Política

ROSARIO

Lifschitz toma la política de “mano dura” y se acerca a la agenda de Cambiemos

El consenso para endurecer el rol de las fuerzas represivas en Rosario es casi total. El propio gobernador se sumó al reclamo de “seguridad” dirigido a él mismo. La derechización del ambiente político y la izquierda funcional.

Martes 30 de agosto de 2016 | Edición del día

Luego de la importante movilización en reclamo de medidas de “seguridad”, el gobernador Miguel Lifschitz pasó del silencio a legitimar desde el Estado provincial una línea de endurecimiento policial y judicial, y la instalación de tropas de Gendarmería y Prefectura en Rosario.

Lifschitz declaró que la movilización fue “positiva” y que a él la inseguridad le afecta como a cualquier ciudadano (sic). Mientras tanto dio luz verde a una línea de endurecimiento policial, con la instalación de 1500 gendarmes y prefectos en Gran Rosario, y de mayor presencia de efectivos de la Policía Santafesina. Puntualmente se apunta a los motociclistas que, en un pase de magia, fueron convertidos todos en potenciales terroristas o delincuentes: se les exigirá patente en los cascos y otras medidas de identificación.

El concejal “socialista” Horacio Ghirardi dice que muchos delincuentes viajan en moto, por eso hay que apuntar a los conductores. Sí. También habitualmente los ladrones usan ropa. Por lo que el gobierno puede también pensar en detener a todos los sospechosos que usen pantalones o camperas. Parece que el delito no viaja en autos, en barcos, en patrulleros ni en helicópteros.

La otra medida apunta a un robustecimiento judicial. Sí, en la provincia donde no hay un solo preso por las muertes del 2001, por el asesinato de Sandra Cabrera, por el asesinato de la testigo contra genocidas Silvia Suppo, por las inundaciones en Santa Fe, en la provincia donde jueces federales y provinciales compiten en ver quién es más grotesco en la protección a policías involucrados en casos de gatillo fácil, se busca acelerar y endurecer los procesos y las condenas a los responsables de delitos callejeros.

Un consenso de endurecimiento estatal

Los grandes medios como copartícipes necesarios de la instalación de una derechización de la agenda pública. Sobre el indudable sufrimiento de familiares de víctimas de casos de violencia urbana, se monta un discurso que tiene un objetivo, el endurecimiento de las políticas represivas del Estado, y dos trampas: el ocultamiento del rol policial en la trama del delito y el peso de las causas sociales en esta problemática.

El pedido de “más Policía”, central en los reclamos por “seguridad”, se choca de frente con el rol central que juega la fuerza provincial en la gestión del delito, teniendo el caso del procesado ex jefe policial, Hugo Tognoli, como paradigma de una podredumbre más general. Desde la Banda de Los Monos hasta el Triple Crimen de Villa Moreno, no hay caso resonante que salga en “policiales” que no tenga, valga la paradoja, policías involucrados. No por casualidad 7 de cada 10 rosarinos tiene una visión negativa de la Santafesina. Pero se propone al zorro como sereno del gallinero.

La venida de “tropas federales”, utilizadas como preferenciales por el kirchnerismo, vendría a emparchar este brete, con toda la autoridad de ser las fuerzas involucradas en la represión e infiltración a la protesta social bajo el kirchnerismo (Gendarmería) y de ser responsables del colador para el ingreso y egreso de droga por los puertos (Prefectura). Pronto Rosario estará teñido de verde oliva y caqui.

Detrás de la realidad de las familias movilizadas la semana pasada, se agazapan partidos presos de oportunismo electoral, que piensan en las elecciones de 2017 como escenario no de la resolución de las demandas populares, sino de disputas entre fracciones de los partidos tradicionales.

Las cifras que no le importan a nadie

Los mismos días en los que creció el discurso “securitista”, se conocieron las cifras del desempleo. La ciudad que se hundió en las dos últimas grandes crisis económicas, 1989 y 2001, prendió las luces de alarma al ubicarse como la primera en el índice de desempleo del Indec, con un 11,7%. Aún así, y a pesar de la desigualdad galopante de una ciudad en la que se construyen torres vacías mientras 200 mil rosarinos viven en barrios de emergencia, nadie osó mencionar esto como terreno fértil para la degradación social, ideal para el reclutamiento de bandas ligadas al Estado.

Lifschitz, al pasar, declaró hoy que “La pobreza y el desempleo promueven el delito”. Sin embargo el Gobernador y el Frente Progresista no recordaron esta premisa cuando permitieron el cierre de Arzinc, de Mahle, de Paraná Metal y de varios tambos, o cuando toleraron que empresarios echen trabajadores como moscas. Tampoco cuando permiten que los empresarios paguen salarios menores que los que pagan las bandas criminales a sus “soldaditos”.

El Partido Socialista agrava su cuadro de esquizofrenia. Trata de administrar su puja para que a la UCR santafesina no se la fagocite el PRO, pero lo hace convirtiendo como propia toda la agenda del macrismo: pago a los buitres, endeudamiento provincial, ataque a los docentes y, ahora, mano dura.

Un innecesario apoyo por izquierda

A esta agenda de notable endurecimiento represivo, le han dado un espaldarazo organizaciones políticas y sindicales. Apremiados por la coyuntura y por la premisa de que “hay que dar alguna respuesta concreta”, varias organizaciones se han corrido de la insistencia que deberían hacer sobre el conjunto de temas irresueltos por los partidos de los empresarios, para legitimar una agenda de mano dura.

Los de arriba generan las condiciones de la desigualdad y protegen a una Policía podrida y luego piden palos para contener la crisis generada por ellos, de la mano de esta Policía cuestionada y narco. Y a su izquierda reciben un innecesario e inmerecido apoyo. El corrimiento de organizaciones como el Frente Social y Popular de Carlos del Frade (que se movilizó la semana pasada) y el Frente Ciudad Futura (que propone un Comité de crisis con el gobierno responsable), hacia esta agenda, flaco favor le hace a gobernantes y sus guardianes.

El Frente de Izquierda-PTS se opone a legitimar el giro represivo de dos gobiernos que son los responsables de la crisis social. La pelea por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, de trabajo, salario y vivienda, y de es nuestra agenda alternativa al “empoderamiento” de las fuerzas represivas. Nos oponemos que Rosario sea, además de un foco de desigualdad, una “cárcel a cielo abierto”.







Temas relacionados

Socialismo   /    Inseguridad   /    Rosario   /    Libertades Democráticas   /    Santa Fe   /    Política

Comentarios

DEJAR COMENTARIO