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Lo que deja la era Obama

Obama deja la Casa Blanca tras ocho años de gobierno. La precarización del empleo, las tensiones raciales, el millonario rescate a los bancos y la crisis en Medio Oriente entre los puntos clave.

Martes 8 de noviembre | Edición del día

Cuando Barack Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 2009, millones de personas abrigaban una esperanza de cambio. Su administración pretendió caracterizarse por una línea "moderada" que en cuestiones particulares -como la reforma de salud- se enfrentó con el ala más conservadora del partido republicano, aunque luego terminó cediendo. Hoy, a punto de dejar la Casa Blanca, las ilusiones de cambio se han evaporado y las desigualdades sociales y contradicciones políticas se exacerban en el escenario poscrisis económica de 2008.

A pesar de los intentos por mostrarse como un moderado hacia adentro y de pretender dejar cómo su legado el reestablecimiento de las relaciones con Cuba e Irán en el plano externo, el cuadro es bastante más complejo. La acumulación de contradicciones por los efectos de la crisis económica y la catastrófica situación en Medio Oriente, subproducto de la crisis de hegemonía estadounidense, están detrás de los verdaderos "hitos" del primer afroamericano en llegar a la presidencia. Creación masiva de empleos precarios, un aumento de las tensiones raciales, una juventud endeudada y empobrecida, deportación de millones de inmigrantes, guerras comerciales con Europa, y una profundización de la crisis en Siria e Irak, son parte del verdadero legado que deja Obama al próximo habitante de la Casa Blanca.

Precarización laboral y bajos salarios

La destrucción de millones de empleos y el cierre de fábricas y empresas que siguió al inicio de la crisis económica en 2008, tuvo como contrapartida la creación de empleos precarios, mayoritariamente en el sector servicios. El surgimiento de un movimiento de trabajadores que luchan por un salario mínimo de 15 dólares la hora es la respuesta a la creación masiva de empleos basura bajo el gobierno de Obama.

Desde que comenzó la gran recesión se crearon 14 millones de puestos de trabajo, pero la mayoría de ellos fue en sectores de bajos salarios. A pesar de la enorme presión por aumentar el salario mínimo a 15 dólares/hora, sólo se han aprobado algunos aumentos a nivel local y estatal. El salario mínimo federal (nacional) se encuentra en U$S 7,25/hora.

Aumento de la desigualdad

A pesar de haber gastado más de 3 billones de dólares en estímulo financiero, los beneficiarios de este gasto público no fueron los más necesitados: mientras que los salarios de los trabajadores se han mantenido estancados, las retribuciones de CEOs y el retorno a la inversión ha aumentado considerablemente. Como resultado, entre 2009 y 2012, los ingresos del 1% más rico creció 31%, mientras el resto de la población se mantuvo estable. La tendencia continúa hasta la actualidad.

El cuestionamiento a esta enorme transferencia de recursos hacia una minoría de multimillonarios impulsó el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street, que tuvo el mérito de señalar justamente esta enorme brecha en la desigualdad entre los ingresos del 1% más rico, en relación a los del resto de la población. Obama fue el artífice de este salvataje a los bancos, el sector financiero y las grandes empresas.

Una deuda estudiantil insostenible

Los millennials (la generación de aquellas personas nacidas después de 1980), son la primera generación que va a vivir peor que sus padres. Además de tener trabajos precarios que no les alcanza para vivir ni para independizarse de sus familias, muchos de ellos no pueden acceder a la educación superior que se ha convertido en un verdadero negocio imposible de costear.

El mercado está dominado por universidades privadas, pero incluso en las universidades públicas los costos hacen que gran parte de la población quede excluida o que se gradúe con deudas cada vez mayores. La generación que se graduó en 2015 batió récords históricos, con una deuda promedio por estudiante de 35 mil dólares.

Obama no cambió en lo más mínimo el perverso funcionamiento de este sistema, que es uno de los motivos por los que millones de jóvenes apoyaron la candidatura de Bernie Sanders durante las primarias demócratas, y sus promesas de acabar con el negocio de la educación.

Racismo

Los últimos dos años fueron escenario de un creciente número de asesinatos de afroamericanos a manos de policías blancos. El aumento de las tensiones raciales dio lugar a una ola de protestas en todo el país, comenzando en Ferguson y pasando por Baltimore, Nueva York o Charlotte. El racismo está presente no solo en los asesinatos por parte de la policía (representan el 40% mientras que son solo el 13% de la población del país) sino también en las tasas de encarcelamiento, donde constituyen el 37% de la población.

En cuanto a los ingresos, la diferencia es abrumadora: mientras que la media de ingreso de una familia blanca era de 58 mil dólares anuales en 2007 y se redujo a 55 mil en 2013, en las familias no-blancas esta cifra disminuyó de 41 mil a 34 mil. La brecha racial aumentó ostensiblemente.

El surgimiento del movimiento Black Lives Matter es una expresión profunda del racismo institucional e histórico que no pudo ser resuelto ni por la llegada del primer presidente negro a la Casa Blanca. El fin de la ilusión de que se podía alcanzar una sociedad "posracial" en EE.UU. es parte del descontento creciente con las promesas incumplidas de Obama.

Treinta millones sin cobertura de salud

Anunciada con bombos y platillos durante la campaña y finalmente implementada en 2014, la reforma de salud de Obama está hecha a la medida de las corporaciones del sector salud. Si bien tuvo un aumento de la cobertura pública para los pobres (Medicaid), el grueso de los nuevos asegurados son debido a la “cláusula individual” que obliga a todo individuo a contratar un seguro de salud en el mercado. Aún así quedan 30 millones de personas sin cobertura, además de los inmigrantes indocumentados, que están virtualmente fuera de las estadísticas.

Deportación masiva de inmigrantes

Ante las declaraciones xenófobas y racistas de Trump, Obama podría parecer un paladín de la lucha de los inmigrantes, sin embargo será recordado como un deportador serial de indocumentados.

Obama anunció una orden ejecutiva en 2014 que otorgaría residencia temporaria 4 millones de inmigrantes ingresados como menores a EE.UU., pero dejando por fuera a 7 millones de indocumentados. Aún así, el decreto fue frenado por la oposición de varios gobiernos estatales. A pesar de esta supuesta apertura, Obama deportó más inmigrantes que cualquier presidente en la historia de EE.UU.: 2,5 millones desde que asumió la presidencia en 2009. George W Bush deportó sólo 23% de esta cifra.

A este prontuario se suma la responsabilidad de Obama por la crisis y las guerras en varios países de Medio Oriente. A pesar de de haber reducido a su mínima expresión sus tropas en Afganistán e Irak, Obama mantuvo una intervención militar y ha extendido el uso de aviones no tripulados que evitan las bajas norteamericanas pero multiplican las de los civiles de otros países. El caso más claro es el de la frontera entre Pakistan y Afganistan, donde los "daños colaterales" son una constante.

Como parte de la guerra "contra el terrorismo" Obama le da soporte a la monarquía saudita en sus bombardeos contra Yemen, y financia directamente el desarrollo armamentístico del ejercito sionista de Israel. Además lidera la coalición contra el Estado Islámico en Siria que se cobró la vida de mas de 350.000 personas en los últimos cinco años. Esta política hundió la región en una crisis humanitaria de proporciones históricas, expresada entre otras cosas en la crisis migratoria que vive Europa.

Gran parte de quienes votaron a Obama, entre ellos jóvenes, estudiantes y trabajadores vieron como sus ilusiones se iban deshaciendo durante los ocho años que se mantuvo en la Casa Blanca. Es que a pesar de expectativas con las que recibían al primer presidente afroamericano tras los descalabros de la era Bush, Obama demostró que más allá de la raza, el género o el partido al que pertenezca, el habitante de la Casa Blanca es ante todo el el representante de la burguesía imperialista estadounidense y, a pesar de su decadencia, el jefe del ejercito de la principal potencia mundial.


Parte de este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Claves de la Política Internacional, del mes de marzo de 2016.




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