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Las plazas del kirchnerismo y la resistencia al ajuste

En la última semana ha comenzado un nuevo relato y debates en los que se encuentra el kirchnerismo en la era macrista. Blogueros, intelectuales, periodistas ponen el centro en una nueva resistencia de las plazas, los “empoderados”, las analogías con los indignados y Podemos y sus límites.

Viernes 8 de enero de 2016 | Edición del día

En Parque Saavedra, con una convocatoria importante que reunió alrededor de 8 o 10 mil personas con fuerte componente de clases medias en su mayoría “no encuadrados”, cerró el año el programa 6,7,8 levantado del aire. Entre los oradores además de los panelista del programa estuvieron Wado de Pedro y Martín Sabbatella.

Semanas antes el Parque Centenario fue escenario de un acto similar con menor asistencia esta vez con Axel Kicillof como orador central. Otras plazas en días de semana y lugares veraniegos vieron sus convocatorias en defensa de la ley de medios.

En los discursos se ha hecho hincapié en el pasaje a la resistencia en los tiempos que corren: una resistencia que consistirá en copar las plazas.

El fin de año trajo vientos de “cambio” y un país atendido por sus propios dueños. La lluvia de DNU y el pago en tiempo y forma a los sectores que dieron el espaldarazo al macrismo desde los empresarios del agro hasta los industriales que esperan una fuerte devaluación para profundizar sus negocios, hasta el grupo Clarín recibió un regalo en nochebuena. No solo se trata de contraprestaciones, sino de un ajuste en marcha entre sidra, pan dulce, inundaciones y peculiares fugas de penales bonaereses.

Con el sugerente silencio que CFK mantiene desde el Calafate, las convocatorias del kirchnerismo se circunscriben a la "resistencia" en las plazas y desde allí a enfrentar los embates del macrismo encabezando el reclamo la defensa de ley de medios.

Eduardo Mocca en la convocatoria en Saavedra proclamó una comparación con el surgimiento del fenómeno de los indignados en España a partir de la convocatorias en las plazas y que dio lugar a Podemos como expresión política. Más allá de la chicana de Clarín que en su crónica sobre la convocatoria dispuso que “en realidad el programa inicial de los españoles fue mucho más radical que los postulados K”, existe el problema de quién pagará los costos de la crisis y devaluación y qué resistencia se necesita para enfrentarla.

Desde el kirchnerismo, Artemio López hace algunas semanas planteaba que “no se trata sólo de un cambio de gobierno, sino que estamos ante un verdadero cambio de régimen”. Tamaño proyecto político económico y social del macrismo que implicará un cuantioso ataque del costo de vida de millones que empieza a sentirse en el bolsillo, vendrá de la mano de más represión y concentración de poder como hemos analizado. Esto sin embargo no será sin resistencia, que empieza a mostrarse desde las bases en el movimiento obrero frente a los despidos y cierres, como es Cresta Roja que hace más de un año vienen sosteniendo su lucha o en Siderca de Campana, que enfrentaron los despidos en las calles de la ciudad, mientras que Vidal junto a Paolo Roca organizaban una trampa como salida al conflicto para flexibilizar el trabajo y avanzar sobre la organización de los trabajadores. En la última semana se suman los despidos por miles en dependencias estatales, municipios y trabajadores de prensa que se movilizaron.

¿Resistencia o integración?

Horacio González bajo el sugestivo título Resistencia e Integración en alusión al libro de Daniel James sobre la dinámica del peronismo post 55, entre la resistencia de las bases obreras y el integracionismo de las cúpulas, reflexiona poniendo un manto clarificador al contenido de la resistencia: “políticamente somos opositores responsables, tanto mejor argumentados en cuanto seamos más sutiles críticos de nuestra propia experiencia.(…) Pero éticamente somos resistentes, no por facciosos o turbulentos o en ejercicio de la caprichosa virulencia, sino porque conocemos lo que pasa (…) frente a la estructura de integración ficticia que tiene la operación política en curso, sí es necesario el ungüento ético de la resistencia. La construcción de una “asociación de iguales” que “conocemos lo que pasa” debe estar en todos lados, en la porosidad de las fábricas, los medios de comunicación y las universidades, cualquiera sea quien las administre. Y frente a cada caso en que avancen sobre los intereses sociales irreductibles, la oposición debe ser política.

Dejémosle el lenguaje de la guerra a Aguad, personaje soturno. Resistencia y oposición, cada una en su plano; sin infantilismo sedicioso la primera, sin complacencia integracionista la segunda. Todas, en la intimidad de los parques y en la profesionalidad parlamentaria”.

Con un ojo en la interna del PJ y buena dosis de realpolitik, Horacio Verbitsky advierte “Massa cuenta con el poderoso respaldo de ese sector económico desplazado de la conducción, ya sea para apostar por la jefatura de un peronismo deskirchnerizado en alianza con varios gobernadores que desean cerrar el ciclo del Frente para la Victoria, o tratando de nuclear esa misma reacción en su Frente Renovador, dejando a Cristina sola con la rama juvenil.

Las convocatorias por redes sociales y las catarsis en los parques son reacciones valiosas ante el avasallamiento de normas y derechos, siempre que no segmenten el vasto movimiento político y social que se expresó durante los doce años del kirchnerismo ni recaigan en el antipejotismo esteticista”.

La resistencia como ética significa ser una “oposición responsable” en los parques y en el congreso, que se proponga volver en 2019, pero alejada de la confrontación que implicará la necesaria resistencia en las calles para que millones no sufran los costos del ajuste. Frente a esto, existe el dilema que plantea Verbitsky entorno al límite para la “vuelta” que tiene refugiar al kirchnerismo en el movimiento de las clases medias y el progresismo, por fuera del “aparato realmente existente” de sectores del PJ, los empresarios locales y la burocracia sindical.

La tendencia a la integración aunque sin pases al macrismo, de una parte del bloque de diputados y gobernadores del FpV que buscan un juego propio, se suma a la ubicación que por ahora preanuncia la burocracia sindical que se mantiene a la expectativa sin siquiera una pelea mínima por un bono de fin de fin de año. La estrategia de CFK no hay que buscarla en las calles sino en la interna del PJ.

Una resistencia verdadera al macrismo, implicará una lucha concreta contra el ajuste y por la defensa de conquistas que reúna en las calles a los trabajadores, sectores medios y populares y una alternativa de independencia política.

La resistencia en las calles junto a los trabajadores

Este 22D una importante movilización a la Plaza de Mayo contra la represión en cresta Roja, por un bono de fin de año y un salario igual a la canasta básica fue el comienzo de una respuesta en las calles contra el ajuste, quedó en manos de la izquierda y los sectores combativos del movimiento obrero.

A esta convocatoria declinaron a último momento la CTA de Michelli y CTEP, que agrupa a varias organizaciones sociales kirchneristas, como anunciaron en su comunicado luego de negociar un aumento a 400 de la AUH y algunas otras medidas del macrismo.

La resistencia no puede ser declarativa. Es necesaria la más amplia movilización y lucha para hacer frente a los despidos, los más recientes en dependencias estatales como en el Centro Cultural Néstor Kirchner, manejado por el anterior gobierno, en el Banco Central, en intendencias como la de Quilmes, y hasta en San Cruz de la mano de Alicia Kirchner, junto a los despidos en prensa en CN23 manejado por Szpolski. Todos conflictos que estamos apoyando incondicionalmente desde la izquierda.

Sin embargo, ¿por qué el kirchnerismo no se propuso una resistencia activa y contundente en estos casos o incluso en el AFSCA que intente frenar los avances del nuevo gobierno transformándolos en casos testigo?

En la respuesta a este interrogante se encuentra los límites de las “plazas” para hacer frente a los despidos porque la contracara es que el kirchnerismo dejó los sindicatos en manos de la misma burocracia que siempre estuvo en el mando, lo que impide que su militancia pueda ir más allá del denuncialismo.

Por otro lado en las universidades, la resistencia a los recortes de presupuesto y de becas como lo comenzó a hacer la gestión radical en UNCuyo, no se puede efectuar tampoco avalándolos como hicieron las autoridades kirchneristas sino con la organización del movimiento estudiantil para que no pase el recorte.

Hoy, ante la devaluación, los ataques a los trabajadores con despidos y los recortes que pueden profundizarse en la educación pública, está planteada una única salida: poner en pie una fuerza social de cientos de miles que en las calles enfrente al macrismo y su gabinete compuesto por los dueños del país. Que se proponga usar el parlamento como tribuna, como lo venimos haciendo desde el FIT-PTS con Nicolás del Caño y Myriam Bregman, utilizando las bancas conquistadas para denunciar los decretazos y reclamar que ninguna medida económica se tome sin un debate en el congreso televisado para millones, para denunciar la intervención autoritaria ante la llamada ley de medios a pesar que no consideramos que esta implique una verdadera democratización, y repudiar los ataques a los trabajadores de prensa y las amenazas de despidos. Pero también para aportar solidariamente a las luchas y grandes problemas que afectan a decenas de miles como las inundaciones.

Como quedo a la vista de todo el país, ha sido el Frente de Izquierda encabezado por Nicolás del Caño la única fuerza que no avalo el "diálogo" con Macri ni fue a la asunción, contra el consenso del participaron todos los que fueron candidatos, incluyendo a Scioli, que dio el aval para el ajuste por decreto al pueblo trabajador.

Es el Frente de Izquierda el que propone un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Pero no es un papel mojado. Sino que se lo propone en la práctica, por eso tuvo participación activa en las primeras luchas de los trabajadores bajo el macrismo y movilizando el 22 de diciembre, apoyando los conflictos en curso y exigiendo a las conducciones sindicales que convoquen a asambleas para decidir un plan de lucha, al mismo tiempo que desarrollando una denuncia activa a las primeras medidas del gobierno.







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