CORRUPCIÓN Y CAPITALISMO

Los casos de corrupción no son una excepción, sino la norma

Nicolás del Caño

Candidato a diputado nacional por el FIT | Dirigente PTS @NicolasdelCano

Miércoles 28 de diciembre de 2016 | 11:09

"La asociación ilícita fue la figura penal creada por los gobiernos de facto y utilizada por todas las dictaduras para perseguir dirigentes opositores", dijo Cristina Fernández en un tuit ayer, después de que el juez Ercolini la procesara por esa figura.

Vamos a coincidir con Cristina en cuanto a la figura de la "asociación ilícita", artículo 210 del Código Penal. Mi compañera y abogada Myriam Bregman lo viene denunciando hace muchísimos años. La "asociación ilícita" es una figura penal para encarcelar a alguien sin pruebas o con pruebas endebles, figura que, en general, luego se termina cayendo en el momento de un juicio que se realiza años después. Se inventó en las primeras décadas del siglo XX para reprimir a los obreros anarquistas, socialistas y comunistas. ¿Por qué durante los 12 años que gobernó el kirchnerismo nunca plantearon su derogación, teniendo, además de la Presidencia, amplias mayorías en Diputados y en Senadores?

Ni hablar del artículo 194 del código penal, que criminaliza a todos los que protesten sobre una calle o ruta y tiene procesados a miles de luchadores. Sigue vigente desde la dictadura de Onganía, en 1968, y el kirchnerismo lo mantuvo incólume.

¿Cristina culpable? Es una más que realidad que la obra pública está ligada a la corrupción. Las empresas del sector están ligadas a los gobiernos de turno y de hecho se constituyen como carteles mafiosos que se distribuyen las "licitaciones".

Gran parte, sino toda, la burguesía "nacional", se llenó de plata viviendo de la teta del Estado. Para no ir muy lejos, los Macri pasaron de 7 empresas en 1976 a 47 empresas al finalizar la masacre de la dictadura.

Los José López, los Schiavi, los Jaime, los Lázaro Báez, los Cristóbal López no son sólo producto de un gobierno como el de los Kirchner, sino hijos de un sistema basado en la coima y la corrupción como norma: el capitalismo. Durante el macrismo algunos apellidos beneficiados continúan, como los Calcaterra, los Roggio y toda la plana mayor de la Cámara Argentina de la Construcción. Y aparecerán otros nuevos, nacionales y extranjeros.

Más allá de que no tenemos las pruebas para demostrar que en el kirchnerismo hubo corrupción, es muy difícil dudar que la hubo. Diría que imposible. Los bolsos de José López son más que elocuentes, como así también el demostrado entramado de corrupción que hubo en el sistema ferroviario, que se cobró la vida de Mariano Ferreyra y 51 personas en la masacre de Once.

Pero asimismo no se nos esconde que el poder judicial se mueve como veleta para el lado que corre el viento del poder. Panqueques si los hay. Una cosa es el gobierno que está, y otro es el que se fue. Los Panamá Papers y las cuentas ’off shore’ hoy no se discuten en el fuero judicial, se cajonean. Tal vez sepamos más de la verdad cuando éstos dejen el gobierno.

Muchos de estos jueces fueron puestos por Menem, y tantos otros por los propios Kirchner. Siempre con el aval del radicalismo en el Senado. El pueblo nunca incidió en la elección de ninguno de estos jueces. Están todos impugnados por parcialidad.

Que todas las empresas constructoras abran sus libros de contabilidad y se haga una investigación, hasta el final, de sus relaciones con el Estado en los últimos 30 años.

Que todos los jueces sean electos por el pueblo mediante el voto.

Que todos los juicios, en especial los de corrupción y malversación de fondos públicos, sean por jurados populares.






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