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Lecciones y actualidad de la privatización de Entel

La privatización de Entel dejó en claro la predisposición de los trabajadores a enfrentar los ataques de los gobiernos y las patronales. A su vez, el rol que jugaron los sindicatos telefónicos y la CGT, permiten sacar lecciones para pensar qué tipo de organizaciones necesitamos los trabajadores en los tiempos que corren.

Lorena Billone

Delegada FOETRA Agrupación Violeta | @LorenaBillone

Soledad Domenichetti

Delegada FOETRA Agrupación Violeta | @soledome1 Historiadora

Miércoles 13 de septiembre | 11:08

Septiembre de 1989. Carlos Menem había asumido la presidencia, de forma anticipada, hacía dos meses. En los primeros días de su gobierno se sancionaron las leyes que fueron perfilando la nueva estructura del país. Dos de ellas fueron las que abrieron las puertas a las reformas neoliberales, dando el marco legal para avanzar en la privatización de los servicios públicos. Ellas son la Ley de Emergencia Económica y la de Reforma del Estado. Atrás quedaron las promesas de campaña de salariazo y revolución productiva, lo que se venía era flexibilización laboral, desocupación, privatizaciones, recorte del gasto público y aumento de la deuda externa.

En este contexto, con el decreto 731/89 comenzó el proceso de privatización que culminó en noviembre de 1990. La intervención de la Entel, a cargo de María Julia Alsogaray, fue clave para lograr el apoyo social para avanzar en la privatización, llevando adelante una política de deterioro y vaciamiento de la empresa de teléfonos, con el objetivo de afianzar el discurso oficial -que había comenzado con el alfonsinismo y luego se profundizó y concretó durante el gobierno de Menem-, que planteaba que con la privatización la empresa comenzaría a funcionar de manera eficiente, discurso que fue acompañado por los medios de comunicación.

Junto con esto, se dio un avance en la flexibilización laboral y la renegociación de los contratos de trabajo. Se lanzó una política ofensiva de retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas, es decir, despidos encubiertos. El estado se hacía cargo no solo de la deuda, transfiriéndose la empresa al sector privado sin ningún pasivo sino también de gran parte del costo político de los despidos, garantizándole así a las multinacionales que desembarcaron en el país -Telefónica y Telecom- una empresa de telecomunicaciones que aseguraba millonarias ganancias, a muy bajo costo y con un mercado cautivo.

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La respuesta de los trabajadores y el rol de los sindicatos telefónicos y de la CGT

Este avance no será sin respuesta por parte de los trabajadores. Con la firma del pliego de licitación, comienza un largo conflicto por la defensa de Entel. Los trabajadores telefónicos demostraron, con paros, marchas y diferentes acciones, una enorme predisposición a la lucha y una importante resistencia a la privatización.
Hacia el verano de 1990, ya con los pliegos de licitación aprobados Foetra-Sindicato Buenos Aires anuncia un plan de lucha que culmina el 30 de abril con una “Propuesta de saneamiento y recuperación de Entel”. No obstante, el gobierno avanza con la privatización.

En julio la Federación (conducción nacional del gremio telefónico, a manos de Rogelio Rodríguez) lanza un plan de lucha nacional por salarios. En agosto el gobierno dicta la conciliación obligatoria y el sindicalismo telefónico se divide. Mientras la Federación acepta la conciliación, en Buenos Aires por presión de la base, se mantiene el paro. Durante todo el mes se realizan en Capital plenarios de delegados, marchas, asambleas de afiliados masivas. El gobierno ataca con 3.000 cesantes y militariza los puestos de trabajo de CIBA I (edificio donde se establecen las comunicaciones internacionales).

El 14 de septiembre se realiza la histórica asamblea general en el estadio de Atlanta, con una concurrencia de miles de telefónicos, rodeada de un gran cerco policial. La dirección plantea que, ante la reunión que se llevaría a cabo ese mismo día con el Ministerio de Trabajo, la única opción para la reincorporación era el levantamiento del paro. Ante una votación muy dividida, la conducción de Esquivel-Barone (que había ganado las elecciones en noviembre de 1989 y era cercana al ubaldinismo) decide levantar la huelga, quedando debilitada la pelea contra la privatización y dejando libre el camino para que se concretara la venta de la empresa. Pero el resultado del conflicto no será gratuito para la Celeste y Blanca y tres años después en las elecciones generales de Foetra Buenos Aires, la Marrón de Guillán recuperaría la conducción del gremio. Recordemos que Julio Guillán, luego de haber mantenido una oposición a la privatización durante el gobierno de Alfonsín, acepta ocupar el cargo de Secretario de Comunicaciones con Menem, al mismo tiempo que el gobierno impulsaba reformas al convenio colectivo de trabajo de 1975, recortando derechos y conquistas laborales a los telefónicos y avanzaba en la venta de Entel.

La CGT Azopardo, de Saúl Ubaldini, que había convocado a 14 paros generales a Alfonsín, mantenía su oposición -más formal que real- a las privatizaciones. Durante las masivas marchas de los trabajadores estatales, ferroviarios y telefónicos en abril del 90, cuando la multitud exigía paro nacional, Ubaldini respondió que esperaran el “momento oportuno”, momento que nunca llegó. Luego de derrotada la pelea contra la venta de Entel, el gobierno tuvo vía libre para avanzar en el resto de las privatizaciones. Así se terminó de avanzar en las conquistas que quedaban en pie y el menemismo terminó de consumar la derrota de la clase obrera que había comenzado con la dictadura militar.

Una mención aparte merece el rol del MAS durante este período, que aún siendo una minoría, tenía una importante influencia en el gremio, pero no levantó una política hacia el conjunto de la clase obrera y los sectores populares, ni preparó a los telefónicos para los nuevos ataques que se vendrían luego de la privatización.

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La importancia estratégica de la lucha contra la privatización de EnTel

Quienes escribimos esta nota no lo hacemos desde una perspectiva neutral, ni por el solo hecho de recordar una parte de nuestra historia. Somos militantes de la Agrupación Violeta y delegadas en el gremio telefónico y día a día damos la pelea para recuperar nuestro sindicato y ponerlo verdaderamente al servicio de las y los trabajadores telefónicos. Creemos que las batallas que dio nuestro gremio -así como el conjunto de la clase obrera- en el pasado, son parte de nuestra tradición y es necesario hacer balances y sacar lecciones de todas ellas.

La lucha contra la privatización de Entel tenía una importancia estratégica para los trabajadores, ya que su resultado, de ser favorable, podía poner un freno a la avanzada neoliberal del menemismo.

Una política de unidad de los trabajadores de los servicios en principio, pero extendida luego a otros gremios, hubiera permitido dar esta pelea con mayor fortaleza. Una unidad que debía ser llevada a la acción y que le hubiera dado a la clase obrera una dimensión de la fuerza que tienen millones de trabajadores organizados para enfrentar estos ataques.

Pero había también otro aspecto muy importante. Y es la política que los gremios, sobre todos los de servicios, tienen que tener hacia los usuarios, hacia los sectores populares. La gran campaña mediática contra los empleados estatales (que incluía a los trabajadores de las empresas de servicios) debía ser combatida duramente, con una política que tendiera a unificar lo que el gobierno quería dividir: usuarios y trabajadores. Si los trabajadores telefónicos ganaban esta batalla, la clase obrera de conjunto y los sectores populares iban a estar en mejores condiciones para enfrentar la avanzada neoliberal, que iba a implicar un deterioro en las condiciones de vida de todos ellos. Sin embargo, ni los gremios ni la CGT llevaron adelante una política de unidad.

Cómo aprovechamos las lecciones del pasado para enfrentar los planes de ajuste del gobierno de Macri

Estas discusiones siguen más vigentes que nunca porque sacar estas lecciones nos hace pensar y discutir qué organizaciones necesitamos los trabajadores para enfrentar los ataques que estamos sufriendo. En casi dos años del gobierno de Cambiemos, las centrales sindicales vienen sin dar respuestas contundentes contra los tarifazos, el ajuste y la represión. Ahora se suma, hace más de un mes, la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Y como si eso no tuviera nada que ver con los trabajadores, las principales centrales sindicales no han hecho nada por su aparición con vida o han realizado acciones aisladas sin preparar un verdadero plan de lucha.

Por eso, con estas lecciones del pasado –y no tan pasado- creemos que uno de los desafíos que los trabajadores tenemos por delante es avanzar en construir una alternativa a las direcciones sindicales.

El gobierno está preparando ataques más duros para después de las elecciones, por eso somos conscientes de que necesitamos organizaciones que den una respuesta a la altura de esos ataques y que, además, llamen a la unidad de todos los trabajadores, incluidos aquellos que no son tenidos en cuenta por los grandes sindicatos, como los trabajadores en negro e incluso los desocupados.

Tenemos que fortalecer una corriente en el movimiento obrero, en las fábricas, en los gremios, que pelee por recuperar los sindicatos con una perspectiva de independencia política de los gobiernos de turno y los partidos patronales. Una corriente que exija a las direcciones sindicales acciones que puedan poner en pie a millones de trabajadores para enfrentar los planes de ajuste del gobierno y que cuando estas no lo hagan, tenga la influencia necesaria entre los trabajadores para imponérselo, mientras damos la lucha por ganar nuevos sindicatos al servicio de los trabajadores. La pelea por la independencia política de nuestras organizaciones, es una pelea que recorre toda la historia de la clase obrera argentina, los trabajadores no empezamos de cero cada vez, y las experiencias pasadas emergen en cada lucha que damos en el presente.

Y es a partir de todas estas lecciones y experiencias, que los telefónicos que impulsamos la Agrupación Violeta, como parte del sindicalismo combativo y la izquierda, queremos ser parte de poner en pie un gran movimiento de agrupaciones clasistas (MAC), con los compañeros de PepsiCo a la cabeza, que luche en esta perspectiva, donde demos la pelea por construir agrupaciones que logren cruzar las fronteras de sus propios gremios y que se organicen y ayuden a organizarse a otros sectores, y levanten también todas las demandas de los sectores populares como de las mujeres, la juventud, los pueblos originarios.








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