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Las direcciones sindicales brasileras hablan de huelga sin poner fecha

La mesa Ejecutiva nacional de la CUT anunció la convocatoria de un “Día de asambleas para indicar una jornada de huelga general” para la segunda quincena de agosto.

Martes 12 de julio | Edición del día

La burocracia de las centrales sindicales como la CUT y la CTB, que aceptaron el golpe institucional sin llamar a ninguna medida de resistencia mientras en las palabras y discursos afirman estar “contra el golpe”, encuentra dificultades para hacer pasar su falso discurso de combatividad. Ausente de las jornadas de lucha por el “Fuera Temer” y actuando “por abajo” como el brazo sindical de la estrategia de “oposición responsable y pacífica” sostenida por Lula – implementando la pasividad política en cada fábrica, empresa y universidad – vienen dejando aisladas las luchas en curso, impidiendo que los trabajadores expresen con sus métodos de clase el repudio al golpe institucional.

La CUT promovió fracasadas “jornadas” como la del 10 de mayo y 10 de junio, sin convocar ninguna asamblea de base para prepararlas y asegurar que los principales batallones de la clase trabajadora de los centros económicos del país, se sumaran a las acciones de protesta. Ninguna acción de solidaridad con la lucha de la Universidad de San Pablo y de las estatales paulistas, ni con la de los profesores de Río de Janeiro. No por casualidad los dichos de la CUT que “reafirma su posición de combate sistemático al golpe en curso” causa perplejidad y crisis en las propias filas petistas y cutistas.

El anuncio del “Día Nacional de Asamblea de la Clase Trabajadora, en todas las capitales de los estados, para la segunda quincena de agosto” responde a la estrategia electoralista de Lula. Queda claro que Lula no puede convencer a Dilma de la propuesta de retorno provisorio por el Senado a cambio de convocar a un plebiscito sobre nuevas elecciones. Las reuniones incesantes de Lula con senadores de la derecha no es garantía. La idea de estos “combatientes” sindicales es sumar algunos meses más de silencio y hacer coincidir con la votación definitiva del impeachment en el Senado una jornada de paros convocada burocráticamente solo con fines mediáticos.

Detrás de los discursos “combativos” de la CUT se esconde la más completa pasividad y la política conciliadora del PT de proponer un “plebiscito” por la anticipación de las elecciones para ganar votos en el Senado, derrotar el impeachment y llevar adelante un pacto de gobernabilidad con sectores de la derecha. Esa misma conciliación con la derecha y los empresarios, que Lula llama de “oposición responsable”, está fundada en la imposición de la paz social en los lugares de trabajo por parte de la CUT y la CTB, preparando el camino de las elecciones de 2016 y 2018, en caso probable de que Dilma que sea destituida.

Se puede afirmar que los sectores petistas se sienten incómodos porque la cúpula de su partido está usando el sentimiento anti-golpe de amplios sectores de la población para negociar un pacto de gobernabilidad con sectores de la derecha, donde una eventual derrota del impeachment en el Senado dé lugar a un plebiscito por la anticipación de las elecciones presidenciales y la renuncia de Dilma. Es decir, frenar el golpe para entregar el país al mismo personal político pero con la legitimidad de las urnas y avanzar en la implementación de los ataques que ni Dilma ni Temer lograron imponer.

En medio de la crisis orgánica que atraviesa el país y que podría servir de plataforma para el surgimiento de un ciclo de luchas en el movimiento obrero, la burocracia sindical petista (la CUT y la CTB) constituye uno de los principales pilares de sustentación de los ataques a los derechos laborales, de la seguridad social y presupuestarios desde una ubicación no golpista y discursivamente opuesta al gobierno de Temer. Tanto es así que el presidente de la CUT, Vagner Freitas, había anunciado que una “huelga general sería preparada, pero tendrá lugar solo cuando el gobierno interino del vicepresidente Michel Temer encamine al Congreso Nacional las medidas que ponen fin a los derechos que vienen siendo anunciados por los medios”. Según Freitas, la CUT “discutirá medidas en el momento adecuado”. Es decir, van a evitar cualquier movimiento de combate a los ajustes golpistas.

Esta medida burocrática, controlada, convocada como un acto para mediados de agosto no responde a la necesidad de ciento de miles de trabajadores y jóvenes que repudian el golpe institucional. No servirá para unificar las luchas de los jóvenes, estudiantes y trabajadores que siguiendo el ejemplo de la gran lucha de resistencia de los trabajadores y la juventud francesa contra la reforma laboral, pueda frenar los intentos golpistas de seguir atacando el salario y el aumento del desempleo y los intereses electorales del PT puestos por encima de la lucha de resistencia de la población contra el golpe. Es imposible combatir al golpista Temer y su gabinete de ajustadores con la estrategia de conciliación con la derecha lanzada por Lula y el PT. El ministro de Hacienda Meirelles continuará atacando el presupuesto público y reducirá los gastos en salud y educación al servicio de los intereses de los capitalistas.

Es necesario imponer, en primer lugar, que la CUT y la CTB dejen atrás su parálisis y encabecen un plan de lucha, con piquetes y una huelga general hasta derrumbar al gobierno golpista y sus ataques contra la seguridad social, la jubilación y la reforma laboral deseada por Meirelles y la Confederación Nacional de la Industria, que quieren extender la jornada laboral a 60 horas. La estrategia de derecha que pregona la paz social “salpicada” con una u otra jornada burocrática sin organizar a las bases ya abrió fisuras en la propia base del PT, cuya dirección teme más el despertar de la lucha de clases que ser arrollada por el golpista Temer.

Es necesario impedir los despidos y la reducción salarial. Toda empresa que alegue falta de presupuesto para mantener salarios y empleos debe abrir su contabilidad para mostrar adónde fueron los fondos que ganaron; contra la inflación y el desempleo debe levantarse la escala móvil de salarios y de horas de trabajo, reduciendo la jornada de trabajo sin reducción salarial, dando trabajo a todos los que están en condiciones de hacerlo. Las empresas que amenacen con el cierre o despidos en masa, deben ser ocupadas y puestas a producir bajo control obrero, bajo responsabilidad del Estado para que garantice las materias primas.

Estas medidas anticapitalistas, de autodefensa de los trabajadores, que deben ser el contenido de una nueva Constituyente impuesta por la lucha contra el régimen político de 1988, exigen naturalmente un choque con el régimen político de los capitalistas, por eso fueron “olvidadas” por el PT. La única forma de derrotar estos ataques es rodeando de solidaridad las luchas en curso y, como en Francia, confiar en las fuerzas del movimiento obrero unificado con la juventud.




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