Economía

ECONOMÍA INTERNACIONAL

Las tendencias de la crisis en debate

El Banco Central Europeo (BCE) acaba de resolver un plan de compra de deuda pública y privada (conocido como facilidad cuantitativa o Quantitative Easing) que emula los programas ya implementados por Estados Unidos, Japón e Inglaterra. Esta medida, que hace realidad una semi promesa de Mario Draghi en junio pasado en Jackson Hole, se hace efectiva en un contexto de presiones deflacionarias redobladas como subproducto del descenso del precio del petróleo y en el cual, a la vez, las desigualdades se manifiestan con rigor en la economía mundial.

Sábado 24 de enero de 2015 | Edición del día

Combinaciones

Las variaciones en el precio del petróleo no tienen por sí mismas, como se señaló acá, acá y acá, la potestad para invertir hacia un lado o hacia otro las tendencias de la economía mundial. Sin embargo sí tuvieron el poder de echar leña sobre el fuego de tendencias deflacionarias cada vez más agudas que afectan a las economías de los distintos países centrales más allá de la situación específica de sus respectivas economías. Si dichas tendencias perturban mayormente a las alicaídas economías de Europa y Japón, tampoco está exenta la economía norteamericana -que más allá de la continuidad de debilidades estructurales-, transita un proceso de recuperación.

En este contexto, el derrumbe del precio del petróleo cuyas causas y posibles consecuencias se han venido tratando acáy acá, parece haber empezado a actuar como “disciplinador” de las políticas de los principales bancos centrales, posibilidad que se mencionó acá. Así como en Japón las consecuencias no deseadas del incremento de un impuesto al consumo se tradujeron en un nuevo y mayúsculo programa de facilites cuantitativas, la caída del precio del petróleo tuvo rápido efecto en las políticas monetarias del Banco Central Europeo (BCE). El programa tuvo el voto contrario de Alemania y según el columnista de Financial Times, Gabyn Davies, involucra un monto similar al implementado por la Reserva Federal en 2012 aunque menor al programa de expansión monetaria lanzado por Japón el año pasado.

Desigualdades

Recientemente el FMI rebajó una vez más el pronóstico de crecimiento del PBI mundial para 2015 y 2016 resaltando en particular un diagnóstico de mayor debilidad para la Eurozona y Japón, la reducción del crecimiento para América Latina y el Caribe y los mayores recortes de pronóstico para países petroleros como Rusia, Arabia Saudita y Nigeria. En sentido inverso, fueron revisadas al alza las perspectivas de crecimiento no sólo de Estados Unidos sino también de España. La recuperación norteamericana se sostiene fundamentalmente en base a tres pilares. Por un lado, las políticas monetarias expansivas (sucesivos programas de facilidad cuantitativa y tasas de interés a mínimos históricos), por el otro, las consecuencias de la propia contracción de 2009 y el proceso de recuperación lenta que derivó en una profunda reducción de costos salariales y finalmente la reducción de costos energéticos derivados tanto de la producción de shale como de la propia caída de los precios internacionales. Aunque para el caso de España están menos claras las bases concretas de la mejoría, es de imaginar que entre los elementos centrales se encuentra el hecho de que resultó una de las peores víctimas de la crisis –hasta hace poco también se observaban síntomas de recuperación en Grecia- con un 25% de desocupación, consecuente reducción de costos en su territorio, caída de sus importaciones, resultando la reanimación una consecuencia de la combinación de estos factores.

Pronósticos

Con respecto al programa de facilidades cuantitativas del BCE, la mayor parte de los analistas señala el carácter tardío del programa que probablemente lo convierta en menos eficaz. En particular Gabyn Davies, indica como factores limitantes el hecho de que en Europa la financiación bancaria de las empresas predomina, a diferencia de Estados Unidos, con respecto a la financiación a través del mercado de bonos. Señala también como límite el hecho de que Alemania haya impuesto la condición de que el 80% de los riesgos de incumplimiento por hipotéticas pérdidas en la adquisición de títulos, deben permanecer en los bancos centrales nacionales. En un sentido contrario, sindica que por primera vez el BCE se habría comportado como si fuera el banco central de un país cualquiera donde las decisiones suelen tomarse por mayoría y donde Alemania parecería haber perdido el poder de veto. Pero más allá de las distintas especulaciones, la devaluación del euro –que está entre los objetivos principales- es un hecho y necesariamente va a mejorar la situación de las exportaciones europeas con lo cual –aunque en términos estratégicos es improbable que las condiciones de la inversión productiva y de la demanda mejores cualitativamente en Europa- no puede descartarse una relativa recuperación económica de la zona. Como consecuencia de la devaluación del euro es esperable una revaluación del dólar por lo que tampoco puede excluirse la posibilidad de que se postergue la decisión de la Fed de incrementar las tasas de interés a mediados de año.

Tendencias de coyuntura y estancamiento secular

La incógnita es si –tal como se formuló como posibilidad acá- esta combinación de factores podría alentar una recuperación coyuntural de la economía en el corto plazo. Pero un interrogante de este tipo debe plantearse necesariamente en contexto. Es decir debe formularse sujeto al menos a tres factores centrales. El primero de ellos y fundamental es que cualquier posible recuperación coyuntural operaría sobre la base de las grietas estructurales puestas de manifiesto a partir de la crisis de 2008, tal como se señaló reiteradas veces. Grietas que gran parte de los economistas del mainstream, a falta de una definición más profunda, englobó bajo el nombre de estancamiento secular. El segundo factor necesariamente derivado del primero es que debido a que desde hace ya décadas el estímulo de la economía capitalista proviene de impulsos que los economistas llaman “exógenos” como lo son las llamadas “burbujas”, nunca puede dejarse de lado la posibilidad de nuevos estallidos financieros toda vez toda vez que se incrementan los factores de riego y las condiciones estructurales de la crisis permanecen irresueltas. Por último, incluso una posible recuperación coyuntural en el contexto de las fallas estructurales señaladas no podría ser estable, quedando sometida de forma permanente al riesgo de estallido o de una nueva recaída. Si no obstante estas limitantes, una recuperación coyuntural se produjera, tendría necesariamente consecuencias tanto en el terreno geopolítico como en el de la lucha entre las clases. Aunque no se desarrollarán estos aspectos aquí, sí se dejarán planteados algunos elementos. En el terreno geopolítico y como se señalara metodológicamente acá, una perspectiva económica menos catastrófica en términos inmediatos podría por ejemplo otorgar tiempo a China (por tomar un caso de peso) para fortalecerse económica (inversiones extranjeras, intentos de reconvertir su economía hacia el mercado interno, asimilación tecnológica, entre otros aspectos) y militarmente, mientras Estados Unidos continúa cada vez más empantanado en Medio Oriente. Desde el punto de vista de la lucha de clases, un período de recuperación coyuntural en el marco de la crisis estructural que impide el desarrollo de algún proceso reformista más o menos serio, podría también otorgar tiempo para fortalecer la perspectiva de recomposición de la subjetividad obrera y de los sectores explotados y oprimidos (ver acá), dando lugar a una mejor preparación de sus fuerzas.







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