Política Uruguay

EDITORIAL

Las tarjetas corporativas y las demandas obreras y populares

Escándalo de las tarjetas corporativas salpicó al ex vicepresidente Raúl Sendic y ahora también al Partido Nacional. Pero es todo el sistema político el que está corrompido.

Karina Rojas

Montevideo

Domingo 25 de marzo | 18:26

Todos los partidos de este régimen político se manejan con prebendas personales y partidarias que no hacen más que seguir enriqueciendo a la casta política, beneficiando a las grandes patronales nacionales y extranjeras y sumergiendo a las masas trabajadoras en salarios bajos y miseria.

Raúl Sendic debió renunciar frente al escándalo de la tarjeta corporativa y de la descapitalización de ANCAP. El Frente Amplio prefirió sacrificar a un posible sucesor a la presidencia, aunque figuras como el Pepe Mujica y Lucía Topolanski lo apañaban.

Por su parte, el ex director del BROU por el Partido Nacional Pablo García Pintos explicó sin ningún tapujo al periodista de Radio Sarandí cómo, en el peor momento de la crisis económica y financiara del país en 2002, re-dirigía mensualmente los fondos de su tarjeta corporativa a las arcas del partido blanco.

Ahora oficialistas y opositores se rasgan las vestiduras, pero esta operatoria no es excluyente de algunos políticos sino de todo el sistema. Estas prebendas y “sobre sueldos” es lo que permite a los empresarios tanto nacionales como extranjeros que los políticos sigan votando en el parlamento leyes en su beneficio. Es lo que los “compromete” a ser leales y fieles mandaderos de los intereses de los grupos económicos que se benefician con este modelo económico primarizador de la economía agro-exportadora y expoliada por el imperialismo.

Lo que está podrido es el sistema

Cualquier persona de a pie se pregunta por qué los diputados, senadores, directores, ministros y militares, además de cobrar sueldos millonarios, disponen también de sobre sueldos que pueden utilizar a discreción, mientras el pueblo trabajador no llega a fin de mes, tiene una salud decadente, una educación que se cae a pedazos y se mantiene la deuda interna con los sectores más postergados del país.

Nos preguntamos, ¿por qué los políticos, que dicen legislar para los sectores más explotados y oprimidos, no cobran como un obrero calificado o una maestra o un docente?

Tema tratado en las murgas del pasado carnaval, las tarjetas corporativas demuestran la distancia que existe entre los ricos, los poderosos y la masa de trabajadores y trabajadoras que todos los días se levanta temprano, trabaja ocho, diez y hasta doce horas por día y hace malabares para administrar el mísero sueldo y estirarlo para que alcance todo el mes.

Esta democracia, que beneficia a los más ricos, se basa en esta desigualdad estructural. Las coimas, los sobre sueldos y beneficios extra son algo estructural y fundamental para que este modelo de democracia funcione.

Mientras con la plata del pueblo uruguayo se benefician a los empresarios y los políticos corruptos, se sigue pagando la deuda externa, ese gran robo al pueblo pagado con la sangre y el sudor del trabajo. Tampoco se aumenta el presupuesto de la educación al 6% como quiere el movimiento educativo todo. Mientras, los docentes, funcionarios y funcionarias de la educación realizan paros en defensa de la universidad pública, el Instituto Figari se mantiene ocupado por mejores condiciones de trabajo y estudio, o los becarios y becarias no pueden alimentarse en el comedor universitario.

Mientras sucede esto, los colonos esperan desesperadamente una parcela de tierra que le sirva para la supervivencia de sus familias. O se sigue postergando el presupuesto para la Ley de Violencia hacia las Mujeres basada en Género cuando necesitamos centros de acogida, subsidios y asistencia para las mujeres, mientras nos siguen matando y el Estado no hace nada.

Y mientras todo esto sucede, el Estado sigue sin la voluntad política de investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos en dictadura, sigue sin destinar fondos para la búsqueda de los desaparecidos, sigue sin entregar los archivos de las fuerzas represivas y sigue poniendo trabas transformándose así en el responsable máximo de la impunidad reinante, tal como queda claro en esta nota.

Que todo político gane lo mismo que una maestra

Pero no es la única forma en que una democracia puede funcionar. Los y las socialistas que integramos la Corriente de Trabajadores por el Socialismo (CTS) tenemos como modelo el de la Comuna de París de 1871, que en aquel temprano año experimentó una forma de organización de democracia directa.

Fue a partir de la invasión del ejército prusiano que llegó hasta las puertas de París, cuando el emperador de Francia Luis Bonaparte es derrotado y exiliado en Inglaterra de forma cobarde, dejando la defensa de la ciudad a los obreros, los artesanos, las mujeres pobres y los sectores más plebeyos de la sociedad parisina. En aquel momento se produjo una revolución que dio el poder a los explotados y oprimidos, quienes levantaron barricadas para enfrentar al ejército invasor.

En su paso construyeron un sistema de organización con representantes revocables en cualquier momento, con cargos rotativos y donde todo cargo político o administrativo cobraba el equivalente al ingreso de un obrero calificado. También dio plenos derechos a las mujeres, de forma innovadora para la época.

Esta forma permitía que toda la población pasara por el ejercicio de la representación política y evitaba la burocratización de los cargos y la corrupción al interior de la Comuna de París. Karl Marx y Federico Engels se emocionaron y vibraron al ver esta gesta, más allá del corto tiempo que duró ya que la oligarquía francesa pactó con el gobierno prusiano en la derrota de aquella epopeya socialista que le costó la vida a unos 30.000 comuneros y comuneras que defendieron valientemente su pequeña gran fortaleza.

Esta experiencia fue profundamente estudiada por todo el movimiento marxista y socialista de la época. Como no podía ser de otro modo, el dirigente ruso Lenin aplicó sus enseñanzas a la gloriosa experiencia soviética rusa, como “anticuerpo” para el arribismo y el oportunismo político.

Cuestionar el sistema de raíz

Hoy esta experiencia nos hace levantar a los y las socialistas revolucionarios este tipo de consignas democráticas formales para desenmascarar el repodrido régimen democrático burgués. Ya en 2013, en medio de la huelga docente en secundaria este razonamiento se concretó en mociones votadas en asambleas masivas y se materializó en un proyecto de ley para que todo cargo político cobre lo mismo que un docentes, pero que no tuvo apoyo de ningún sector político.

Hoy tenemos que cuestionar profundamente esta democracia capitalista y patriarcal, sus privilegios, sus beneficios, y proponer un sistema de organización basado en la auto-organización de trabajadores y trabajadoras de la ciudad y del campo, de estudiantes y jóvenes, de cooperativistas, de usuarios y usuarias de la salud pública y de todo el pueblo trabajador.

Romper con la política del Partido Comunista del Uruguay

Para que este proyecto pueda concretarse debemos cortar con aquellas ideas impregnadas durante décadas por el Partido Comunista que nos dice que no hay que luchar porque debilita al gobierno del Frente Amplio. Es la ideología de la conciliación de clases y de relegar las acuciantes demandas obreras y populares para un futuro que no llega nunca. El Partido Comunista, no solamente fue promotor de un frente de colaboración de clases como el Frente Amplio, sino que hoy en el poder tiene cargos importantes, es decir que es parte de un gobierno que sigue beneficiando a los patrones y al imperialismo.

Es necesario romper definitivamente con esta lógica conciliadora y construir una corriente socialista en los sindicatos, en los centros de estudiantes y en las barriadas pobres que mantenga la independencia política respecto de cualquier expresión patronal, que enfrente decididamente las maniobras y vacilaciones – cuando no directamente las traiciones abiertas – de la dirección sindical burocrática y que pelee verdaderamente por que gobierne la mayoría trabajadora y popular.






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