Mundo Obrero

OPINIÓN

Libertad de trabajo, derecho de huelga y piquetes

Frente a las amenazas del gobierno tenemos que defender los derechos de los trabajadores con nuestros métodos históricos.

Miércoles 5 de abril | 20:00

“La función de la violencia por la cual ésta es tan temida y se aparece, con razón, para el derecho como tan peligrosa, se presentará justamente allí donde todavía le es permitido manifestarse según el ordenamiento jurídico actual. Ello se comprueba sobre todo en la lucha de clases, bajo la forma de derecho a la huelga oficialmente garantizado a los obreros. La clase obrera organizada es hoy, junto con los estados, el único sujeto jurídico que tiene derecho a la violencia. Contra esta tesis se puede ciertamente objetar que una omisión en la acción, un no- obrar, como lo es en última instancia la huelga, no puede ser definido como violencia. Tal consideración ha facilitado al poder estatal la concesión del derecho a la huelga, cuando ello ya no podía ser evitado. Pero dicha consideración no tiene valor ilimitado, porque no tiene valor incondicional. Es verdad que la omisión de una acción e incluso de un servicio, donde equivale sencillamente a una “ruptura de relaciones”, puede ser un medio del todo puro y libre de violencia. Y como, según la concepción del estado (o del derecho), con el derecho a la huelga se concede a las asociaciones obreras no tanto un derecho a la violencia sino más bien el derecho a sustraerse a la violencia, en el caso de que ésta fuera ejercida indirectamente por el patrono, puede producirse de vez en cuando una huelga que corresponde a este modelo y que pretende ser sólo un “apartamiento”, una “separación” respecto del patrono.

Pero el momento de la violencia se presenta, como extorsión, en una omisión como la antedicha, cuando se produce respecto a la fundamental disposición a retomar como antes la acción interrumpida, en ciertas condiciones que no tienen absolutamente nada que ver con ella o modifican sólo algún aspecto exterior. Y en este sentido, según la concepción de la clase obrera –opuesta a la del estado-, el derecho de huelga es el derecho a usar la violencia para imponer determinados propósitos”.

Walter Benjamin

“Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz…Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga… los piquetes siguen su trabajo indetenido…con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…”.

(Periódico obrero Spartacus, sobre la huelga de la construcción de 1936)

El gobierno de Cambiemos se ha encargado de informar que no va a tolerar los piquetes que impidan la circulación del transporte. La Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, la misma que fue Ministra de Trabajo de la Alianza que rebajo el salario de los estatales y jubilados, declaro: "mañana vamos a evitar que (…) se corten los accesos". Referida a los piquetes la funcionaria del PRO prosiguió: "lo que quieren es mostrar el caos. El objetivo es amedrentar al que quiere ir a trabajar en libertad. Y las fuerzas de seguridad, en los accesos a la Ciudad, en la Panamericana, vamos a impedir que eso suceda. De manera democrática, vamos a impedir que haya gente que no pueda llegar a su lugar de trabajo".

Libertad de trabajo

Las declaraciones del macrismo contra los piquetes, las amenazas represivas de Patricia Bullrich Luro Pueyrredon, hablan de un intento de exigir -por parte de un gobierno que recluta sus miembros entre lo más granado de la burguesía argentina- a los trabajadores que cedan su derecho de huelga en favor de los intereses patronales que se amparan en la libertad de trabajo. Es desconocer el derecho de los trabajadores a la huelga en su propia concepción: como un acto de fuerza para imponer sus propósitos y su poder. Al oponer la “libertad de trabajo” (que es de interés del patrón) al derecho de huelga se niega este último. Como decía Marx, entre dos derechos iguales decide la fuerza.

Derecho contra derecho

Para el derecho la violencia es una fuerza jurídicamente ordenada, sujeta a una legalidad que le otorga el monopolio de su uso al estado burgués. Cuando no se atiene a esta norma es una fuerza antijurídica, ilegal y peligrosa, que introduce el elemento del caos y el temor en el cuerpo social. En la lucha de clases la violencia es una fuerza legítima -y hasta cierto punto legal- de la clase trabajadora, porque la violencia de las luchas obreras, su amenaza latente sobre la sociedad capitalista, permitió establecer el derecho de huelga, que es decir el derecho de coaccionar sobre la producción y la circulación de las personas y mercancías. Podemos decir tranquilamente que la clase obrera debe concebir el derecho de huelga también como el derecho a usar la violencia para imponer sus propósitos. Es una ruptura radical con el orden concebir así la lucha de clases y tiene que ver con la experiencia práctica de la propia clase obrera.

La coacción patronal cuenta para sí con la policía, los carneros, la justicia, la propiedad de los medios de producción y comunicación para demonizar la lucha obrera, la potestad de poner fin al contrato de trabajo. Para la burguesía la única violencia legítima es la legal ya que ésta se ampara en su derecho. Frente a la huelga, el gobierno y los patrones cuentan con sus herramientas de coacción legales, millones de trabajadores precarizados sin ningún derecho y representación, chantajeados y extorsionados para ejercer su “libertad de trabajo” contra sus propios intereses de clase; la burocracia sindical que despoja de protección legal a los trabajadores precarizados que quieran ir al paro y siempre, detrás de ellos, la policía y los gendarmes dispuestos a reprimir; la justicia lista para procesar a luchadores obreros y populares y siempre está latente la amenaza de despido para quienes participen de la huelga. No esta demás decir que el andamiaje jurídico de la democracia burguesa es la legalidad de la dictadura del capital matizada con las relaciones de derecho impuestas por la clase obrera y el pueblo pobre.

Derecho de huelga y piquete

Frente a estas fuerzas extorsivas y represivas de los empresarios y su Estado, ante esta violencia, el piquete es la “fuerza de ley” de la huelga. Precisamente, la huelga es una medida de fuerza que paraliza la producción y circulación de mercancías y es el piquete el que evita que se quiebre la huelga mediante el uso de carneros, y el que garantiza el control de la calle. A lo largo de la historia del movimiento obrero internacional, el piquete se erigió como la organización del activismo para garantizar el derecho de huelga contra la coacción patronal (la “libertad de trabajo”).

Para los trabajadores el derecho al piquete es tan sagrado como el derecho de huelga porque son una y la misma cosa. Formas legítimas de lucha de clases contra la explotación y el abuso de los capitalistas y su Estado. El piquete produce la huelga, porque toda huelga auténtica se apoya en los piquetes. Su origen es tan viejo como el movimiento obrero y la huelga. En Argentina fueron los sindicatos anarquistas de principios del siglo XX quienes organizaron los piquetes y, desde entonces, estuvieron presentes en las grandes epopeyas de nuestra clase. Así lo atestiguan las luchas del Centenario, la Semana Trágica de 1919 -que comenzó como un enfrentamiento entre los piquetes y los carneros- o las huelgas de los peones rurales de la Patagonia en los ‘20 contra los estancieros británicos, reprimidas a sangre y fuego por otro gobierno “nacional y popular” reivindicado por los K, el de Hipólito Yrigoyen. Fueron los piquetes los que sostuvieron la huelga general de la construcción de 1936. Los que forjaron la “Resistencia peronista”, en realidad, resistencia obrera al régimen fusilador, y los que protagonizaron la ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre y los combates en el barrio de Mataderos en 1959. Así podemos seguir dando ejemplos hasta la gran huelga general de junio y julio de 1975 contra el gobierno peronista de Isabel y López Rega.

En los ’90, el piquete dio los mártires de las luchas obreras y populares. Fue utilizado por los trabajadores desocupados, expulsados de la fuerza de trabajo por el menemismo -que los Kirhcner integraban- y la Alianza, como forma de impedir la circulación de mercancías. Cortando rutas como en Cutral-Co (donde asesinan a Teresa Rodríguez), General Mosconi (donde cae asesinado Aníbal Verón), General San Martín y Tartagal: nacía el movimiento piquetero.

La tradición de la huelga pasiva es de la burocracia sindical peronista no de la clase obrera argentina que protagonizo sus epopeyas más importantes recurriendo al piquete y mucho más en la lucha contra los gobiernos y los patrones. Visto así el piquete es la fuerza de ley de la huelga y funda su derecho en un uso legítimo de la violencia, conquistado históricamente a través del derecho de huelga. Es el poder de fuego del manifestante y el huelguista. Por eso el gobierno y la burguesía los aborrecen, son la negación práctica del poder de los explotadores.






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