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Las mujeres de la Rebelión de San Quintín

“Si no cumplen ¡Yo no respondo!” Dice una indígena jornalera de San Quintín detrás de una de las barricadas, y deja en claro que van a luchar hasta las últimas consecuencias. “El patrón por nosotros levantó sus riquezas… me pagan una miseria, hoy me dieron 50 pesos, me prometieron que me van a dar luz, que me van a dar agua ¡Nadie me ha hecho justicia!”

Miércoles 25 de marzo de 2015 | Edición del día

El 17 de marzo inició el paro de labores de más de 35 mil jornaleros del Valle de San Quintín, y con ello una gesta histórica de los trabajadores agrícolas del norte del país que luchan contra la esclavitud neoporfirista.

Las demandas que motorizan su lucha son: aumento salarial, jornada de 8 horas, pago de horas extras y vacaciones, un día de descanso a la semana, respeto a su organización sindical independiente a la del priismo, ingreso al Seguro Social y condiciones mínimas para sus hogares; alto a los malos tratos y discriminación, violaciones y abuso sexual.

Hicieron lo que parecía imposible, una profunda rebelión de los de más abajo, quienes por dos días paralizaron la zona bloqueando la carretera Transpeninsular por más de 26 horas, única vía que cruza el área desde Tijuana hasta Los Cabos, con decenas de barricadas a los largo de 200 km.

Permanecieron cerrados establecimientos comerciales, empresas, escuelas, hasta bancos y gasolineras, oficinas de gobierno y durante un largo tiempo no se vieron ni autoridades ni policías. Paralizaron todo, mostraron la fuerza con la que cuentan.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar, se realizó un despliegue policial, que disparó balas de goma y gases lacrimógenos contra los manifestantes y detuvo a más de 200 jornaleros, de los cuales 25 siguen presos, acusados del delito de “ataques a las vías de comunicación”.

De entre los miles de jornaleros, muchas son mujeres mestizas e indígenas, en su mayoría mixtecas y triquis, que con su cuerpo cansado, niños pequeños en brazos, sus manos curtidas y la cara cubierta salieron a hacerse parte de la rebelión.
La esclavitud neoporfirista

En inhumanas condiciones viven los jornaleros del Valle de San Quintín, gracias a la complicidad de las instituciones gubernamentales encargadas de inspeccionar las condiciones laborales de los campos.

En otros casos, son los mismos patrones amigos de políticos, desde el expresidente Calderón a gobernadores del estado, que en relaciones de compadrazgo cubren la semiesclavitud de los jornaleros, que tienen en condiciones de explotación casi igual que en la época porfiriana.

La mayoría de ellos no tienen seguridad social y son sometidos a jornadas de más de 12 horas, con trabajo infantil, expuestos a químicos peligrosos y viviendo en lugares insalubres, sin agua potable y luz. Los salarios son de entre 100 y 120 pesos, y muchas mujeres apenas perciben el salario mínimo. En contraste con los 6 mil 278 millones de pesos que se generan al año por la comercialización y exportación de productos cosechados en el Valle de San Quintín. Condiciones que nos hacen recordar al siglo XIX, pues incluso cuentan con tiendas en los ranchos, tal cual tiendas de raya.

La rebelión jornalera, además de pedir mejores condiciones salariales y de vida, retoma una demanda muy importante, que es el alto a los malos tratos, violaciones y abuso sexual por parte de patrones y capataces, a quienes exigen que se les castigue.

Muchas de las mujeres, además de enfrentarse a largas jornadas en el campo, son cabeza de familia con 2 a 5 hijos, quienes con esta lucha al igual que el conjunto de los jornaleros, han conseguido a menos de una semana que se les incorpore al Seguro Social, se les reconozcan las licencias de maternidad y paternidad y se castigue a los abusadores sexuales.

El auge agrícola del Valle de San Quintín es inseparable de la pobreza económica y la violación a los derechos laborales de la población trabajadora. Los patrones se aprovechan de la marginación y pobreza de los lugares de origen de los jornaleros, donde la etnia y el género se combinan para la sobreexplotación y discriminación sin límite.

Las condiciones de los jornaleros de San Quintín se suman a la larga lista de agravios contra los trabajadores mexicanos, donde a una voz gritamos nuevamente #FueElEstado.

La rebelión de los jornaleros es una luz en el camino, su triunfo tendrá sostén en la movilización unitaria de los trabajadores del campo y la ciudad, la más amplia solidaridad para arrancarle al Estado a los jornaleros presos y el repudio a la represión. Porque tiene razón la jornalera que gritaba a los medios de comunicación: “¡Ya estamos hartos de tanta injusticia!”.







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