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Los casos de corrupción azotan a América Latina

Se dio a conocer la condena a 9 años de cárcel para Lula en Brasil por casos de corrupción. Pocos meses atrás, la red de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht que financiaba a partidos donde tiene inversiones. Chile tiene sus casos Penta y SQM. Pugnas entre los partidos del régimen y pugnas entre fracciones capitalistas, están en su raíz.

Nicolás Miranda

Comité de Redacción La Izquierda Diario

Sábado 15 de julio | Edición del día

Las denuncias de corrupción estallan

Toda la prensa capitalista está amplificando los casos de corrupción, ahora, dando a conocer un “mapa de los presidentes acusados de corrupción en América Latina”.

No se salva nadie. Brasil está en el ojo de la tormenta. Dilma fue destituida, su sucesor Temer está siendo acusado. Y su antecesor, Lula, acaba de ser condenado en una de las 5 causas en las que está investigado, a más de 9 años de prisión por corrupción y lavado de dinero. Puede apelar, si se ratifica la condena, podría ir a la cárcel y no postular nuevamente a la presidencia, tensionando toda la política del gigante sudamericano.

En Perú un fiscal solicitó, un día antes de saberse lo de Lula, prisión preventiva para el ex presidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia, por haber recibido 3 millones de dólares de la empresa brasileña Odebrecht para financiar su campaña del 2011. Poco antes se había pedido prisión preventiva para otro ex presidente, Alejandro Toledo y su esposa Eliane Karp, por distintas causas, en una, también estaría involucrada Odebrecht.

En Guatemala el ex presidente Otto Pérez Molina está en la cárcel, por casos de corrupción que le habrían significado el cobro de 38 millones de dólares por comisiones ilícitas cobradas a contratistas.

El ex presidente de Panamá Ricardo Martinelli, está detenido en Estados Unidos por un caso de escuchas ilegales, y se le investiga también por casos de corrupción.
El recientemente fallecido presidente de El Salvador Francisco Flores, estaba bajo arresto domiciliario por haberse apropiado de donaciones del gobierno de Taiwán de 15 millones de dólares. Otro ex presidente de este mismo país, Elías Antonio Saca, está detenido por peculado, agrupación ilícita y lavado de dinero.

El expresidente de Honduras Rafael Callejas está en proceso por sobornos.

En Chile, conocemos de los casos Penta y SQM, además de otros que han ido diluyéndose en el tiempo, y que ahora se están dejando morir, con la decisión del Servicio de Impuestos Internos de no presentar querellas, y de la Fiscalía de desistir en los hechos o llegar a acuerdos que eviten una pena de cárcel.

Las empresas y el caso Odebrecht

La crisis capitalista tiene ganadores y perdedores. Los ganadores son las empresas, los capitalistas, contra la inmensa mayoría del pueblo trabajador. Pero al interior de los capitalistas, hay fracciones perdedoras y ganadoras también. Las últimas, avanzan no solo incrementando la explotación de sus trabajadores, y la expoliación de los países, sino buscando apropiarse de una fracción de las ganancias en detrimento de sus competidores. Con todos los medios.

Un caso emblemático es el de la empresa de construcción brasileña Odebrecht, que estalló por tratarse de una red de corrupción que se extendió por casi toda América Latina.

Hay investigaciones de sobornos de esta empresa contra el presidente colombiano Juan Manuel Santos, el ex presidente brasileño Lula da Silva y el ex presidente peruano Alejandro Toledo. Ahora circulan nombres de partidos del régimen en Argentina. También en Chile se investigan conexiones con Marco Enríquez- Ominami e incluso con la última campaña presidencial de Bachelet.

La red de Odebrecht abarcaría los tres continentes, y habría comenzado el 2001. Los sobornos serían para obtener contratos con el sector público. En Brasil, el director ejecutivo de esta empresa, Marcelo Odebrecht, está cumpliendo una sentencia de 19 años de cárcel, por haber pagado más de 30 millones de dólares en sobornos a gerentes de la estatal brasileña Petrobras, la Operación Lava Jato (Autolavado).

Con la investigación, iniciada en Estados Unidos, los gerentes y dueños de la empresa, comenzaron a nombrar los distintos casos de soborno.

Imperialismo, disputas inter-burguesas, y los casos de corrupción

No es casual que tomara impulso en Estados Unidos. Hay una dura disputa por los mercados. Pero hay también, o tiene relación con, la imposición de una política. En Brasil, desbancar a Dilma y ahora a Lula, tiene que ver con que sus servicios al imperialismo eran insuficientes. Hay una fracción de la burguesía, imperialista y nacional, que quiere profundizar los ataques contra los trabajadores y el pueblo. La misión encomendada a Temer era pasar la reforma laboral, que acaba de ser escandalosamente aprobada.

En Argentina, el gobierno derechista y ajustador de Macri, realizó ya su tarifazo, aumentando las tarifas de luz y gas en hasta 5000%, y va por más, buscando ganar legitimidad en la corrupción de su antecesora Cristina Kirchner, que es responsable a su vez de otros ataques, y que se ven por ejemplo en los altos niveles de pobreza que dejó.

Una fracción imperialista y burguesa contra la otra, y ambas contra los trabajadores y el pueblo.

Odebrechet habría realizado sobornos por 343 millones de dólares en Brasil, por 98 millones en Venezuela, por 59 millones en Panamá, por 30 millones en Perú, por 18 millones en Guatemala, por 92 millones en República Dominicana, por 35,5 millones en Argentina, por 10 millones en México, por 33 millones en Ecuador.

Impotentes e hipócritas respuestas burguesas

La burguesía, a través de organismos como Transparencia Internacional, realiza recomendaciones como aumentar la transparencia y la coordinación entre los diferentes países, impulsar programas de prevención de la corrupción, responsabilidad social y divulgación educativa.

Otras respuestas son legislativas, como la reciente aprobación en Chile de leyes de transparencia y anti-corrupción.

Y otras, son las judiciales. Diez países impulsaron la coordinación de fiscales para llevar adelante las investigaciones del caso Odebrecht. Y el sistema judicial tomó protagonismo en Brasil. También los fiscales en Chile.

El fondo es el uso de estos instrumentos, judiciales, legislativos, normativos, por unas fracciones contra las otras.

Son medidas impotentes e hipócritas. Los partidos del régimen están al servicio de los empresarios. En Chile es conocido suficientemente cómo los empresarios hasta redactaron artículos de leyes, como en el caso de la Ley de Pesca. A cambio de eso, les pagan por sus servicios.

Pero no se trata tan solo de intereses inmediatos.

Marx sobre la corrupción

La corrupción es intrínseca al capitalismo. La corrupción es un efecto, uno más, que resulta del funcionamiento mismo del sistema capitalista. Está en la misma base de este sistema de producción, y es propio de la competencia por apropiarse de tajadas de las ganancias que obtienen de la explotación de la clase trabajadora, ahora agravado todo por su crisis y creciente creación de capital ficticio.

Ya Marx había advertido esta característica del capitalismo. En su libro La lucha de clases en Francia, por ejemplo, señalaba que “en tanto que la aristocracia financiera dictaba leyes, dirigía las gestiones del Estado, disponía de todos los poderes públicos constituidos, dominaba la opinión pública por la fuerza de los hechos y por la prensa en todas las esferas, desde la Corte hasta el café borgne [lugar de reunión de gente de negocios] se reproducía la misma prostitución, el mismo engaño desvergonzado, la misma sed de riquezas, no por la producción, sino por el escamoteo de la riqueza ya existente de otros”. El escamoteo de la riqueza ya existente de otros, por ejemplo, la coima, el soborno, para quedarse con un negocio a costa de otra fracción empresarial.

Y no se trata de una fracción del capital, la financiera, desvergonzada, contra otra, honesta, la industrial. En la época imperialista, estas fracciones se fusionan entre sí. Un ejemplo en Chile es Luksic, ligado al caso Caval, dueño del mayor banco nacional, de minas y de industrias.






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