Cultura

ARTE Y POLÍTICA

León Ferrari: medios, iglesia y ceguera

El martes 20 se inauguró en el subsuelo de la librería La Libre una muestra del gran artista argentino León Ferrari, con obras sobre la prensa y la iglesia en la dictadura genocida. La muestra cuenta con el apoyo de la Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo, y puede visitarse de lunes a jueves de 14 a 19, en la redacción de "Tiempo Argentino", México 437, CABA. El miércoles 28 de marzo se realizará una visita guiada a las 16 horas.

Elizabeth Yang

@Elizabeth_Yang_

Lunes 26 de marzo | Edición del día

“Si existe o no existe un dios, eso es secundario. Para mí lo que cuenta es que ese dios existió y existe hace miles de años en la cabeza de la gente. Me interesa ese dios bíblico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y esa traducción singular que la gente hace de los libros sagrados, que son terribles, y tienen una crueldad sin límites. El mismo Jesús es un personaje que sólo se salvaría por el lado psiquiátrico. Si alguien dijera ante un psicoanalista las cosas que se supone dijo Jesús, el diagnóstico sería el de paranoia y esquizofrenia, solamente así se entendería el disparate de alguien que nos condenó a la tortura eterna [...]”

Esta es una de las frases que leyó Andrés Duprat, Director del Museo Nacional de Bellas Artes, en la apertura de la muestra. En esta como en varias otras que se leyeron dan cuenta de una de las preocupaciones más importantes de Ferrari: de cómo la religión cristiana busca justificar la tortura amenazando con el infierno a aquellos que piensan diferente.

Duprat, quien trabajó con Ferrari, reflexionó sobre su obra planteando que no se escondía en un lenguaje hermético, que para el director es uno de los males más grandes del arte contemporáneo, convirtiéndose en un arte elitista. Donde alguien tiene explicar de qué se trata la obra para que se entienda o cómo abordarla. “Cuando por el contrario el arte es una producción humana para que la entienda cualquiera, más allá de que existan lecturas más o menos complejas”, aclarando su postura sobre el arte contemporáneo.

foto Diego Paruelo, Tiempo Argentino

Entre las frases leídas, tal vez la que mejor refleja el pensamiento de León Ferrari y su relación con el arte, especialmente con respecto al vínculo arte-política, es aquella con la que finaliza su artículo La respuesta del Artista, replicando al de Ernesto Ramallo, "Los artistas argentinos en el Premio Di Tella 1965", ambos publicados en el diario La Prensa de aquella época.

“Ignoro el valor formal de esas piezas [se refiere a sus obras]. Lo único que le pido al arte es que me ayude a decir lo que pienso con la mayor claridad posible, a inventar los signos plásticos y críticos que me permitan con la mayor eficiencia condenar la barbarie de Occidente; es posible que alguien me demuestre que esto no es arte: no tendría ningún problema, no cambiaría de camino, me limitaría a cambiarle de nombre; tacharía arte y la llamaría política, crítica corrosiva, cualquier cosa.”

foto Diego Paruelo, Tiempo Argentino

El director del MNBA se explayó sobre la obra de León: “su lenguaje es discernible y directo, y algunos los criticaban como literal. El objetivo era no distraer de lo que él quería decir con sus obras. Los collages que tanta urticaria generaron en sectores de la sociedad, la recordada muestra curada por Andrea Giunta en el CC Recoleta que terminó con un escándalo, demostraba que el arte de León no era para una elite o para decir algo sin que nadie se diera cuenta, sino que justamente los bárbaros que rompieron algunas obras recibieron el mensaje que él quería dar.”

Y en verdad la muestra de Recoleta llegó a ocupar no las páginas de cultura en los diarios sino en las primeras planas y con los temas que León proponía enfrentar, pensar y discutir.

Por su parte, Andrea Wain (Historiadora del arte) hizo un recorrido por la obra de León Ferrari enfocado en su relación con la prensa y cómo incorporaba en su obra recortes de noticias de los diarios de papel. Esta relación no fue solo como materia prima de sus obras sino que era gran lector y además publicaba. Este fue el caso de “La respuesta del artista” (1965) antes nombrada y que trata de cuando fue censurada su obra en el Di Tella.

En este año decide dejar de lado el arte abstracto durante diez años y dedicarse al arte político hasta que se exilió, cuando fue amenazada su familia en la dictadura. Solo quedó su hijo Ariel en el país quién fue secuestrado el 27 de febrero de 1977 en la vía pública por un Grupo de Tareas integrado por entre otros miembros Alfredo Astiz.

El significado de la palabra en la obra de León

Wain explicó que "la palabra era usada más allá de lo textual, más allá de su significado. En los 60 hay algunas obras que son un antecedente de este recurso. Una serie de collages con manuscritos donde en el centro ubicaba el recorte de diario. Y reproduce textual la nota del diario en forma manuscrita, y al final le agrega un comentario personal."

En Swish and swallow (Enjuagar y tragar, 1964) incluye material de prensa con un escrito comentándolo, o las copias manuscritas de notas periodísticas para evidenciar la diferencia de decodificación entre el texto original y la copia. En esta serie -reunida luego en el libro Cuadro Escrito- ya aparece una primera referencia crítica al cristianismo.

Swish and swallow

Otro ejemplo, es en El árbol embarazador, donde transcribe parte del diluvio universal aunque con un final algo más feliz de lo que está en la Biblia.
“La obra de Ferrari está atravesada por todo lo que tenga que ver con el arte y el poder, y es donde pone su ojo. Y la Biblia, como los diarios, es un medio de poder y también son medios que pueden generar y moldear subjetividades ideas y creencias”, dijo Wain

El árbol embarazador

Sufrir en las tierras de Satanás

Otro ejemplo es la carta que escribe a Juan Pablo II para que anule el Juicio Final y la inmortalidad. El Club denominado Cihabapai (Club de Impíos Herejes Apóstatas Blasfemos Ateos Paganos Agnósticos e Infieles En Formación) del cual León era miembro selecto, en 1997 (más precisamente el 24 de diciembre), envía una misiva al papa a su domicilio del Vaticano.

Allí dice que “Se acerca el fin del milenio. Se acerca, posiblemente, el Apocalipsis y el Juicio Final. Si es cierto que son pocos los que se salvan, como advierte el Evangelio, se acerca para la mayor parte de la humanidad el comienzo de un infierno inacabable. Para evitarlo basta volver a la justicia que Dios Padre dictó en el Génesis. (...) La justicia del Hijo contradice y viola la del Padre. La existencia del Paraíso no justifica la del Infierno: la bondad de los pocos salvados no les permitirá ser felices sabiendo eternamente que novias o hermanas o madres o amigos y también desconocidos y enemigos (prójimo que Jesús nos ordena amar y perdonar) sufren en tierras de Satanás. Le solicitamos entonces volver al Pentateuco y tramitar la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad. Lo saludamos atentamente”.
La carta como era de esperar no obtuvo respuesta. Así que la reenviaron en las vísperas del año 2000, acompañada por la firma de 150 personas.

La idea había surgido a partir de una noticia publicada en la prensa en 1995, donde se informaba que el papa al ver en la Capilla Sixtina la pintura del Miguel Ángel, llamó a meditar sobre el Juicio Final, la felicidad de quienes eligieron a Jesucristo y la desesperación de quienes lo rechazaron, eternamente condenados (La Nación, 9-1-95). Para León Ferrari este llamado a la reflexión era más parecido a una amenaza y el consecuente castigo en el infierno. Entonces junto a un grupo de amigos (Álvaro Castagnino, Juan Carlos Romero, Teresa Volco, Ricardo Longhini, Ramiro Larrrain), propone la organización de este club, CIHABAPAI al que pronto se sumarán más de cien adherentes, con el propósito de pedir la anulación del Juicio Final.

Fue un hecho artístico de gran humor pero que guardaba un profundo cuestionamiento a la religión cristiana por contribuir en legalizar entre las masas la tortura a los disidentes: si no elegís a Jesús serás condenado.

Nunca Más

En los años 80, a la salida de la dictadura, un comentario muy común entre la clase media era que “no sabían lo que estaba pasando”. León Ferrari había estado desde abril del 76 guardando recortes de noticias que salían en los diarios donde se hablaba de muertos, cadáveres que aparecían en las playas, en Argentina y Uruguay. Cientos y cientos de recortes. Es una serie muy contundente.

El mismo León explica esta serie en un reportaje de Página 12: “Esa muestra es una recopilación de los asesinatos que aparecían en los diarios como si no fueran asesinatos, como si fueran muertes por enfrentamientos, por accidentes. Y sin embargo, eran asesinatos. Son 80 páginas tamaño oficio y, en realidad, los diarios mentían, pero se podía adivinar, sobre todo en las noticias sobre las apariciones de cuerpos en la costa, o en Uruguay, que se trataba de crímenes. El título y el prólogo del libro Nosotros no sabíamos tratan la idea de cómo era posible que la gente dijera “nosotros no sabíamos” si de los diarios se podía adivinar que era la dictadura la que mataba.”

En ese mismo diario, en 1996, aniversario del golpe en pleno menemismo, se publican los fascículos del Nunca Más con las tapas de las obras de León.

En estos días cercanos al aniversario del golpe militar, cuando vemos una justicia que busca beneficiar con la cárcel domiciliaria a los pocos genocidas que se lograron meter presos, y un gobierno que niega el número de los desaparecidos, la obra de Ferrari tiene una enorme actualidad. Y se valoriza aún más si le sumamos la denuncia a la iglesia. Además, el mismo León Ferrari supo acompañar las luchas por los derechos humanos, uniendo arte, política y la acción en las calles.








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