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Licencia para picanear: ¿a quiénes?

Jueves 19 de marzo de 2015 | Edición del día

Los mercenarios de Macri tendrán sus pistolas Tasers, “armas no letales” (ANL). “Las ANL están explícitamente diseñadas y desarrolladas para incapacitar o repeler personal, con una baja probabilidad de fatalidad o daño permanente, o para inutilizar equipos, con un mínimo de daños no deseados o impacto en el medio ambiente. Estas armas están ideadas para reprimir masivamente a civiles desarmados. Los enfrentamientos urbanos, la lucha en los edificios o el rescate de rehenes son escenarios donde este tipo de armas pueden ayudar a cumplir la misión minimizando el impacto en la población. (...)"

Así están definidas las ANL. Y concluye: "(...) Hay que señalar que, a pesar de todo, como cualquier arma, comporta cierto riesgo de fatalidad y bajo ciertas circunstancias como la mala utilización por parte del usuario, las características particulares de salud de la víctima o el funcionamiento defectuoso pueden causar la muerte".

La noticia resonó en los medios durante todo el día. Clarín, diario que supo entrenar y desarrollarse con éxito durante la última dictadura en cuanto a la "construcción del enemigo" - los "subversivos" -, y a legitimar la acción represiva del Estado, citó a un Aníbal Fernández horrorizado diciendo: "para Macri será un placer ver un tipo revolcándose en el piso torturado por tan solo asistir a una manifestación".

Es curiosamente cínico que el mismo jefe de Gabinete hace días, dijera a propósito de un corte parcial de Panamericana por parte de los trabajadores de LEAR que "no tienen derecho a hacer esto" y que "hay que terminar con este tema". Recordemos que muchos trabajadores y estudiantes han terminado retorciéndose - pero de pie - ante la tortura de las ANL de la Gendarmería Nacional, como las balas de goma, gases lacrimógenos y cachiporras, que derivaron con decenas de hospitalizados.

¿Qué habrá querido decir el horrorizado Fernández?

De lo que no habló el incondicional Aníbal fue del acto a todo trapo del ministro de seguridad de Buenos Aires, del Frente Para La Victoria, Alejandro Granados quién hace días rompía el silencio en el micrófono con euforia: "Y acá están, armados, como debe ser. Porque ¿dónde vieron a un policía que no use pistola para reprimir el delito...? Muchos se hicieron los boludos con la ley, ¡hasta que este hombre puso la firma!" (aplausos).

El "Mataguachos" (como lo apodaron en Ezeiza al jefe de los escuadrones de la muerte) se refería a la firma de Daniel Scioli, quién declaró: "Esta es una policía próxima, amigable. No autoritaria, pero sí con autoridad".

¿Qué se celebraba en ese acto? ¿Qué dice el contrato? Que las policías municipales (que dependen de los intendentes locales) hasta el momento no podían portar armas de fuego. Lograron revertirlo. El FPV lo hizo. ¿A quién se le ocurre tener desarmados a los patovas de la caja chica del negocio grande de aprovisionar de esclavas los prostíbulos, de vender falopa de la mala para el reviente de los pibes y de la buena para el Congreso y Puerto Madero, los desarmaderos, el tráfico de armas y como no, el circular negocio de "la seguridad"?

Algún distraído podrá decir, "momento, la inseguridad no es sólo una sensación". Claro. Estos muchachos, organizan el show del crimen, meten miedo, un poco de prensa para dar la voz de alarma, y la ciudadanía bien (y no sólo bien) estará pidiendo más y más de policía. Más de ellos mismos, y así la serpiente se muerde la cola mientras engorda.

Pero volviendo a las ANL, lo llamativo consiste, no sólo en lo crudo de que el poder judicial porteño avale la utilización de un elemento de tortura, sino en que abiertamente están pensados para "reprimir masivamente a civiles desarmados". ¿A quién apuntarán las Taser de Macri o las 9mm de los pibes para la liberación? ¿A las señoras de Paraguas Gucci y camperas Columbia? ¿A los pibes de La Cámpora cuando van a consumir un poco de la magia del relato y a aplaudir a Cristina, o cuando salen de alojarse en las instalaciones del ejército de Milani?

Todo parecería indicar que no. Se preparan, como en la primer mano del TEG, colocan sus fichas. Saben que tendrán, tarde o temprano, que enfrentarse con los trabajadores, los jóvenes y mujeres que no se quedan con sabor a Champán en los labios después de esta década.

Las Taser serán entonces, junto con diarios, tv, parlamentos, leyes, juzgados, destacamentos y cárceles, un instrumento más para intentar asegurar el "derecho al negocio" al precio de cualquier otro derecho. A cualquier precio.







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