Internacional

GUERRERISMO Y XENOFOBIA EN EUROPA

“Libertad, Igualdad y Fraternidad”… o como decía Marx: “Infantería, Caballería y Artillería”

Después de los brutales atentados de Paris y las declaraciones guerreristas de Hollande volvemos escuchar en los medios de comunicación discursos plagados de islamofobia, xenofobia y otros “valores europeos.”

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Viernes 20 de noviembre de 2015 | Edición del día

Marineros y técnicos junto a un cazabombardero Super-Étendard con la bandera francesa, a bordo del portaaviones nuclear Charles de Gaulle. Foto: HispanTV

“Estamos en guerra” dijo Hollande; todo por salvar la “República francesa” de los “bárbaros” que la amenazan.

Para eso Francia se viste de verde militar, redoblando las operaciones militares en Siria y el Sahel africano, mientras Hollande hace suyo el discurso de guerra contra el terrorismo y la política de Bush y los neoconservadores post 11S, así como de la agenda xenófoba y racista de Marine Le Pen.

Un “estado de guerra” que se corresponde internamente con el “estado de emergencia” y el ataque a las libertades democráticas más elementales, que Hollande acaba de ampliar a un verdadero “estado de excepción permanente”, haciendo votar en la Asamblea Nacional el endureciendo la ley del 3 de abril de 1995 -actualmente en vigor-, con el apoyo de todo el arco político oficialista y opositor, y hasta (escandalosamente) por el Front de Gauche de Jean Luc Melenchon.

Por eso resulta tan apropiada la frase que sirve de título a este artículo, recordada hace pocos días por un amigo. Como dijo Marx hace mucho tiempo refiriéndose a la República francesa: “Sólo faltaba una cosa para completar la verdadera faz de esta república: (…) sustituir su lema de Liberté, égalité, fraternité por estas palabras inequívocas: Infanterie, Cavalerie, Artillerie! (El 18 Brumario de Luis Bonaparte)

Xenofobia, Islamofobia y guerrerismo imperialista

Lunes a la medianoche, en la mesa del programa de noticias más visto en la televisión española, un académico “especialista en estudios árabes” se despacha con definiciones que destilan la más rancia islamofobia. Dice, retomando las trilladas y no menos erróneas tesis de Huntington, que estamos frente a un “choque de civilizaciones” y que el Islam es casi inmanente al “terrorismo islámico”.

Un discurso reaccionario cargado de ideología racista, que también se propagó después de los atentados en París en enero. Pero que ahora se combina con la llamada “crisis migratoria” y la llegada de cientos de miles de refugiados a las fronteras europeas, que han alimentado aún más las tendencias islamófobas y xenófobas.

En Alemania, la derecha ya venía presionando a Ángela Merkel para endurecer más las restricciones a los refugiados, acusándola de tener una política de “fronteras abiertas”. Una crisis de magnitud dentro de la coalición del gobierno alemán, con duros cuestionamientos en sus propias filas. Movimientos como Pegida y Alternativa por Alemania volvieron a organizar movilizaciones racistas en las últimas semanas y se incrementaron los ataques directos contra centros de acogida de refugiados.

El partido de extrema derecha de Polonia, Ley y Justicia (PiS), ganó las elecciones y tras los atentados de París anunció que no admitirán más refugiados, situándose a la vanguardia de la xenofobia europea. Aunque Hungría no le va en zaga en cuanto a políticas xenófobas, con la construcción de vallas en sus fronteras y amenazas de cárcel para los que crucen ilegalmente. El gobierno de Viktor Orban anunció incluso que llevará a los tribunales el plan de Bruselas de “reparto” de refugiados.

En toda Europa hace tiempo se vienen fortaleciendo tendencias de extrema derecha, con discursos xenófobos, racistas, homófobos y nacionalistas. Pero han sido las nuevas y brutales acciones del Estado Islámico en el corazón mismo de Occidente, las que han dado rienda suelta a una profunda islamofobia que identifica Islam y barbarie terrorista, en contraposición a los supuestos “valores democráticos” de la Europa “civilizada”.

Un relato en el que la guerra y el “estado de excepción permanente” se justifican en defensa de la “democracia”, la “libertad” y los “valores europeos”. Viejas definiciones abstractas que esconden una ideología imperialista, guerrerista y xenófoba.

La islamofobia y la xenofobia están entre los fundamentos “ideológicos” de las guerras imperialistas que recorren buena parte del mundo. Una tarea “civilizatoria” dispensada en forma de bombas y drones asesinos.

Hoy Francia reafirma su voluntad guerrera e intensifica los bombardeos sobre Libia en nombre de la “libertad”. Pero desde hace más de una década el Estado francés viene multiplicando sus intervenciones militares imperialistas en Oriente Próximo y África, una política intervencionista que creció aún más desde la elección de Hollande. Mali, República Centroafricana, Irak, Libia, Siria. Una guerra por año.

Las intervenciones militares imperialistas y la ruptura del equilibrio geopolítico histórico en el Cercano Oriente, han sido un factor fundamental que explica el surgimiento de grupos como Al Qaeda o el EI, muchos de los cuales fueron sus aliados en el pasado.

Estados Unidos financió durante la década de los ‘80 a diversos grupos islamistas para utilizarlos como parte de los últimos combates de la “guerra fría” contra la declinante influencia de la URSS, para dejarlos a su suerte cuando ya no respondían a sus objetivos inmediatos. Aquellas operaciones fueron la base para el surgimiento de las milicias de Al Qaeda en Afganistán.

Del mismo modo, es imposible concebir el levantamiento del Estado Islámico sin las guerras en Irak, Siria y Libia. Un movimiento reaccionario que a su vez ha sido financiado por distintos sectores de las burguesías árabes, como las de Arabia Saudita y Qatar, mientras Turquía lo viene “dejando hacer” dentro de su territorio, ya que es funcional para su enfrentamiento contra los kurdos. Estos países son aliados “claves” de Estados Unidos y Europa, lo que muestra el cinismo de los discursos que se escuchan estos días.

Si Francia, Alemania, el Estado español u otros países de Europa vuelven a ser blanco de ataques barbáricos como los de París, no será por responsabilidad de los trabajadores ni de las clases populares, sino el resultado de la política imperialista en el extranjero de los mismos gobiernos que en Europa atacan los derechos y las condiciones de vida de los explotados, atacan las libertades democráticas y practican su propio “terrorismo” contra los inmigrantes y refugiados que huyen del horror y la guerra.

Sus guerras no son las nuestras. Los muertos sí. En París, en Siria, en Palestina, en Beirut. Contra la xenofobia y el guerrerismo creciente en la Europa del capital, contra la “unidad nacional” y la defensa de los “valores europeos”, hace falta la unidad de nuestra clase y los sectores populares, más allá de nuestros orígenes y confesiones, contra nuestro enemigo común: la barbarie capitalista en todas su formas.

Para ello nosotros también nos inspiramos en los ideales de la República; pero no de la república burguesa que trocó la “libertad” en cañones de “artillería”, sino de la “República social” de las proletarias y proletarios que pusieron en pie la Comuna de París, tomando el cielo por asalto para hacer de la fraternidad universal su bandera de lucha.







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