SUPLEMENTO

Las luchas contra la guerra y el fascismo, como luchas por la toma del poder

Las luchas contra la guerra y el fascismo, como luchas por la toma del poder

Continuamos publicando el manifiesto del Partido Bolchevique Leninista de 1933. Este es el quinto capítulo.

Los dos problemas más antiguos que se presentan ante el proletariado lo constituyen, sin duda alguna la lucha contra el fascismo y contra la guerra imperialista. La mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad, contra la civilización y específicamente contra el proletariado, son estos dos polos brutales, que avanzan sobre el mundo a espasmosa celeridad.

En este hundimiento del capitalismo, todas las emanaciones de la sociedad burguesa en descomposición vienen a vaciarse en los moldes del fascismo y la guerra. Su denuncia no puede ser la única tarea de la clase obrera. Es necesario oponer victoriosamente, sobre el terreno de la lucha y de la acción, un dique al fascismo, y una transformación revolucionaria a la guerra. Lo que diferencia enormemente al marxismo de la gritería pequeñoburguesa, es precisamente el hecho de que el marxismo tiene en cuenta, con cálculo perfecto, todos los alcances y consecuencias de los procesos históricos.

No se clama jamás estérilmente, cuando no hay una fórmula concreta que oponer al mal que nos corroe. No se evocan las torturas y dolores, cuando no se le da una solución plena y satisfactoria. El estalinismo, esa miseria teórica cuya práctica es una trágica escuela de traiciones y bajezas, ha hecho del fascismo y de la guerra el campo más apropiado de sus especulaciones y aventurerismos. Toda la palabrería pacifista y banal de la época de la pre guerra imperialista mundial, que caracterizó admirablemente a los socialdemócratas, oportunistas de tipo Kautsky, está siendo utilizada; pero esta vez de manera doblemente peligrosa, por los burócratas estalinianos. Una incomprensión gigantesca de lo que es la guerra y de los medios de lucha contra ella, es la medida que nos da la literatura y agitación del grupo dirigente estalinista.

De nuevo hablan de lo inevitable de la guerra, pero se conforman con traducir al español diez o doce consignas de sabotajes y luchas. Se reduce el objetivo final y único de la lucha de clases, que es el derrocamiento del orden burgués, a una cuestión formalista, de planteamiento de tareas abstractas contra el fascismo y la guerra. Al hablar en capítulos anteriores el carácter del fascismo, hemos explicado cómo los signos del momento actual en el universo indican de manera fehaciente que ha llegado el instante en que se ha agotado toda la reserve progresiva del régimen burgués. La humanidad no puede seguir avanzando bajo la dirección de la burguesía, porque está es incapaz ya de aportar el mundo ningún elemento nuevo de adelanto y progreso.

Con el desarrollo de la burguesía, en el alza del florecimiento industrial, las clases poseedoras pudieron satisfacer las exigencias de la clase obrera, porque las utilidades obtenidas permitían este política. Las luchas por el consolidación de las organizaciones de resistencia, y el paso a la política reformista, fue el sino característico de la época. A medida que la burguesía fue remontando en su etapa histórica, sus contradicciones internar fueron haciéndose más angustiosas. La sociedad lejos de avanzar retrocede. Las mejoras arrancadas antaño por el proletariado a la burguesía son ahora arrebatadas por la burguesía al proletariado. El hambre, la desocupación, la rebaja de salarios caracterizan la época.

Es en estas condiciones que asistimos no a una de las tantas crisis cíclicas del capitalismo, superable en estas etapas determinadas, sino a la crisis definitiva del régimen que Marx y Engels calificaron de época en la “cual el proletariado sirve para alimentar a la burguesía”. El proletariado frente a eso se mueve y se apresta a la toma del poder. La burguesía corona su labor, su defensa del orden vigente, mediante la entronización del fascismo que impide al proletariado todo el movimiento. La lucha es una batalla a muerte, sobre el terreno del poder, entre la burguesía y el proletariado.

El fascismo será vencido únicamente, de modo definitivo, con el triunfo de la clase obrera. La salida única del imperialismo mundial es la guerra. Hacia ello lo conducen todas las relaciones intermundiales del sistema capitalista, la libre concurrencia, la lucha por la posesión de los mercados. El proletariado comprende que la guerra es una consecuencia del capitalismo, no un deseo personal de tal o cual grupo de piratas. Y como el fascismo, la guerra no puede considerarse como algo apartado del problema de la toma del poder, sino íntimamente ligado a ello. Es aquí donde el estalinismo recuerda su carácter falso y groseramente burocrático.

La socialdemocracia oportunista y traidora, dirigente de la II Internacional, creía en 1914, que la “presión” de las masas obreras y campesinas sobre la burguesía mundial, “evitaría” la matanza de os millones de hombres. Se imaginabas que la guerra no habría de producirse, por el temor de los gobiernos capitalistas a las insurrecciones obreras, y que esto era motivo más que suficiente, para evitar el conflicto en ciernes. Los pacifistas de ayer y de hoy, en su lenguaje típico, propugnan la fórmula de abstención y sabotaje a toda participación en el problema.

¿Qué diferencia existe entre el pacifismo pequeño burgués, y la teoría de los sectarios que creen conjurado el peligro porque griten a los obrero y campesinos que no “envíen azúcar y manganeso al Chaco Boreal y al puerto Leticia? ¿O acaso el leninismo prescribía que un sabotaje internacional es realizable en una escala tal, que impide la guerra pacíficamente? ¿Es de nuevo la guerra va a ser evitada por la “presión” de las masas, o por temor a la URSS?

Esta concepción es la misma apreciación kautskista, oportunista y traidora de 1914, que nada tiene que ver con la concepción leninista de la guerra, y medios de transformarla en insurrección obrera y campesina en los respectivos países.

Los sectarios creen que la guerra se realiza por un deseo del capitalismo, y que es un fin en si. De ahí el que malgasten su tiempo en circular literatura sentimental acerca de los horrores de la guerra, y que traten de “conjurar” el peligro no enviando azúcar y manganeso, cuando nadie les hace el menor caso. Esto es una caricatura oportunista del leninismo y una traición a las masas laboriosas el país. Es preciso substituir a todas estas concepciones falsas y pequeño burguesas acerca de la guerra, y arrancar las ilusiones sembradas en las masas de que será “evitada por la presión de las masas, y el temor a la URSS”.

De nuevo hay que gritar a todos los vientos, centenas, millares de veces: la “guerra no es iniciada por el siniestro deseo de los ladrones capitalistas, aunque es librada exclusivamente en sus intereses y no está enriqueciendo a nadie más. La guerra es una consecuencia del capitalismo internacional en el curso de los pasados cincuenta años, de sus ramificaciones sin fin, y conexiones. Nosotros no podemos escapar a la guerra imperialista, nosotros no podemos obtener una paz democrática, sino una paz impuesta con violencia, hasta que los poderes del Estado pasen a manos de una clase diferente: la clase proletaria”.

Este es el leninismo. Esto significa que no se puede escapar de la guerra imperialista, en tato los poderes del Estado, no sane a manos de una clase diferente: la clase proletaria. La lucha contra la guerra no es un sabotaje internacional, sino una transformación en la revolución proletaria. El sabotaje no es más que uno de los medios de realizar la transformación.

Es la enseñanza de lo que es la guerra y de la única manera de no evitarla, sino de obtener la paz, el triunfo revolucionario del proletariado.

La guerra ha de estallar y se desarrolla ya, en la Manchuria, Puerto Leticia, Chacho Boreal y en toda la región del Putumayo. La burguesía y los imperialistas no se detendrán por ningún motivo, porque no pueden detenerse. NOSOTROS NO PODEMOS DETENER Y EVITAR LA GUERRA SINO TRANFORMANDOLO AL REVOLUCIÓN OBRERA Y CAMPESINA QUE DARA EL PRODER AL PROLETARIADO.

Pero esta transformación de la guerra imperialista en revolución obrera y campesina, no se verifica hablando de matanzas y pidiendo que se luche contra ellas. Es cierto que el capitalismo agoniza, y que esta no es una pasajera crisis cíclica, superable en determinado momento. Estamos en la última etapa del capitalismo, en el periodo en que se “forma el frente combativo mundial entre las fuerzas del proletariado revolucionario y el imperialismo. La dictadura del proletariado germina en esta época de crisis, guerras y revoluciones”. Mas, si la vanguardia organizada del proletariado, su Partido de clase, no conduce al ejército de los explotados a la toma final de fortaleza capitalista, ésta no se ha de derrumbar por sí sola.

Estamos ya en los inicios de la guerra imperialista. Las masas obreras y campesinas de Cuba creen firmemente, que la guerra constituirá una solución a su precaria situación económica, porque estiman que se ha de repetir la experiencia de 1914 y 1918. En dicho periodo, Cuba, como país productor de azúcar, nutrió su economía con la sangre de millones de obreros y campesinos alemanes, franceses, ingleses y rusos. Perduran aun aquellos recuerdos en las capas atrasadas de la población obrera. Hay que luchar contra esta concepción, únicamente sobre la experiencia y desarrollando el movimiento diariamente.

No podemos cejar en clarificar bien a las masas que solo la toma del poder por el proletariado revolucionario hará imposibles las guerras de rapiña. Los oportunistas internaciones están de nuevo haciendo creer que mediante la “edificación” del socialismo en Rusia, se ha garantizado, la existencia de una era de paz permanente. Otros sectores de “izquierda” a cuyo frente marchan los sectarios, no menos oportunistas, que los anteriores, dicen que la guerra solo se produce como un deseo capitalista de exterminar a la URSS, y que las posiciones de os PC, deben de ser exclusivamente reservadas a la defensa armada de la URSS. Este es completamente falso y con ello se desvirtúa la esencia de lucha y del leninismo: la toma del poder por los obreros y campesinos, el triunfo del proletariado mundial.

En lucha implacable contra toda la manifestación oportunista, percatados de que sólo la transformación de la guerra imperialista en insurrección obrera y campesina, el triunfo y consolidación de la dictadura del proletariado mundial garantizará la paz, nosotros, la vanguardia del proletariado, podremos realizar revolucionariamente, las tareas específicas del actual momentos histórico mundial.

VER TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN
CATEGORÍAS

[Cuba]   /   [Historia]   /   [Cultura]

COMENTARIOS