Géneros y Sexualidades

VIOLENCIA DE GÉNERO

Licencia para Alperovich: ¿sorpresa o construcción de más impunidad?

El senador tucumano fue denunciado por violación por su sobrina. Su pedido de licencia en la Cámara alta fue aprobado este miércoles, durante la sesión preparatoria, en la que juraron autoridades y legisladores electos en los comicios de octubre.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Miércoles 27 de noviembre | 20:00

El Senado de la Nación aprobó el pedido de licencia del tucumano José Alperovich. Fue este miércoles por la tarde, por el plazo de seis meses y sin goce de sueldo, tal como había pedido finalmente el legislador peronista y tres veces gobernador de la provincia.

El pedido de Alperovich llegó luego que trascendiera la denuncia por abuso sexual que realizó una sobrina y empleada suya. La joven, que se presentó ante el Poder Judicial tucumano y ante la justicia porteña, en la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres, afirmó con una carta que sufrió violencia “sexual, física y psicológica” por parte del senador, y durante un año y medio: "desde diciembre de 2017 hasta mayo de 2019", tiempo en el que dependió laboralmente de él.

En sus redes sociales, Alperovich se consideró "víctima de denuncias", afirmó que "la imputación es absolutamente falsa", se negó a pedir la licencia -a la que accedió luego de numerosas presiones- y dijo que demostrará su inocencia "a la corta o a la larga".

El doble filo de la sororidad

Entre otras cosas, la licencia de Alperovich se convirtió en oportunidad para que el nuevo oficialismo y la nueva oposición se pronunciaran en la sesión preparatoria que se realizó este miércoles, a dos días de una nueva movilización contra la violencia machista, en la que sus organizaciones como era de esperarse estuvieron ausentes.

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Tras las declaraciones del presidente electo, Alberto Fernández, que afirmó que "si la denuncia es cierta, es muy grave", la peronista Norma Durango (Frente de Todos), que preside la Comisión Banca de la Mujer, leyó un comunicado. “Nos solidarizamos con las mujeres que han sido abusadas o acosadas, dentro y fuera de este Senado”, dijo. La senadora pampeana destacó que "asistimos conmovidas al relato de todas aquellas mujeres que están hablando de sus vidas, de sus dolores, de años de opresión en primera persona, poniéndole el cuerpo y palabra en todos los ámbitos, a relaciones de poder donde la supremacía del varón marca y somete; denigra y cosifica; vulnera y ultraja”.

La tucumana Silvia Elías de Pérez (UCR-PRO) también leyó un texto, recordó haber pedido alguna vez la aplicación del Protocolo contra la Violencia de Género, y detalló medidas que el Senado habría adoptado durante la gestión saliente, para proteger a la víctima.

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Elías de Pérez, opositora al Frente de Todos pero cercana en sus posiciones a Juan Manzur, a Alperovich, a las cúpulas de las Iglesias y a los grupos antiderechos, jamás defendió la lucha por los derechos de las mujeres y disidencias, pero esta vez reclamó a la justicia tucumana que actúe “con celeridad”. “No queremos que estos hechos aberrantes queden sin esclarecerse”, dijo.

No es sorpresa, es la impunidad de Alperovich

Es difícil creer en la "sorpresa" de las legisladoras que representan a los nuevos oficialistas y opositores del Senado, aunque desde ya se comparta que es necesario garantizar la protección de las víctimas de la violencia machista, como hemos exigido incansablemente en el Congreso y en las calles desde el Frente de Izquierda. Y es difícil, porque si "la impunidad solo genera más impunidad", como advirtió recientemente la legisladora Myriam Bregman, hay que advertir también que no alcanza con pedir la "aplicación de protocolos" o "conmoverse" ante las denuncias, una vez que éstas trascienden.

Las denuncias que recaen hace años sobre el tres veces gobernador del peronismo, no son desconocidas para nadie y mucho menos para el poder político que sostiene al Senado de la Nación.

La causa iniciada por la sobrina de Alperovich espera su curso en la justicia tucumana y en la justicia porteña, pero independientemente del destino que se le otorgue a estas causas (o no tanto), ya cabe hacer una reflexión más profunda: alrededor de la misoginia y de la impunidad de Alperovich, la justicia, los funcionarios políticos y los partidos mayoritarios siempre respondieron con un silencio ensordecedor.

El femicidio de Paulina Lebbos y el brutal entramado de encubrimiento que tejieron diversos funcionarios estatales, entre los que sigue siendo investigado el propio senador Alperovich, justamente por el encubrimiento de esa fiesta de "los hijos del poder", entre los que se encontraba el suyo, y donde se vio a Paulina con vida por última vez; el caso de Belén, presa por sufrir un aborto espontáneo, como tantas otras jóvenes y pobres criminalizadas por causas similares durante sus gobiernos, son sólo dos antecedentes.

El acoso televisado hacia una periodista tucumana; sus reaccionarias declaraciones contra el derecho de las mujeres a no morir por la clandestinidad del aborto; su papel de garante de impunidad para las redes de trata, como demostró la causa por la desaparición de Marita Verón; sus gestos hacia las cúpulas de las Iglesias, como los que se vieron durante el debate de aborto en el Congreso, también hablan de esa impunidad. Una impunidad que fue construida a la vista y con el aval de Todos.

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Como mostraron con su organización las mujeres que arrancaron a Belén de la cárcel, para que no haya más impunidad no sólo es necesario que se apliquen protocolos de violencia que instruyan en el proceder de tal o cual institución. Ante todo, es necesario que se investigue cada hecho sin las ataduras que impone el interés de los gobiernos de turno, de los funcionarios políticos, de los poderosos, de los amigos y de los hijos del poder.

Que se termine con el entramado de impunidad que protege a los que garantizan el negocio de las redes de trata, la explotación sexual y los asesinatos de mujeres como si fuéramos cosas; que se termine con la doble moral del poder político, ese detestable doble estándar al que asistimos con el debate de aborto en el Congreso, con personajes como Alperovich hablando en nombre de la vida y condenando a las mujeres a la muerte, depende en parte de ello.







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