Economía

TRIBUNA ABIERTA

Las matemáticas como propaganda

En un jeroglífico egipcio se muestra a un demonio exigiéndole a un faraón contar hasta siete para permitirle entrar al paraíso. Hoy muchas personas creen que las matemáticas son un camino seguro para hacer ciencia y llegar al paraíso de la verdad.

Viernes 23 de septiembre de 2016

Desafortunadamente no es así, pues las matemáticas sirven en muchos casos para engañarnos. Son indispensables en las ciencias pero también se las utiliza como propaganda.

Veamos un ejemplo reciente, en un programa de tv se argumentó que para reducir la contaminación se requiere controlar el crecimiento de la población. El científico entrevistado escribió:

D=lxN

Es decir que el daño causado contaminación D puede describirse cómo la cantidad de contaminantes por persona I multiplicado por el índice de población N. Si queremos reducir D la forma más segura es reducir N dijo. El entrevistador se rascó la cabeza y dijo “debe usted tener razón, aunque nunca fui bueno para las matemáticas”. (1)

Aquí una sencilla fórmula sirve para darle apariencia de irrefutable a una afirmación tramposa: unos pocos ejecutivos de Monsanto contaminan más que millones de personas. Bastará con obligar a algunas corporaciones gigantes a respetar las leyes para reducir la contaminación. Eso sería más efectivo pero no se hace porque no les conviene y ellas gobiernan.

Hace tiempo la prestigiada revista Nature publicó un artículo intitulado “La falta de progreso en Economía” (2) donde se dice que las matemáticas sirven para darle la apariencia de ciencia –y sólo esto– a la microeconomía, que se enseña en las universidades de todo el mundo como si fuera conocimiento verdadero.

No lo es. Se trata de una mezcla de muchas mentiras y muy pocas verdades tomadas del sentido común. Por ejemplo se supone que un trabajador decide entre trabajar o descansar de acuerdo con el salario que le ofrecen los capitalistas. Así cuando por la inflación el salario real baja muchas trabajadoras y trabajadores descansarán reduciendo su jornada hasta que las empresas urgidas eleven el salario. La caída de salarios ocurrida en casi todo el mundo ha evidenciado que la fuerza de trabajo ha tratado de laborar más horas para satisfacer sus necesidades; es exactamente lo contrario a lo supuesto en los modelos de la Economía dominante.

La propaganda procapitalista incorporada en los modelos y en la teoría económica burguesa facilita que la mayor parte de las personas no se percaten de que detrás de las reformas laborales están los intereses de los capitalistas y no verdades científicas. Por ejemplo, las reformas laborales de Calderón y Peña en México buscan bajar los salarios y abaratar los despidos y los presentan como medidas para elevar el empleo. Los resultados son malos para la fuerza de trabajo pues la precarizan; pero son buenos para el capital pues elevan las ganancias.
En muchos otros aspectos de la vida social aparecen los problemas que hemos esbozado para la economía: la ideología capitalista aparece falsamente como ciencia y las matemáticas contribuyen a esta falsificación.

El racismo encontró en las pruebas de inteligencia un fuerte apoyo pues: “Burt –un sociólogo especialista en educación- concluyó a partir de sus estudios que el cociente de inteligencia es 80% hereditario y 20% proviene del medio”(3). Con base en Burt, Herrnstein, un profesor de la prestigiada Universidad de Harvard, explicaba que las clases bajas lo eran por sus genes: “Herrnstein afirmaba que ‘al avanzar la tecnología, la tendencia al desempleo podría aparecer en los genes de una familia con casi la misma certeza de que hoy aparece la tendencia a la mala dentadura’” (4). Burt falsificó sus datos, según se pudo comprobar después, para darle apariencia de verdad de la ciencia a su prejuicio burgués. (5)

El papel de la ideología capitalista en las ciencias sociales se sigue estudiando: un ejemplo reciente es un trabajo heterodoxo, "Mathematical Modelling and Ideology in the Economics Academy: Competing explanations of the failings of the modern discipline?", de T. Lawson, publicado en Economic Thought v. 1 (1), 2012, pp. 3-22. (6).

Las matemáticas no son intrínsecamente malas o buenas pero han servido y seguirán sirviendo para presentar los intereses de los capitalistas como verdades científicas.

Notas:

(1) El título, esta anécdota y otras ideas fueron tomados de Koblitz, N.: “Mathematics as propaganda”, en Mathematics Today, Springer Verlag, Nueva York, 1981, pp. 111-116. El enlace corresponde a una traducción de Carlos Salas Páez.

(2) Eichner, A.S. "The lack of progress in economics". Nature. V. 313, 7 de febrero de 1985. pp. 427-428.

(3) Koblitz, op. cit., p. 8.

(4) Ídem.

(5) Koblitz desarrolla este punto y cita la versión en inglés de Kamin L. J.: Ciencia y política del cociente intelectual, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1983.






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