Política México

ELECCIONES 2018

"Les hablan", el periodismo del régimen de Ricardo Alemán

El clima de polarización política previo a las elecciones del 1 de julio continúa expresándose.

Lunes 7 de mayo | 17:51

Este fin de semana, el periodista del régimen Ricardo Alemán, columnista del diario Milenio y conductor de distintos programas televisivos, protagonizó un escándalo por haber publicado en su cuenta de Twitter una imagen que fue interpretada como un llamado a asesinar al candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

Este hecho llega a unos días del encuentro entre el candidato de la alianza Morena/PES con los más importantes periodistas de Televisa, en donde distintos analistas políticos destacaron la suavidad con que fue tratado el tabasqueño, adjudicando este sensible cambio de actitud con relación a años anteriores a la consolidación de su ventaja de cara a las próximas elecciones. En redes sociales la entrevista fue comentada por usuarios con el hashtag #TelevisaApapachaAAMLO, señalando la vocación de la televisora creadora de Frida Sofía de ser un "soldado" al servicio del poder.

El 21 de marzo, AMLO sostuvo una entrevista en el canal televisivo de Milenio, con Héctor Aguilar Camín, Carlos Puig, Juan Carlos Becerra, Jesús Silva-Herzog y Azucena Uresti. Destacó en esta entrevista la "rigurosidad" del director editorial de Milenio, Carlos Marín y que este ejercicio no se ha repetido con otros candidatos presidenciales.

De manera casi inmediata, el rechazo al mensaje de Alemán se extendió y a pesar de que el tuit fue retirado de la red social, las capturas de pantalla circularon por internet acompañadas de hashtags como #NoAlPeriodismoSicario en repudio al mensaje del comunicador, sobre quien pesaron acusaciones por hacer apología del delito. Un día después, Televisa y Canal Once anunciaban el fin de su relación laboral con el periodista.

Alemán, célebre por su estilo furibundo para atacar a políticos como a movimientos sociales, ha invocado a la "libertad de expresión" y señala su despido como un acto de censura. El mismo detractor acérrimo de la movilización magisterial y de la marea guinda que salió en el proceso del IPN en 2014, hoy invoca un "respeto a las ideas distintas".

Este ganador del Premio Nacional de Periodismo 2005, formó parte también del ataque en contra de Carmen Aristegui en 2015.

Empresarios y gobiernos se han valido de los grandes medios de comunicación para criminalizar la protesta e imponer políticas antipopulares. Al mismo tiempo, estos medios, en manos de empresarios, se encargan de reproducir una y otra vez contenido que apunta a la naturalización de la violencia y la cosificación de las mujeres, entre muchas otras ideas reaccionarias orientadas a mantener el estado actual de las cosas y a intereses particulares de grupos de poder.

Esto mientras se silencia de una u otra forma a los periodistas críticos, como la censura en contra de Aristegui o los crímenes de Javier Valdez y Miroslava Breach, quienes denunciaron los vínculos del poder con el crimen organizado luego de realizar minuciosas investigaciones.

Mujeres, trabajadores, jóvenes y sus luchas son silenciados por esta maquinaria al servicio de los poderosos. Sus disputas, por más que busquen disfrazarlas de un debate que involucra conceptos como la "libertad de expresión", son y han sido siempre por tener un mayor control e influencia, en detrimento de una perspectiva que ponga toda esa estructura al servicio de las necesidades de las grandes mayorías.

Así, al unísono los poderosos, sea cual sea su firma, aplauden medidas como las que mantienen a las radios y medios comunitarios en la proscripción, o la recién aprobada reforma a la Ley de derechos de autor, que permite bajar de internet, sin mediar investigación o juicio alguno, cualquier contenido que presuntamente viole derechos de autor.

Organizaciones como Asociación de Internet Mx y R3D han denunciado cómo la modificación a la ley de derechos de autor busca en realidad impedir la difusión de información y contenidos y vulnera derechos como la libre expresión e imprenta, de acceso a la información y a la cultura.

Tal y como planteamos en el conflicto en La Jornada, una prensa al servicio de los intereses de las mayorías es un objetivo que sólo se logrará si, organizados, los trabajadores de la comunicación toman en sus manos los medios a los que dan vida día con día y pelean por deshacerse del patrón y la tutela del régimen.







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