Mundo Obrero México

VOCES DE MUJERES HACIA EL 8 DE MARZO

Las telefonistas debemos ayudar a que otras trabajadoras se organicen y luchen

Habla trabajadora telefonista sobre el 8 de marzo y los principales problemas de la mujer en México.

Miércoles 7 de marzo

No es fácil hablar del significado del 8 de marzo. Aunque es un día de lucha por los derechos de las mujeres, para algunas personas es una festividad. Se ha banalizado a tal grado que lo han vuelto una mercancía. Un elemento más de la comercialización, un producto para trivializar lo realmente importante.

Este día nos regalan flores, se mandan mensajes de felicitaciones, se enaltecen las características que se supone una mujer debe tener, pero curiosamente cada una de ellas nos encierra en el estereotipo y limitan la posibilidad de ser y existir lejos de las imposiciones.

Por ello, debemos reconquistar el 8 de marzo, devolverle su significado, o mejor aún, resignificarlo. No permitir que el poder se lo apropie. ¿Cómo hacerlo? Al parecer esa es una nueva lucha.

Sobre el feminicidio en México

El feminicidio es una mirada triste e impotente, la expresión extrema de violencia contra las mujeres, que en nuestro país se recrudece aún más por la injusticia e impunidad. El desdén de las autoridades victimiza doblemente a las mujeres violentadas. Se “normaliza” la humillación, la vejación, el silencio, las explicaciones sosas que culpan a las mujeres por salir de noche, por usar falda, pantalón, escotes, por desobedecer, por amar, o no amar, por ser.

Esta situación hace que los feminicidios adquieran una condición alarmante. Mujeres trabajadoras, estudiantes, niñas, amigas, esposas, hijas, amantes. Simplemente mujeres asesinadas por el simple hecho de ser. De esta forma, la mujer es vista y tratada como objeto, y como tal, es completamente desechable, sustituible y aniquilable.

Las telefonistas frente a la violencia laboral y social

El papel de cada mujer es luchar contra la violencia y la desigualdad. Todas y todos debiéramos tener el mismo compromiso, pero no siempre podemos estar organizados.

Se supone que al ser parte de un gremio podemos organizarnos y coordinar acciones de mayor impacto. No obstante, la violencia contra la mujer va más allá de lo laboral. Aún en espacios donde se supone se vela por la equidad, la mujer es señalada por cuestiones personales o “privadas”, como su forma de vestir y actuar.

Hay personas que en discurso social son de izquierda, preocupados por los derechos sociales básicos y luchan contra el sistema opresor, pero en sus relaciones personales son conservadores, de doble moral y reproducen los estereotipos que nos mantienen oprimidas. De izquierda en la calle, de derecha en la casa.

La situación de las telefonistas

Aunque formalmente no hay diferencia entre las condiciones laborales de hombres y mujeres, en Telmex el personal sindicalizado debe cubrir los mismos requisitos para ingresar a una especialidad o subir de categoría y, por lo tanto, de salario. Sin embargo, no se salva de la reproducción de estereotipos. Por ejemplo, las mujeres son educadoras y generalmente cuidadoras de niños en las guarderías. Mientras los hombres son ingenieros de proyectos o “fuerza bruta” de Planta, labores con una distancia salarial significativa.

Desafortunadamente la participación sindical es reflejo de la participación política y social donde las mujeres somos minoría. No se trata de establecer cuotas, aunque en un escenario tan desigual pueden funcionar como remedio inmediato, sino de construir caminos que permitan la libre y mayoritaria participación de las mujeres.

La poca participación de las mujeres al interior del sindicato telefonista nos habla de al menos dos fenómenos, uno relacionado con el interés de que las mujeres tengan una vida sindical y el otro con la posibilidad de expresar ese interés.

Parece una trivialidad pero durante las asambleas nacionales es común que cuando una mujer toma el micrófono, los compañeros, sin mayor dilación, chiflan y lanzan piropos lo que de inmediato distrae su atención y no escuchan.

Esta reacción nos dicen: “no me interesa lo que tengas que decir, mientras luzcas bien”, es ofensivo y misógino. Entonces, cómo sentirnos incluidas en los procesos de participación si ni siquiera somos escuchadas.

Lucir “bien” sólo atrae miradas pero no atención y mucho menos empatía, lucir “mal” tampoco es una solución. ¿Por qué las mujeres debemos “lucir” de alguna forma para existir o ser tomadas en cuenta? ¿Por qué nuestra apariencia es fundamental? Un dilema que nos invisibiliza, nos borra del mapa. Si guardas silencio eres apática, si gritas eres histérica. No hay escapatoria.

A pesar de ello, el sindicato cuenta con una secretaría de género, aunque formal, podría ser un espacio para construir una experiencia más equilibrada.

Hay mucho por hacer, pues muchos compañeros creen convenientemente que al hablar de género sólo nos referimos a las mujeres, como si los hombres no estuvieran constreñidos a ciertos parámetros de comportamiento. Les tocó ser favorecidos en esa relación asimétrica, pero luchar por la equidad implica liberar a hombres y mujeres de estos patrones. Asumir que su ventaja no es natural sino construida y tener la capacidad, voluntad y consciencia para despedirse de ella.

Podemos perder nuestras condiciones laborales con la separación funcional de Telmex

Mis condiciones laborales son mejores que las de muchas otras trabajadoras. Tener un contrato colectivo como el de los telefonistas da seguridad y certeza económica y laboral. Es un fenómeno en peligro de extinción. Un peligro latente, más aún con la separación funcional que propuso la empresa ante la “presión” del IFT.

Además una política más amplia se ve reflejada en las últimas reformas aprobadas en materia laboral, leyes que en lugar de defender los derechos de los trabajadores, protegen a los patrones. Así que ante este escenario es difícil saber cuánto tiempo podremos mantener nuestro contrato.

Como trabajadoras sindicalizadas tenemos la responsabilidad de luchar para que otras y otros logren organizarse y puedan defender sus condiciones laborales.

La realidad laboral en México es completamente desalentadora, en mi experiencia cuando te encuentras en empleos por honorarios, sin derechos laborales y con total incertidumbre sobre tu estabilidad económica, es difícil pensar en cambiar esa realidad. Se ignoran los procesos y por lo tanto las posibilidades de transformación.

Cuando comienzas a “protestar” u “organizar” eres fichado y con seguridad serás un nuevo desempleado. Para el mercado laboral eres completamente sustituible.

Por ello, el primer paso es difundir, apoyar para que otros trabajadores puedan enfrentarse a sus patrones. Pero, quizá, lo más importante es contrarrestar el triunfo del capitalismo, en la invisibilización de la dominación.

Nos parece normal que el patrón defienda sus intereses pero parece ofensivo cuando las y los trabajadores lo hacen. Ya no nos consideramos obreros, sino profesionales prestadores de servicios. Ya no son nuestros patrones, somos socios con jerarquías, donde, obviamente, estamos en el último escalón de la pirámide de los beneficios.

Debemos cuestionar este orden “natural” que le dan a las relaciones obrero-patronales, para poder cambiar las cosas y luchar porque nuestra realidad laboral sea distinta.






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