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Lecciones de la derrota del PT, avance de la derecha y qué izquierda construir en Brasil

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 8 de noviembre | Edición del día

La monstruosa derrota sufrida por el PT en las recientes elecciones municipales -que no fue acompañada nacionalmente por el crecimiento de otra fuerza a izquierda, como el PSOL- abrió un gran debate en la intelectualidad y en la militancia de izquierda del vecino país, que busca en primer lugar intentar comprender lo sucedido y cómo continuar.

Debatiremos aquí exclusivamente con las ideas que parten de alguna crítica o autocrítica al petismo y no con aquellas que culpan al pueblo, como hace Mino Carta, director del semanario Carta Capital, en un nuevo video y en la tapa elegida para su publicación.

El “pueblo” no es un ente completamente externo y separado en relación a sus direcciones. El petismo lo moldeó por décadas en la pasividad y en la idea de conciliación con los intereses de los empresarios y la derecha. Ahí está el resultado. No faltan lecciones para quien quiera sacarlas, pero hay que querer hacerlo.

La derecha avanzó, pero ¿estamos frente a un giro conservador de las masas?

Es innegable que la derecha ganó posiciones institucionales. Primero con el golpe institucional y luego en las recientes elecciones municipales. Pero las victorias electorales no fueron, en muchos casos, a banderas desplegadas.

Se impuso el triunfo forjado en la desigualdad del tiempo de propaganda televisiva y del dinero en las campañas. El del discurso de la antipolítica de los "gestores", el de los demagogos y pastores que juraban por sus exenciones fiscales que la religión no se metería en la política.

Fue también una victoria que se combinó con un aumento significativo del voto nulo, blanco y las abstenciones, especialmente en los lugares donde el PT era fuerte. Basta ver los récords de “no voto” en el ABC paulista, principal zona industrial del país y cuna del expresidente Lula, ahora comandado por la derecha. Una excepción fueron los resultados en Río de Janeiro, con más de un millón de votos contra la derecha, que expresan que hay una fuerza social para avanzar en la lucha contra el gobierno de Temer y sus ataques.

Este fortalecimiento de la derecha, sin embargo, no cambia aun la correlación de fuerzas abiertas por las jornadas de junio de 2013, que sacudieron al país anunciando el fin del período asociado al discurso de “todos ganan” del lulismo.

El que no se había dado cuenta de esto “por izquierda”, seguramente lo hizo luego frente al golpe. Mientras la derecha conquistó miles de intendencias, los estudiantes tomaron las escuelas y universidades. Muchas veces los dos fenómenos ocurren en la misma ciudad, como lo demuestra el caso de la sureña Curitiba. Esta es la esencia de la situación nacional

Un importante sector de los activistas leyeron en estos resultados el avance del conservadurismo, o hasta incluso del fascismo. Incluso la existencia de amantes del fascismo, como el dirigente Bolsonaro, no puede encuadrarse de este modo. No se trata de una movilización de las clases medias contra el proletariado, se trata, en la mayoría de los casos, de demagogos que tendrán ahora que implementar recortes a los derechos sociales sin haber planteado que seguirían este rumbo. Intentarán imponer sus agendas de retroceso, lo que nos lleva a la afirmación del título de este artículo: qué izquierda tenemos que construir frente a esta situación.

Es natural, frente a la derecha queremos la unidad

¿Pero cuál? ¿Unidad subordinada a la figura de Lula, que abrió el camino a la derecha? ¿No era Marcelo Crivella, el pastor evangelista que ganó la intendencia de Rio de Janeiro, su aliado? ¿Y Michel Temer el vicepresidente de Dilma? ¿Unidad con el con el PDT de Ciro Gomes, que además de ser un partido de empresarios respaldó a destacados miembros de la bancada de la “bala” [mano dura], como el Mayor Olimpo? ¿Con la ruralista Kátia Abreu?

Detrás de la discusión del “Frente Amplio” se esconde el retorno de la vieja conciliación petista, asunto que trataremos luego.

¿Izquierda sin pueblo o ideas que ya no son de izquierda ni tienen en cuenta los anhelos populares?

Un curioso debate se apoderó de las redes sociales luego del segundo turno en Río de Janeiro. El PT, el PCdoB y numerosos intelectuales leyeron los resultados como una falta de influencia sobre el “pueblo”, que habría votado por Crivella. Es curioso cómo el rigor crítico no alcanzó a sus propios “excelentes” resultados en Santo André, Contagem, Vitória da Conquista, ni que decir de los vernzosos resultados del primer turno en antiguos “bastiones” como São Bernardo, Olinda, São Paulo, Porto Alegre.

Este argumento oculta la fuerza social para luchar contra Temer que se expresó en cifras superiores al 40% en la mayoría de los barrios de la Zona Norte y en la importante votación entre los trabajadores estatales.

El PT ya contó con intelectuales como André Singer, que teorizaron cómo el nordeste votaría por décadas “a las fuerzas progresistas”. No se sabe dónde fue a parar esta hipótesis ni su autocrítica, pues incluso en el nordeste pudo verse una poderosa derrota del PT y del PCdoB (con pocas excepciones). La “hegemonía duradera” estaba construida sobre bases frágiles, en acuerdo con los oligarcas regionales, con los pequeños partidos de la derecha, con las iglesias. Llegó la venganza, los trabajadores serán los que pagarán los costos en dosis mayores que las aplicadas por el PT, que ya atacaba los derechos de los trabajadores.

Sectores críticos a la dirección mayoritaria del PT opinan que faltó avanzar en “cambios más duraderos” o incluso “estructurales” como en el campo de la reforma agraria, urbana, en los medios. Nunca lucharon por esto durante los últimos 13 años. No solo eso, votaron al unísono cada retroceso en los derechos que Dilma promovió y ahora plantean estas ideas de “reconstrucción de la izquierda” al mismo tiempo que la dirección mayoritaria de Lula y compañía ofrecen la misma salida: frente amplio. Es decir, juntar al PSOL y a los movimientos sociales al PDT y más allá, junto al empresariado llamado “progresista”, como la ruralista Kátia Abreu.

Las diferencias en el PT aparentan ser varias según los textos que circulan en Internet, pero todas parten del mismo punto, el “Frente Amplio”, es decir, reeditar en la derrota la antigua conciliación de clases. Las principales diferencias en debate son en torno al papel del PT en ese frente amplio (si debe ser el líder o no), quién sería la dirección del PT al frente de esta orientación, y qué programa adoptar dentro del Frente. No está en discusión la conciliación. Kátia Abreu es la heroína porque votó contra el impeachment y así en adelante.

Sin sacar lecciones profundas de la conciliación de clases, el intenso debate que muchos intelectuales (como Frei Betto, por ejemplo) y activistas están haciendo a respecto de "volver al trabajo de base" es inocua. Trabajo de base, la Iglesia Universal del Reino de Dios (URD) de Crivella y Macedo también lo hace. La pregunta es qué tipo de trabajo se necesita. Puede construirse algo con base de masas pero no será de izquierda con figuras como Katia Abreu o Ciro Gomes.

Una lección clave de todos estos años de gobierno del PT, del golpe institucional y ahora del golpe electoral sufrido por el PT es la necesidad de afirmar la independencia política de la clase trabajadora. Esto comienza por la independencia frente a los empresarios y sus partidos, y por una lucha activa para que la clase trabajadora sea el sujeto capaz de dar una respuesta a la crisis política, social y económica que atraviesa el país.

No pelear por rescatar al sujeto social olvidado y ocultado, la clase trabajadora, en lugar de los “ciudadanos”, del pueblo, implica trabajar “en las bases” por la reedición de la tragedia de la conciliación de clases, quedar postrado en medio de profundos ataques aguardando la hora (electoral) de la “vuelta de Lula” o de “que venga Ciro”.

Las “masas” no están solo en las urnas. Están también en cada lugar de trabajo, ignoradas por los sindicatos que naturalizan la división de los trabajadores, como entre efectivos y tercerizados, entre otras. Sin superar estos aspectos programáticos cruciales no hay “trabajo de base”, no al menos desde un punto de vista de izquierda, que saque las lecciones de la experiencia con el PT.

Para nosotros, sacar estas lecciones hasta sus últimas consecuencias lleva a la conclusión de la necesidad de construir un partido revolucionario que pueda ser un instrumento no solo en esta fase “defensiva”, sino que pueda contribuir a organizar el “contraataque”, contra el capitalismo y el imperialismo.

Es posible y necesario inspirarse en la juventud que ocupa escuelas y universidades y, con métodos democráticos como asambleas verdaderas, discutir cómo organizar una verdadera huelga general contra los ataques. Es posible y necesario superar la división entre las luchas, lo que se reproduce ahora en la juventud, que a pesar de ocupar escuelas en todo el país le falta coordinar sus acciones, crear un comando nacional de delegados que lleve esta resistencia a un nuevo nivel.

Elevar la resistencia de la clase trabajadora contra los ataque de los empresarios, de los golpistas y de la derecha es parte de comenzar a rescatar al sujeto social que puede convertirse en sujeto político, para cuestionar todo este régimen político de corrupción y explotación. Para ayudar a las masas en esta experiencia con esta democracia de y para los empresarios. El Movimiento Revolucionario de Trabajadores defiende imponer con la fuerza de la lucha una Nueva Constituyente que permita debatir los grandes temas nacionales, los privilegios de los políticos y cómo recuperar los recursos nacionales entregados al imperialismo.




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