Internacional

BRASIL - RETROSPECTIVA 2016

Las ocupaciones estudiantiles que sacudieron Brasil

Primeras lecciones del movimiento estudiantil brasilero, que en 2016 ocupó centenares de instituciones de enseñanza y estuvo al frente de la lucha contra los ataques en todo el país.

Sábado 31 de diciembre de 2016 | Edición del día

En 2016 las ocupaciones estudiantiles enfrentaron la situación calamitosa de la educación pública del país. Inspirados en los secundarios del estado de San Pablo que en 2015 ocuparon cientos de escuelas y derrotaron la propuesta educativa del gobernador del estado Alckmin (PSDB), los estudiantes desarrollaron el mayor movimiento de ocupaciones de la historia del país.

Enfrentando la represión del Estado, la burocratización de sus organizaciones estudiantiles como la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y la Unión Brasilera de Estudiantes Secundarios (UBES), la criminalización del conflicto por parte de los grandes medios de comunicación y los ataques de la derecha. Los estudiantes ocuparon las instituciones escolares para dar clase sobre cómo luchar y resistir los ataques de los gobiernos.

La primavera secundaria

Goiás, nuevamente San Pablo, Ceará, Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul. Fueron centenares de ocupaciones durante el primer semestre del año. Las reivindicaciones levantadas por los estudiantes reflejaban los planes de precarización, privatización y deterioro de la educación pública, además de la corrupción, de los gobiernos.

En Goiás, estudiantes y profesores ocuparon escuelas y la Secretaría de Educación contra la gestión privatizadora propuesta por el gobierno de Marconi Perillo (PSDB). En Sao Paulo, las escuelas técnicas (Etecs) se rebelaron contra el escándalo del robo de las meriendas escolares por parte del gobierno de Alckmin.

En Río, los estudiantes y los profesores enfrentaron los recortes del gobernador Pezáo (PMDB). En Ceará, el abandono de la educación por parte del gobierno de Camilo Santana (PT) provocó la revuelta de los estudiantes. En Rio Grande do Sul, los educadores y los estudiantes lucharon juntos contra el gobierno de Sartori y ocuparon más de 150 escuelas en defensa de la educación pública.

En todos los estados la represión de los gobiernos con el apoyo de la derecha y la criminalización de la lucha promovida por los medios de comunicación, que incitaba a la violencia contra los estudiantes, fue un denominador común. En Goiás el violento desalojo dirigido por la Secretaría de Educación, Cultura y Deportes (SEDUCE) concluyó con 31 manifestantes detenidos. En Sao Paulo, las imágenes de la represión en el colegio Centro Paula Souza impactaron a los activistas de todo el país. En Río de Janeiro el gobierno cortó el agua y la electricidad de las escuelas. En Rio Grande do Sul, además de la persecución de la derecha, 43 estudiantes y sectores que los apoyaban durante la ocupación fueron detenidos.

Además de la represión, los estudiantes también tuvieron que enfrentar a la dirección burocrática del movimiento estudiantil, la UNE y UBES, que además de no poner todas sus fuerzas al servicio de la lucha de los estudiantes, se mostraron como un obstáculo para la unificación nacional del movimiento. Como ocurrió en Porto Alegre luego de la ocupación de la Asamblea Legislativa, cuando las direcciones del movimiento estudiantil acordaron la desocupación de las escuelas a espaldas de los estudiantes, desencadenando la formación de un Comité de Escuelas Independientes que mantuvo la ocupación de algunas escuelas y luego ocupó la secretaria de Hacienda, siendo finalmente reprimidos por la policía.

La lucha de los secundarios inspira a las universidades estaduales de San Pablo

En mayo fue el turno de las universidades del estado de San Pablo que salieron a la huelga contra la precarización del gobierno del PSDB, al mismo tiempo que la derecha reaccionaria avanzaba con el golpe institucional.

Centenares de jóvenes y trabajadores se levantaron contra la destrucción de las universidades estaduales, el avance de la precarización del trabajo y especialmente contra el racismo institucional luchando por la implementación de los cupos raciales. Un conflicto que demostró un gran potencial y disposición de la juventud que luchaba contra el golpe y la precarización de la educación. La fuerte represión política y el aislamiento impuesto por el gobierno del estado que apoyado en el golpe en curso avanzó sobre los estudiantes, haciendo que el movimiento se fuera desgastando y perdiendo fuerza. Lo que agravó que el movimiento no haya logrado articularse y se unificara en esta gran batalla en defensa de la educación pública.

En la Universidad de San Pablo (USP) la Rectoría arbitrariamente dejó a centenares de familias sin salarios al descontar los días de huelga, anticipando una de las medias aprobadas por el poder judicial golpista. La intransigencia de las autoridades de la universidad que se negó a negociar con los estudiantes y trabajadores permanece hasta la actualidad por medio del intento de reintegración de pose de la sede del Sindicato de Trabajadores de la USP y de algunos centros académicos de la universidad. En la Universidad de Campinas (Unicamp), los estudiantes lograron imponer tres audiencias pública para debatir los cupos raciales.

Universidades, escuelas e Institutos federales contra la PEC 55/241

En octubre en Paraná los estudiantes secundarios iniciaron una onda de ocupaciones. Como un reguero de pólvora, los estudiantes se levantaron contra la enmienda constitucional PEC 55/241 que congela gastos sociales por 20 años, cuestionando uno de los más firmes ataques del gobierno golpista. Fueron más de 800 escuelas ocupadas en este estado. Los estudiantes resistieron varios intentos de desocupación. Inspirados en los secundarios de Paraná, que enfrentaban al gobierno golpista, los estudiantes de todo el país pusieron en marcha el mayor movimiento de ocupaciones de la historia del país.

De norte a sur, más de mil universidades, Institutos Federales y escuelas se rebelaron contra la PEC 55/241, contra la Reforma del sistema de Enseñanza Media y el proyecto educativo de los gobiernos del país.

En San Pablo los estudiantes secundarios ocuparon sus escuelas, fueron nuevamente reprimidos por la policía Alckmin. Sin una orden judicial, la policía invadió las escuelas, en un esfuerzo del gobierno estadual paulista para que el movimiento no se generalizara nuevamente en el estado. La justicia llegó a autorizar el uso de métodos de tortura contra los estudiantes.

A diario nuevas instituciones se sumaron al movimiento. En muchos lugares, como la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) la lucha era unificada: docentes y técnicos administrativos en huelga, estudiantes en ocupaciones. En todo el país los estudiantes y trabajadores de las universidades e Institutos Federales dijeron NO a la PEC.

Los jóvenes luchadores no contaron con el más importante aliado en sus batallas: la clase trabajadora, principal perjudicada con la PEC 55. Esto fue así por la política de las principales centrales sindicales del país como la CUT y la CTB, dirigidas por el PT y el PCdoB, se subordinaron a la política de Lula, evitando “incendiar” el país contra las medidas de ajuste del gobierno. Incluso los “días de lucha” convocados, poco o nada fue construido desde los lugares de trabajo y sindicatos.

Los límites del movimiento

Más allá de las burocracias sindicales que contribuyeron a que la lucha de los estudiantes no confluyera con la clase trabajadora, el movimiento tuvo sus límites. Por responsabilidad de las burocracias estudiantiles como la UNE y la UBES dirigidas por el PCdoB, se evitó que las ocupaciones se coordinaran entre si a nivel nacional.

Las miles de ocupaciones que se extendieron por todo el país no encontraron con un canal de diálogo, no contaron con un organismo de actuación común. El movimiento no logró llegar a los trabajadores y disputar con los grandes medios y superar la parálisis de las centrales sindicales. Un movimiento que comenzó fuerte pero que terminó debilitado y finalmente fue derrotado por el gobierno.

Desde la agrupación Faísca, en todas las universidades y escuelas donde tenemos presencia, defendimos la formación de comandos regionales de las ocupaciones, compuestos por delegados electos en las bases y revocables en cualquier momento. Fundamental para construir un comando nacional de las ocupaciones, que con los métodos de democracia de base pudiera expresar el movimiento en forma unificada y con mayor fuerza. Que pudiera deliberar regionalmente y organizar piquetes, panfletos, acciones con la clase trabajadora que pudiese desafiar el bloque de la burocracia sindical, retomando el ejemplo de los estudiantes del mayo francés del 68.

Retomar el mayor movimiento de ocupaciones vivido por el país es parte de entender las lecciones que deja este movimiento. Es necesario que las nuevas generaciones que estuvieron al frente de la lucha contra los gobiernos estaduales y contra Temer, saquemos las lecciones de las luchas de este 2016 pues en 2017 volverán al ataque y los estudiantes debemos prepararnos para revolucionar nuevamente al país.






Temas relacionados

Michel Temer   /    Secundarios   /    Movimiento estudiantil   /    Brasil   /    Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO