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ARTES // ANIVERSARIO

León Ferrari, el arte al servicio del Caos

Hoy se cumplen cien años del nacimiento del multifacético artista argentino, recordado por su profundo cuestionamiento a la Iglesia Católica, el poder y la represión estatal. Falleció el 25 de julio del 2013.

Jueves 3 de septiembre | 00:25

León Ferrari, artista central del arte local desde los años 60. Sus obras y sensibilidad aún siguen estando vigente, siendo objeto de análisis y un importante referente de la unión entre arte y la política. Hoy es uno de los artistas más reconocidos del país, y sus obras cotizan en el mercado del arte. Pero León se ganó ese espacio peleando con las instituciones más retrógradas y peligrosas del país: la iglesia y los militares. Señalando las políticas guerreristas del imperialismo y su relación con la Iglesia genocida, fue solidario con las luchas de los y las trabajadoras. Su obra es inseparable de sus convicciones, de la crítica y la denuncia.

Con motivo del centenario de su nacimiento, hay varios homenajes que por la pandemia del Covid-19 se desarrollan de manera virtual. Se encuentra disponible el documental “Civilización” realizado en 2012 bajo la dirección de Rubén Guzmán, donde se explora el trabajo y las motivaciones de León, que cuenta con la voz de Cristina Benegas.

El Museo Nacional de Bellas Artes tiene programadas una serie de actividades luego de la suspensión de la exposición antológica que tenían planeada León Ferrari. Recurrencias, con curaduría de Cecilia Rabossi y Andrés Duprat. Aún así, en el hall de acceso del museo se montó una de sus obras más emblemáticas La civilización occidental y cristiana que se puede ver desde afuera del edificio.

En 1965, León Ferrari participó en el Premio Nacional del Instituto Torcuato Di Tella, el lugar privilegiado de la vanguardia artística. En ese momento presentó la obra La civilización occidental y cristiana que consistía en un montaje y la confrontación de dos realidades, que parecían ajenas. Sobre una réplica a escala de un avión FH 107 había un Cristo de santería. Ambos estaban suspendidos verticalmente, como si fueran a caerse. Crucifixión contemporánea que hacía alusión a la guerra de Vietnam. El título también aludía a la utilización de la “defensa” de la civilización occidental y cristiana para justificar la escalada militar norteamericana en el territorio asiático, que también se utilizó como lema legitimador para las decisiones en el terreno de la cultura nacional.

Es una obra de arte y política precursora. Sin embargo, no llegó a ser expuesta al público, su existencia sólo quedó registrada en el catálogo, pero representó un fuerte quiebre en los discursos que hasta ese entonces dominaban el ámbito institucional. León Ferrari retiró la pieza después de que Romero Brest, director del Instituto Di Tella, le ofreció dejar las otras tres cajas (obras), que tenían el mismo sentido, pero le pidió que retirase el avión por lo conflictiva que podía llegar a resultar para la “sensibilidad religiosa”. Igualmente, no pasó desapercibida por la crítica la denuncia que realizó el artista.

Esta obra de Ferrari fue el comienzo, un manifiesto individual. Los sucesos aceleraron la experiencia. En 1966, se realiza una masiva exposición colectiva Homenaje a Vietnam en la galería Van Riel, que reunió diferentes líneas estéticas y políticas, desde la Nueva Figuración a los artistas del Di Tella.

La vinculación del arte con la política estaba en discusión y se dirimía en el campo artístico. La obra de León Ferrari fue importante ya que provocó un debate que atravesó a todo el campo intelectual.

Durante los años de la última dictadura genocida argentina, Ferrari estuvo exiliado en Brasil, y su obra estuvo guardada en un depósito. Recién en 1984 se volvió a mostrar al público en Buenos Aires pero vinculada a un relato de los sesenta, separada de su contexto.

Esta misma obra, fue expuesta en el 2001 en la inauguración del Museo de Arte Latinoaméricano de Buenos Aires (MALBA), a pocos días del atentado a las torres gemelas en Nueva York, y para quienes no conocían la obra, parecía hecha especialmente para la ocasión.

Pero fue en el 2004 que León Ferrari estuvo en la tapa de todos los diarios, cuando en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta se celebraba una retrospectiva suya en la cual se recorrían desde sus primeras obras abstractas de los años 50 hasta su producción más reciente. Allí fue exhibida nuevamente la obra junto con otros trabajos que también eran críticos, lo que provocó un gran debate en el arte argentino como así también la violencia de la Iglesia con la rotura de obras. Andrea Giunta para el prólogo de “El Caso Ferrari”, donde se documenta dichos sucesos, escribió: “Durante los cuarenta días que la retrospectiva de León Ferrari estuvo abierta al público, convocó a 70.000 espectadores; (…) dio lugar a casi 1.000 artículos de prensa; (…) fue clausurada por la justicia y nuevamente abierta por ésta (…)”.

En ese momento el cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, escribió una carta en contra de la muestra, acusando al artista de blasfemo. La carta fue leída en las misas y convocó a violentar las obras por católicos militantes. Estos sucesos convirtieron al arte en un centro de discusión que no sólo atañe a la política y las manifestaciones, sino también en una discusión legal sobre la relación entre el estado, la religión y la libertad de expresión. El artista reflexionó: “Ignoro el valor formal de esas piezas. Lo único que le pido al arte es que me ayude a decir lo que pienso con la mayor claridad posible, a inventar los signos plásticos y críticos que me permitan con la mayor eficiencia condenar la barbarie de occidente; es posible que alguien me demuestre que esto no es arte: no tendría ningún problema, no cambiaría de camino, me limitaría a cambiarle de nombre: tacharía arte y las llamaría política, crítica corrosiva, cualquier cosa”.

“La civilización occidental y cristiana” aunque se expuso muchas veces, fue propiedad del artista y actualmente de su fundación, ningún coleccionista ni ningún museo la adquirió.

En cada una de sus obras se presenta un debate. Temas como la religión, la violencia y el sexo, y producen coincidencia, adhesión o rechazo, destrucción y censura. Su obra, vista en conjunto, excede esta nota. Fue un artista muy prolífero y ha ocupado un lugar fundamental en la historia del arte contemporáneo, cosechando múltiples reconocimientos internacionales, como el León de oro de la Bienal de Venecia en el 2007. En el 2008 junto a su familia crean la Fundación Augusto y León Ferrari. Arte y Acervo (FALFAA) para continuar con el legado de ambos artistas.

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Este año, luego del cierre temporal del “Taller Ferrari” se abrió una tienda virtual donde se puede encontrar diversos materiales publicado por FALFAA y sus colaboradores, además de otros materiales sobre la obra de León.

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León comenzó a utilizar excremento de aves como material para sus obras desde 1985, interviniendo láminas de pinturas famosas con contenido religioso. En 1991, en el espacio del Museo Sívori (dentro del Centro Cultural Recoleta), expuso “La justicia”: una jaula con una gallina dentro, y una balanza debajo, donde caían los excrementos del animal. Una parte del público reaccionó dejando mensajes (como: “Ojalá te encierren a vos!!!”, “Dejá a la gallina libre, maldito!”) y La Sociedad Protectora de Animales dirigió una carta al director del Museo pidiendo que se libere al animal. Ferrari respondió con otra carta en la que preguntaba: “¿Piden ustedes la censura de mi obra porque la gallina está en una jaula? ¿Proponen que la retire y la devuelva al negocio donde la compré y donde ocupaba una jaula mucho más pequeña, para que vuelva a esperar a alguien que la compre y se la coma? La industria avícola cría estos animales hacinados en el menor espacio posible y donde las ponedoras ocupan jaulas unas cinco veces menores que la del Sívori. (...) ustedes piden una censura que vulnera la libertad de opinión que tanto costó recuperar. (…) Lamento también que algunos no comprendan el sentido de una obra que pretende acompañar a quienes luchan contra los delincuentes torturadores ayer indultados, contra los centenares de ladrones de chicos que se aprovecharon de las desgracias padecidas por los desaparecidos para robarles sus hijos y contra la multitud de corruptos que roba alegremente burlándose del mundo de la pobreza que nos rodea y que llega muy cerca de la Recoleta, en los chicos que se juegan la vida entre los autos para ganarse la vida, sin provocar por cierto la indignación que la gallina provoca”. Al año siguiente, en el Espacio Giesso, León presenta la obra con varias modificaciones: la gallina de la jaula ahora está embalsamada, y se exhiben los insultos dejados por el público, las cartas de la Sociedad Protectora de Animales y la de León. Hoy la obra se compone también de las reacciones que ha suscitado y de la historia de su exhibición; León decide presentarla con un nuevo título: “Autocensura”.

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