los republicanos que ya anunciaba el recrudecimiento de la política antiinmigrante de la administración estadounidense.

Se verá la recepción de su plan migratorio el próximo 8 de febrero cuando se debata en el capitolio la propuesta de “protección” a los dreamers y el financiamiento del gobierno de Trump, que incluirá su pedido de fondos para el muro y la mayor militarización de la frontera. La cuestión inmigrante sigue siendo un foco de crisis para un Estados Unidos polarizado.






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