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MEGALÓPOLIS

¿Llegó el cambio climático a la Ciudad de México?

Cada vez que llega la temporada de lluvias, los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México nos encontramos con la misma problemática de padecer no sólo las inundaciones, si no la tortuosa situación del transporte público que es, en cuanto a tiempos de traslado, el segundo más tardado de América Latina.

Lunes 11 de septiembre | 18:14

Las autoridades cada vez que se presenta esta situación culpan a las “lluvias atípicas”, sin embargo, cada vez son más frecuentes las noticias de las inundaciones, donde los sectores pobres siempre son los que terminan afectados en sus casas; además de los verdaderos viacrucis que todos los trabajadores y estudiantes padecemos a la hora de trasladarnos en el transporte público.

Por todo esto: ¿qué tan atípicas son las lluvias que se están presentando en la ZMVM? ¿realmente estamos ante una situación de cambio climático?

La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), se encuentra en lo que originalmente se llamó la Provincia de los Lagos y Volcanes de Anáhuac y ahora pertenece a la cuenca del Valle de México. Esto quiere decir que alguna vez nuestra ciudad estuvo rodeada por 5 lagos principales Tzompanco (Zumpango), Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco.

Después de la Conquista, vinieron grandes obras para comenzar a desplazar a los lagos y expandir la ciudad, sin embargo, las inundaciones nunca cesaron. En cambio, las construcciones de los españoles dañaron el delicado sistema de drenaje de lo que fue Tenochtitlan, así iniciaba la historia de grandes proyectos de ingeniería para desecar el gran lago.

Para 1600, el canal de Nochistongo fue planeado para desviar el agua que contenían los lagos. Tiempo después, en 1866, por medio del Gran Canal de desagüe, que fue la mayor obra de ingeniería del país hasta entonces, se buscaba drenar las aguas que aun formaban parte de la cuenca del Vall de México. Finalmente, las obras más recientes, como el Gran Canal del Desagüe de 1900, el Drenaje Profundo o Túnel Emisor Central, comenzado en 1975, y el Túnel Emisor Oriente (aún en construcción), siguen la misma lógica de drenar la cuenca, y lo que antes fue el gran lago de Texcoco ha desaparecido para dar paso a un gran sector de la megalópolis en la que ahora habitamos.

Irónicamente esto llevó, a transportar agua desde el Sistema Cutzamala para 1980 debido a la imposibilidad para abastecer de este recurso a la creciente población en la capital. Las principales fuentes de abastecimiento de agua para los 22 millones de habitantes de la Zona Metropolitana son los sobreexplotados acuíferos locales, de donde se extrae 68% del líquido; los trasvases del Río Lerma y el Sistema Cutzamala, que juntos suministran 6%; y el reuso del agua, que aporta 7% del total que se utiliza.

La temporada de lluvias en Ciudad de México, es de mayo a septiembre, por lo tanto, puede decirse que las precipitaciones que presenta la capital del país son “normales”, sin embargo, en lo que va de la temporada, mes a mes se han registrado en prácticamente toda la ciudad fuertes inundaciones y en los últimos días hemos sido testigos de la aparición de socavones en varios puntos de la ciudad.
David K. Adams, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, menciona que las inundaciones se evitarían si sembráramos más árboles, no dejáramos que crecieran tanto las zonas con asfalto y se limpiaran los drenajes”.

Además, un factor importante que influye en el incremento de las lluvias es el calentamiento global, según considera el experto de la UNAM. “Si calentamos el mar y la atmósfera, lo más obvio es que habrá más vapor de agua; entonces, si llueve es muy probable que las lluvias sean más intensas por la inestabilidad que estamos creando”.

Ante esto el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera anunció: “Estas lluvias ya no van a ser precipitaciones inusuales, van a ser de cada temporada. Las tenemos que esperar porque se van a presentar y cada vez más intensas … Ya nos alcanzó el cambio climático”, concluyó Mancera.

Esta declaración la hizo con la intención de atraer más recursos a las obras de drenaje, como el Túnel Emisor Oriente, para lo que solicitó a la federación 10 mil millones de pesos. El diagnóstico de Mancera coincide con el del encargado de las aguas en Ciudad de México, Ramón Aguirre, quien explica en entrevista que las “lluvias atípicas” se han recrudecido en los últimos años. Particularmente, desde 2015 se registran precipitaciones más intensas en intervalos de tiempo más cortos.

El problema es histórico: al desaparecer los lagos, se perdió un importante sumidero de calor. Es obvio que, con la construcción de edificios y calles, que debido a su composición química, atraen y conservan el calor, modificando el movimiento del aire y, por lo tanto, modificando el comportamiento de la lluvia. Por eso la Ciudad de México es incapaz de hacer frente a los problemas de manejo de agua. Lo que representan una paradoja: mientras una parte se inunda con una lluvia atípica, cada vez más colonias padecen escasez del líquido.

Así, mientras la mitad del año en la ZMVM padecemos las inundaciones, la otra mitad del año los capitalinos sufrimos la escasez de agua, tal como advierte Daniel Salazar, presidente del consejo Ciudadano de Desarrollo Sustentable, y ex diputado local: “Aunque el sistema hidráulico estuvo mal planeado desde su origen, en los últimos años se ha hecho más evidente con las inundaciones que colapsan la ciudad y la escasez del líquido para una buena parte de la población.”
A mayor temperatura por el cambio climático, la Ciudad de México requerirá más agua. Se necesitará bombear más desde sitios más lejanos y pozos más profundos.

Esto último acelerará los hundimientos o socavones. Es una espiral destructiva que debería ser detenida, según la campañista en temas urbanos de Greenpeace México, Paloma Neumann: “Es increíble el absurdo en el que vivimos: una ciudad que cada año se inunda, y que los esfuerzos de sus autoridades y la gran inversión en tubos, bombas y energía para que éstas funcionen, han conseguido que el agua escasee en temporada de secas”.

Es un reto para la Ciudad de México, mientras que su geografía indica que siempre tenderá a inundarse, las lluvias que recibe año con año serán cada vez más intensas, sin embargo sus habitantes son cada vez más vulnerables a la falta de agua, para dar solución a este tema, según expertos es mejor dar prioridad a un sistema de captación de agua de lluvias, desgraciadamente sus autoridades siguen en su empeño de atraer más inversión en mega estructuras que contribuyen a desviar el agua que naturalmente llega a la cuenca del valle de México.






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