Géneros y Sexualidades

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Las mujeres huelguistas de la “revolución de las escaleras”

Las mujeres trabajadoras de Telefónica-Movistar también se suben a las escaleras. Cristina, Asunció y Silvia, en huelga contra la multinacional imperialista, cuentan la situación de precarización en la que viven y por qué han decidido ponerse en pie de lucha.

Andrea Villa

Barcelona | @AndVilla_

Jueves 30 de abril de 2015 | Edición del día

En la actualidad, en la plantilla de Telefónica-Movistar no hay más de un 20% de mujeres técnicas, y el número es aún menor en las contratas y subcontratas. Pero si bien éste siempre fue un sector compuesto por trabajadores varones “lo que ha conseguido Telefónica externalizando este tipo de trabajo es que no haya mujeres instaladoras”, explica Cristina Pons, técnica de Telefónica-Movistar y delegada del sindicato alternativo “En Construcció”, quien recuerda que en los ’90 había muchas más instaladoras.

En los años ’80 entraron muchas mujeres jóvenes que lucharon junto a sus compañeros por un convenio de sector que aglutinase a todos los técnicos. Sin embargo, tras la privatización de Telefónica bajo el gobierno de Felipe González, se han eliminando puestos de trabajo y precarizado las condiciones laborales, a la par que se incrementaban las ganancias de la multinacional.

“Desde el 88 hasta el 92 entramos muchísima gente joven, llegando a ser unos 82.000 trabajadores. Pero en 20 años se han perdido 50.000 puestos de trabajo, a razón de 7 puestos/día. Telefónica ha ido haciendo ERE, despidiendo personal de una manera muy maquillada -porque no ha habido ninguna reacción social- y creando contratas y subcontratas en las que se realiza un trabajo físico y peligroso sin que se cumpla ninguna de las medidas de seguridad.” explica Asunció Querol, técnica de Telefónica-Movistar y miembro de En Construcció.

Es por esto que ahora luchan tanto contra la precarización del empleo en la plantilla de Telefónica, junto a las y los contratados, subcontratados y falsos autónomos exigiendo ’igual trabajo, igual salario’: “La esclavitud no desapareció, pasó a nómina. Y es gente que trabaja de 08:00 a 22:00 de la noche por 600 y 800 euros, jugándose la vida y sin ningún tipo de cobertura médica. Al final, uno y dos muertos hay cada año”, denuncia Asunció.

Precariedad de la que da cuenta Silvia, técnica en una contrata de Movistar hace 9 años, que está en lucha porque cada día le resulta más complicado alcanzar las exigencias de la empresa: “Llegará el momento en que me darán la patada porque en 8 horas no les voy a salir rentable. Lo que están pidiendo no lo puedo hacer, no puedo trabajar 10 y 12 horas porque tengo que amoldarme al horario de mi hijo. Pero además lucho también por su futuro, igual que lo hicieron mis abuelos. Y por eso también le pido a la gente que nos apoye y que luche, porque la lucha es de todos y merece la pena”.

La huelga de Telefónica está recibiendo el apoyo de varios sectores de la sociedad como sindicatos, organizaciones sociales y partidos políticos -a excepción de la burocracia de CCOO y UGT que llevan desde el comienzo jugando el rol de ’voceros’ de la empresa. Las trabajadoras se esfuerzan en difundir su lucha junto a sus compañeros dando charlas, organizando manifestaciones, haciendo piquetes... “Estamos todos unidos desde las bases. Nos organizamos en asamblea, tenemos grupos de whatsapp y actualizamos toda la información en la web teleAfonica.net. Aunque sí hay sindicatos minoritarios que nos están ayudando... yo mantengo mi desconfianza; creo que somos nosotros, los trabajadores, los que tenemos que decidir”, explica Silvia.

Las mujeres tienen doble dificultad para conciliar la vida laboral y familiar, y así también sucede en la huelga. Asunció explica que aunque dispone de la ayuda de su madre y de un servicio de guardería que a veces organiza su sindicato “al final siempre dependes de los horarios en que se hacen las actividades o las manifestaciones. Y siempre terminas llevándolos contigo. Es un ¡vamos de manifestación!.

Pero además de las diferencias de género, existe diversidad de situaciones entre mujeres que hacen a cada cual más precaria, como es el caso de Silvia, que no dispone de ayuda para compaginar las obligaciones familiares con el trabajo de ’trabajar la huelga’: “Yo no estoy sindicada ni tengo familia a quien dejar a mi hijo, así que me acoplo como puedo. Estoy entre los horarios escolares de mi niño y las actividades que vamos haciendo para informar de la huelga y buscar la solidaridad; como hoy que venimos a las facultades para explicar esta lucha a los estudiantes... futuros trabajadores precarios”.

Silvia recorre las aulas de la Universidad de Barcelona junto a estudiantes que están llevando adelante la campaña "Un estudiante, un euro", con el fin de recaudar fondos para la caja de resistencia y de sensibilizar sobre la necesidad de crear vínculos efectivos entre trabajadores y estudiantes para enfrentar este ataque generalizado a las condiciones de vida de toda la clase trabajadora y la juventud, porque como ella dice “esta lucha es de todos y merece la pena”.

Desde hace dos semanas, esta huelga en Barcelona ha ido adquiriendo apoyo de diferentes sectores sociales, colectivos y organizaciones políticas. Las mujeres, aunque son una minoría en este sector, han ido adquiriendo visibilidad, y su fuerza y combatividad les hace ser un importante motor de energía para sus compañeros. Ellas también sufren la precariedad laboral y el riesgo de subir a las escaleras. Pero su explotación es doble, como mujeres y como trabajadoras.






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