TUCUMÁN

Los Facundos que llenan nuestras aulas

Reproducimos nota de opinión de Mercedes Lizondo, profesora de Filosofía en escuelas secundarias de Tucumán, y referente de la Agrupación Marrón Docente.

Mercedes Lizondo

Candidata a Secretaria Adjunta CTA - Lista 6A Marrón Multicolor

Domingo 11 de marzo | Edición del día

“Preceptor, no voy porque no tengo zapatillas”. Así, Sergio le hacía saber a mi compañero Marcelo, que es preceptor en la escuela en la que trabajamos, que la causa de que su nombre en el registro escolar marque varios ausentes es que no tiene zapatillas para ir a la escuela. No es una historia particular, los docentes tenemos las aulas llenas de ausencias.

Sergio tiene trece años. Vive en La Banda del Río Salí. Cuando los diarios y las redes sociales se inundaron con la muerte de Facundo en las manos de la policía de Manzur, me acordé de Sergio.

Hacer paralelismos de historias de vida es un tanto reduccionista, porque vacía la reflexión de los sueños y deseos subjetivos de cada pibe. Pero lo que se puede generalizar, son las condiciones de vida que atraviesan a los miles de nuestros niños y jóvenes que crecen entre la eterna exclusión de un sistema rancio, que nada tiene para ofrecerles más que la distribución de la miseria. Unos pocos mancillan los sueños de millones de explotados. ¿Absurdo no?

Camino entre los diarios, recorro las redes. Veo construir el enemigo, brindar por su muerte, saltear el dolor de las tripas reclamando el pan de cada día, el deseo muerto de los juguetes que se anhelan en las vidrieras. Pero también veo que se empiezan a cuestionar las raíces del entramado perverso en el que se define la vida (y la muerte) de millones de personas. Raíces que van tejiendo cada uno de los gobiernos de turno, mientras que las flores crecen sólo para unos pocos.

Sí, existe el enemigo. No es Facundo, no es el que construyen los medios masivos de comunicación ni la rabia vomitada en las redes sociales. Hay responsables, con estómagos entrenados con criterios gourmet, con cuentas que terminarían con el llanto de todas las mamás y papás que veo a diario por falta de laburo, por sus pibes muertos por la droga o en manos del estado y su policía.

No hace falta construir el enemigo, hace falta desnudarlo.

Te lloro Facundo. En estas líneas te doy mi palabra de dedicar cada día de mi vida a luchar para que todos nuestros Facundos tengan, finalmente, un mundo libre de miserias, lleno de colores y pelotas de caucho de las más lindas para que griten los goles más grandes del mundo.







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