Mundo Obrero

CHARLA EN LA CARPA DE PEPSICO

Las tradiciones obreras y la lucha de Pepsico

Las heroicas luchas de los orígenes de la clase obrera, el peso del peronismo y la burocracia sindical, legados de la Resistencia. Retomando experiencias al calor de la lucha actual.

Martes 1ro de agosto | Edición del día

1 / 3

El jueves 27/7 se realizó una charla en la carpa de Pepsico entre tres historiadores de la UBA: Alicia Rojo, Hernán Camarero y Alejandro Schneider con el objetivo de contribuir a la lucha con las tradiciones del movimiento obrero argentino.

La lucha de los trabajadores y trabajadoras de Pepsico, los despidos y el cierre de la planta de la multinacional, la abierta política pro-empresarial del gobierno, la toma de la fábrica, la traición de la burocracia sindical, la represión estatal, y la resistencia obrera desde el desalojo hasta aquí, nos ponen ante los ojos muchas de las características que ha asumido la lucha obrera a lo largo de su historia.

Para aportar en esta reflexión hemos publicado Cien años de historia obrera, un libro que se propone recuperar, desde nuestra propia perspectiva marxista, esa historia. Y fue la carpa de Pepsico un lugar apropiado para reflexionar sobre ella con trabajadores, estudiantes e historiadores.

Y es que es una historia que las clases dominantes han procurado ocultar para velar que los trabajadores son, no solo quienes producen toda la riqueza social, sino también los protagonistas de un siglo y medio que ha dejado huellas indelebles en la historia nacional.

La historia de la lucha en la voz de uno de sus protagonistas

Demostrando cómo las reflexiones sobre la historia transitan todos los días en esta carpa, Alejandro Morelli, despedido de Pepsico, reseñó la lucha de la que fue uno de los protagonistas y que nos traen muchas de aquellas mejores tradiciones de la clase trabajadora. Desde las primeras iniciativas de organización y la lucha contra los despidos hasta los primeros grandes logros de reincorporación de trabajadores despedidos. El proceso de organización desde las bases con la edición de boletines y el apoyo a las luchas de otras fábricas, la incorporación de las demandas de los sectores más explotados, los tercerizados y las mujeres, la recuperación de la Comisión Interna y la pelea dentro del sindicato contra las direcciones burocráticas.

El impulso de métodos democráticos de organización desde las asambleas de fábrica y la construcción de una agrupación que se proponga abrir un camino para unir los reclamos sindicales a las grandes peleas políticas que los trabajadores deben dar para plantear una salida al conjunto de los explotados de la sociedad.

Los trabajadores de Pepsico son herederos de las mejores tradiciones del movimiento obrero

Está repleta de realidad entonces la afirmación de Hernán Camarero: los trabajadores de Pepsico están retomando las mejores tradiciones del movimiento obrero en la Argentina y en el mundo”, porque son la expresión del sagrado derecho a la rebelión de los oprimidos, porque cuestionan al capital y la alienación del trabajo asalariado y ponen en cuestión el principio de la ganancia capitalista, en un ejercicio de emancipación.

La lucha de Pepsico demuestra también el rol crucial que ha tenido la izquierda. En toda la historia la izquierda ha “estado junto al movimiento obrero y coadyuvó a su organización”, “hay mucho para aprender de estas experiencias, de sus potencialidades y de sus limitaciones”. Desde las tradiciones de la prensa anarquista, la puesta en pie de las primeras federaciones, que “han vuelto loco al régimen conservador con las huelgas generales”. Esta gran corriente que impulsó la lucha y la organización del movimiento obrero tuvo un gran límite que fue no complementar la potencia de la acción directa con la lucha política.

Así las direcciones del movimiento obrero a la vez que aportaban a la organización de los trabajadores en estas primeras décadas de su desarrollo nos plantean la necesidad de un balance de sus limitaciones: el parlamentarismo y el reformismo del Partido Socialista o el economicismo de la corriente sindicalista y la debacle del comunismo tras su estalinización.

Ya en los años 30 el peso de la clase obrera y sus organizaciones se expresará en la huelga de los obreros de la construcción de 1935. Aquí una gran conquista de la organización de las bases obreras se desplegará también: los comités de base y los delegados obreros junto con los métodos de acción directa, la solidaridad popular, la organización de la defensa obrera contra la represión.

Es que las patronales y el Estado han actuado siempre conscientemente en contra del movimiento obrero, lo han hecho con la represión abierta -de las instituciones del Estado, pero también de las organizaciones patronales y sus grupos de choque- y a través de la cooptación y la negociación con ciertas alas del movimiento obrero.

Estas lecciones se pusieron al rojo vivo también con la lucha de Pepsico que ha logrado una gran solidaridad de los sectores populares y un odio brutal de todos los representantes de las clases que dominan.

La burocracia sindical peronista: negociar y traicionar

La carpa de Pepsico recuerda, con una gran imagen suya, a Leonardo Norniella (que falleció hace poco más de dos años) porque fue trabajador de Pepsico y uno de los grandes organizadores detrás de la historia que Morelli revivió con sus palabras.

Alicia Rojo recordó que Leo fue además, impulsor de un taller con trabajadores de la zona Norte para debatir sobre el peronismo alrededor de lo que todavía eran borradores de Cien años… y aún no tenía título. En ese taller, las inquietudes, los cuestionamientos, el estudio y las reflexiones de Leo fueron un dinamizador de reflexiones que permitieron afinar definiciones en torno al peronismo. Leo, como muchos trabajadores concientes, se preguntaba por qué el peronismo que había enraizado tan profundamente entre los trabajadores por décadas, por qué perduraban como lozas las burocracias sindicales que se consolidaron durante su gobierno, por qué enormes sectores del movimiento obrero seguía apoyando a un dirigente que había gobernado siempre en función de los intereses de la burguesía.

El estudio de Trotsky y sus análisis sobre los fenómenos de nacionalismo burgués permitieron pensar al peronismo no solo como un proceso que impactó en el seno de la clase obrera, sino que se dio en un contexto internacional que planteó el problema de la relación del país con el imperialismo y en el que el peronismo surge como un tipo de bonapartismo que se apoya en la clase obrera para resistir a un imperialismo, en este caso en norteamericano. Fuerzas muy profundas operaron en el origen del fenómeno peronista.

El control que el peronismo establece sobre la clase obrera sobre todo a través de la estatización de los sindicatos, se acompaña de enormes conquistas (como los convenios colectivos de trabajo, diversas formas de control de las condiciones laborales) por las que el movimiento obrero luchó en las décadas previas y una ideología de conciliación de clases. Así, serán presentadas como concesiones del gobierno de Perón, porque obedecieron a la capacidad de lucha y el peso social que la clase obrera expresaba, que debía ser canalizado y controlado.

Una de las armas centrales para ese control serán las organizaciones sindicales que se transformarán en instituciones ligadas al Estado por múltiples mecanismos con direcciones burocráticas que dependían de los privilegios que esos vínculos con el Estado les aseguraban.

Conquistas, concesiones, cooptación, control, fortaleza de las organizaciones y burocratización. Todos estos procesos se combinaron para generar un fenómeno perdurable.

Sin embargo, no es este solo el legado del peronismo, sino también el rol de las comisiones internas y los cuerpos de delegados que actuaron en los primeros años para garantizar la implementación de las leyes laborales en las fábricas, y hacia los últimos años del gobierno se pondrán al frente de la defensa de esas conquistas cuando comiencen a ser atacadas.

Ambos procesos emergen en las tradiciones de los obreros y obreras de Pepsico: la traición desembozada de la dirección del gremio alimentado por años de privilegios que consolidó una burocracia abiertamente pro-empresarial, y también la vitalidad que pueden lograr las bases obreras y los métodos de organización democrática.

La Resistencia: el peso de la burocracia y la iniciativa de las bases

La caída del gobierno de Perón en 1955 abre un período de resistencia obrera. El régimen inaugurado por el golpe se propuso, abrir el país a una mayor penetración imperialismo.

Para esto era necesario logar el aumento de la productividad y la explotación del trabajo con la liquidación de conquistas obreras y el disciplinamiento de los trabajadores.

La política de la dictadura militar encontró en las masas una respuesta que se conoció como la Resistencia en la que se destacó una importante vanguardia surgida al calor de variadas formas de lucha (desde el sabotaje de la producción hasta la huelga y la toma de fábricas).

Alejandro Schneider afirma que “los grandes protagonistas de la historia post 55 fueron los trabajadores”. Efectivamente tras el abandono de Perón y la burocracia sindical –que jugará el rol para el que surgió negociando con todos los gobiernos y frenando las luchas-, los trabajadores impulsaron luchas claves como la huelga ferroviaria de 1961 y los planes de lucha de la CGT en los que la base obrera despliega un alto grado de iniciativa.

Las primeras ocupaciones se dieron por despidos y retrasos en los pagos, en ellas los trabajadores tomaron rehenes del personal jerárquico y lograron sus reclamos. En estos planes de lucha con ocupaciones de fábricas, 11.000 establecimientos serán ocupados y casi 4 millones de trabajadores se pondrán en movimiento retomando viejas experiencias a instancias de las comisiones internas y los cuerpos de delegados que en muchos casos se organizaban independientemente de lo que ordenara la burocracia sindical y ponían en práctica una precisa organización de todo lo que la toma implicaba.

La burocracia termina con una misa el último de los planes de lucha alertada por la peligrosidad que planteaban las iniciativas tomadas por los propios trabajadores que no sólo logran la puesta en vigencia del salario mínimo, vital y móvil, sino que, en muchos casos, comienzan a poner a producir algunas de las fábricas tomadas, demostrando una desafiante realidad: las fábricas pueden seguir produciendo sin patrones.

La memoria de la clase obrera y la lucha hoy

Estos jalones de experiencias permitirán dar el salto que implicó el ascenso revolucionario que se inicia con el Cordobazo en 1969. Los años 70 verán fenómenos como las grandes movilizaciones obrero-populares, el clasismo, las coordinadoras interfabriles del Gran Buenos Aires. Estos años pondrán al rojo vivo la necesidad que de superar a sus direcciones burguesas y sindicales burocráticas y construir una herramienta política de los trabajadores, para transformar en realidad su potencialidad para revolucionar la sociedad.

Alejandro Morelli destacó en su propia experiencia y la de su padre, trabajador de Astilleros Astarsa, emblema de la lucha en los 70, los poderosos hilos de continuidad que, pese a la derrota que significó la dictadura militar, debemos retomar porque no partimos de cero.

Así lo demuestra la larga lucha de la clase obrera sobre la que se reflexionó en la carpa de Pepsico frente al Congreso en una de las actividades que los trabajadores organizan para encarnar la solidaridad que su lucha logró y que debe continuar hasta que las 600 familias recuperen su trabajo.






Temas relacionados

Historia del movimiento obrero argentino   /    Resistencia obrera   /    PepsiCo   /    Historia   /    Mundo Obrero

Comentarios

DEJAR COMENTARIO