Géneros y Sexualidades

CORONAVIRUS Y POLÍTICA

¿Las mujeres gobiernan mejor?

El portal Forbes se pregunta qué tienen en común los países que enfrentan con éxito el coronavirus. Su conclusión: gobiernan las mujeres. ¿Realidad o prejuicios reciclados?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Jueves 16 de abril | 11:15

Imagen: la primera ministra de Dinamarca Mette Frederiksen conversa con estudiantes.

La idea de que las mujeres ejercitan el poder con cualidades “propias” de su género es un prejuicio tan viejo como pensar que su lugar “natural” es el hogar. Esas cualidades serían cuidar a la población, mayor capacidad de diálogo o empatía. “Las mujeres avanzan y le muestran al mundo cómo manejar un momento complicado de nuestra familia humana”, en palabras de Forbes, o también, “esta pandemia revela que las mujeres tienen lo que se necesita cuando las papas queman en las Casas de Estado”. No es una casualidad el uso de las palabras familia y casa. Son prejuicios reciclados.

Algo parecido pasa en muchas ramas laborales que son una suerte de extensión de tareas tradicionalmente femeninas, producto de prejuicios patriarcales que el capitalismo utiliza con habilidad hace siglos. Por eso las mujeres son mayoría en las áreas de cuidado como salud, educación o limpieza (que son además ramas con salarios comparativamente más bajos y mayor tasa de precarización).

¿Cuestión de género o de billetera?

Con excepción de Taiwán y Nueva Zelanda, los ejemplos de Forbes corresponden a países europeos, en su mayoría nórdicos, varios son países pequeños o economías fuertes, países con un importante acceso a servicios públicos y baja desigualdad de ingresos. Entre ellos, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega.

Llama la atención la ausencia de otros países gobernados por mujeres como Etiopía (su primera ministra es Mia Mottley), que recibe donaciones de millonarios como Bill Gates y debe importar respiradores ya que la mayoría de los 435 unidades con las que cuenta el país son disfuncionales. Tampoco se mencionan las dificultades económicas de Estonia, gobernada desde 2016 por Kersti Kaljulaid, para lo cual emitió un bono a fines de marzo.

Aunque a los medios de comunicación les guste destacar la conferencia de prensa para niños y niñas de la primera ministra de Noruega, Erna Solberg, su éxito no reside en la empatía y su capacidad de comunicar. Forbes se sorprende por la medida (que copió de otra mujer en el poder, la primera ministra de Dinamarca Mette Frederiksen) y dice, “la empatía y el cuidado con el que estas líderes han comunicado parece venir de un universo alternativo al que estamos acostumbrados. Es como si sus brazos salieran del video para darte un abrazo cariñoso. ¿Quién imaginaba que un líder podía sonar así?”.

Conferencia de prensa de la primera ministra danesa con preguntas de niñas y niños

Probablemente el éxito noruego tenga más que ver con que es un país con poco más de 5 millones de habitantes, con un PBI per cápita de 67.000 euros (alto), amplio acceso a los servicios públicos. Además, se encuentra entre los países con menor brecha de ingresos y de desigualdad entre los géneros.

Alemania no es un país pequeño, todo lo contrario, más de 83 millones de personas viven allí pero es una de las principales economías del mundo. Y aunque su canciller Angela Merkel haya sido señalada como una de las más sensatas al evaluar la crisis del Covid-19 en Europa, la eficacia de sus políticas no residen en su capacidad de contener a la población. La estrategia de tests masivos y tener el sistema de salud con la mayor cantidad de camas de terapia intensiva dejó a una de las economías europeas más fuertes mejor para enfrentar a la pandemia.

Angela Merkel hizo de su política sobre migración un gran discurso de defensa de los “valores europeos”, en respuesta a los halcones de la xenofobia de la Unión Europea frente a la llamada crisis migratoria. Pero su política es un doble discurso, que equilibra demagogia y medidas más duras contra la migración “ilegal”. Así respondió a la presión del crecimiento de ultraderecha de Alternativa por Alemania, que avanzó durante los últimos años, con eje en la xenofobia. El coronavirus mostró la hipocresía de esta política, cuando en lugares como Sajonia, la emergencia sanitaria pudo resolverse gracias al personal de salud migrante, que fue convocado a trabajar aunque todavía no tuvieran su licencia. Ni el partido de Merkel ni la ultraderecha dudaron en aprovechar los recursos, mientras miles de personas viven en centros de refugiados en malas condiciones.

Paraísos igualitarios con sótano

La primera ministra de Islandia Katrín Jacobsdóttir es otra de las líderes destacadas por Forbes. En Islandia, solo viven casi 360.000 personas, tiene un ingreso per cápita de casi 60.000 euros y el salario promedio del país se encuentra entre los más altos del mundo. Además, cuenta con las licencias y políticas de cuidado infantil más igualitarias del planeta, por eso está en el puesto número uno de igualdad de género. Todas estas características permiten que el Estado haya realizado muchos más tests que Corea del Sur, en relación con su población, e implementado un sistema de rastreo (el Estado vigila), lo que permitió evitar la cuarentena y ni siquiera se suspendieron las clases.

Sin duda, allí reside el éxito de su estrategia y no en la empatía o la mano “femenina” para el cuidado de la población como si fuera su propia familia. Islandia es un modelo para muchas democracias capitalistas: encabeza el índice de igualdad de género, representación política, acceso a la educación y el trabajo, licencias familiares igualitarias y guarderías, que garantizan la rápida reinserción en el trabajo y el estudio después de la maternidad.

Este “oasis” de igualdad en un mundo tan desigual tiene, sin embargo, sus propios mecanismos de desigualdad, que mantienen en funcionamiento este paraíso. Incluso, en el país más igualitario del mundo, donde muchas mujeres alcanzan el “techo de cristal”, existe un sótano donde la mayoría son mujeres. Cerca del 10 % de los trabajadores y las trabajadoras son migrantes y la primera minoría es polaca. Esas mujeres son las que ocupan mayoritariamente los puestos de trabajo menos calificados (en el procesamiento de pescado, un sector estratégico de la economía) y el área de cuidados (Trapped in migrants’ sectors? Polish women in the Icelandic labour market).

¿Tenemos el poder?

¿Más mujeres en puestos de poder son expresión de avance de la movilización de las mujeres contra la discriminación y los prejuicios? Sí y no. Sí, porque muestra que las mujeres a lo largo de la historia con sus demandas y su lucha conquistaron lugares que antes les eran vedados. Y no, porque su presencia -minoritaria- en esos puestos no representa un cuestionamiento sino que es funcional al sostenimiento y la reproducción del orden social actual, el capitalismo, que sigue apoyándose en la desigualdad.

La crisis sanitaria provocada por el covid19 dejó al desnudo la desigualdad que atraviesa las democracias capitalistas, incluso aquellas que ostentan medallas de igualdad. El feminismo liberal ya demostró ser un aliado funcional a las políticas neoliberales que desfinanciaron los servicios públicos y transformaron en mercancías servicios esenciales como la salud y la educación. Los ensayos de feminismos con discursos progresistas desde los Estados, como el español, hasta ahora se mostraron impotentes frente a la emergencia. Un interrogante parecido se abre en Argentina, donde las respuestas de los ministerios “feministas” no alcanzan a responder los desafíos de una sociedad en la que se multiplican desigualdades y violencia patriarcal, en un contexto de crisis económica que se agudiza. Siguen siendo las trabajadoras y sus compañeros de clase quienes, en sus lugares de trabajo y a pequeña escala, muestran con sus herramientas y su solidaridad, que otra sociedad es posible y la imposibilidad de esta.







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