Cultura

EL TELESCOPIO

Los Beatles: esa belleza dulce y dolorosa

Un exabrupto melancólico sobre los cuatro de Liverpool que le dieron un bife a la historia de la música.

Viernes 13 de marzo | 08:56

Cuando tenía más o menos ocho años no me gustaba ir a la escuela, tampoco me gustaba estar en mi casa. El momento reconfortante en cambio era la salida de la escuela: aparecía el Portugués, campera de gamuza marrón, pelo largo, y me saludaba cantando el principio de "Hello little girl" de los Beatles. Después se prendía un Parisiennes, doblábamos por Gualeguaychú y en ese viaje a pie de quince minutos yo seguro aprendía algo nuevo. Todavía sangro un poquito casi todos los días cuando me acuerdo. Algunos hermanos ya no son, los amores también pasan, pero los Beatles quedan.

Hace unos pocos años, una tarde medio engripada y medio mufada por alguno que había usado mi amor de apoyabrazos se me dio por volver a ver la película Submarino Amarillo. Vaso de vino entre la mano y la boca, me terminé emocionando con tanta belleza, pero belleza que desborda: Submarino Amarillo es como entrar en un mayorista de golosinas y tener todo gratis. Para qué más. Y todo tan, tan inglés.

En la película, el eje de la trama es Ringo, quien en realidad siempre fue el rezagado de los cuatro. Para mí, en cambio, él es como la Vauquita del mayorista de golosinas: habiendo tantas cosas uno en principio no da dos mangos por una golosina así, pero cuando la comés te das cuenta que es muy muy dulce, que es modesta pero tiene su encanto y tiene un envoltorio que da nostalgia. Ringo es eso. Dulzura, melancolía al mango y a veces hasta puede terminar siendo protagonista, como en esta película. Alguien le tenía que hacer justicia.

Más allá de mi evidente preferencia por Ringo, los Beatles son la banda sonora de mi vida, desde siempre, sobre todo en los fracasos, en las tristezas. Igual la verdad es que esos cuatro con su música nunca me levantaron de ninguna tristeza, siempre fueron más bien como la estufa eléctrica de tres velas en invierno: no te salva de nada, pero es necesaria. Tuve la suerte y sobre todo los recursos para escucharlos desde que tengo memoria, y me irrumpen de forma violenta en las emociones... pasan ciertos hermanos, pasan los amores, pasan las casas y los barrios pero los Beatles quedan.

Yo y tantos tuvimos suerte pero esos cuatro músicos lo que tuvieron fue el privilegio de poder fabricar tanta belleza a veces dolorosa evocando a un orgasmo, como así también a los gladiolos y claveles sobre los ataúdes. En una sociedad donde vivir haciendo arte no sea un privilegio, ¿cuántos Beatles habría? Esa es la sociedad donde yo viviría extasiada, empachada de goce y de inspiración. Y también, bah, eso es de las cosas que me mueven para dar vuelta la actual.







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