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POLÍTICA DE AJUSTES

Las demandas de más ajuste de la UE y la impotencia de la estrategia de “renegociación” del déficit

Los recortes de 10.000 millones exigidos por Bruselas para 2016 equivalen a lo recortado en sanidad y educación desde 2013. Un tijeretazo ante el que las fuerzas del “cambio” no aclaran que hará un hipotético “gobierno de progreso”. La línea de renegociar con la UE ya ha sido ensayada desde Rajoy hasta Tsipras, con dramáticos resultados para los sectores populares.

Juan Carlos Arias

Madrid | @as_juancarlos

Viernes 19 de febrero de 2016

Foto: EFE

Estamos asistiendo en los últimos días a un proceso de negociaciones cuyo resultado sigue teniendo una alta dosis de incertidumbre. El PSOE busca apoyos a la investidura de Pedro Sánchez por derecha -Ciudadanos- y por izquierda -Podemos, IU y confluencias-. En los últimos días se han conocido las propuestas de programa presentadas por los dos principales partidos en liza, el PSOE y Podemos. Sin embargo ambos documentos, más allá de sus diferencias, hay que ponerlos cuanto menos en “cuarentena” dado que la Comisión Europea ya está exigiendo nuevos recortes draconianos.

Tanto el PSOE como Podemos, y no digamos el PP y Ciudadanos, no están dispuestos a “sacar los pies del plato” en lo que se refiere al respeto de los compromisos de deuda y déficit. Incluso Podemos, que incluye en su documento la restructuración de la deuda y la revisión del objetivo de déficit, ha dejado claro que siempre se haría en acuerdo y negociación con la UE. Algo que ya hemos visto que quiere decir en el caso griego de la mano de Syriza. Por lo tanto, salga el gobierno que salga, o se reptan elecciones en junio, se viene un nuevo redoble en la política de recortes.

La Comisión Europea ya alcanzó un alto grado de “mosqueo” durante la aprobación de los presupuestos de 2016. En ese momento Rajoy, haciendo puro electoralismo, elevó el gasto, redujo el IRPF e incrementó partidas tan significativas como el sueldo de los funcionarios después de más de un lustro de rebajas (un escaso 1%). Todo en aras de ganar las elecciones. En sus errados cálculos luego podría revisar esas cuentas justificándolo sobre la base de la situación económica y las imposiciones de Bruselas.

La Comisión está exigiendo desde hace meses que habrá que ajustar al menos un punto porcentual del PIB, unos 10.000 millones de euros y que lo pagarán los de siempre. Rajoy vendió unas previsiones de crecimiento económico del 3,3% para 2015 y el 2,7% para 2016. Cálculos superiores a los de la UE y el FMI (3,1% para 2015 y 2,7% y 2,5% para 2016). Al final, sin estar cerradas las cifras oficiales, Rajoy ha señalado que el crecimiento durante 2015 ha sido del 3,2%. Pero más allá de este baile de decimales, el verdadero problema está en los nubarrones económicos internacionales. Los grandes descensos en las bolsas en el inicio del año y la fuerte caída en el crecimiento de la economía china, auguran que el crecimiento para 2016 pueda ser bastante inferior y, por lo tanto, las exigencias del ajuste todavía mucho mayores.

La Comisión busca poner fin a los incumplimientos de la disciplina presupuestaria y el objetivo déficit apretando las tuercas más todavía a los trabajadores y sectores populares. Antes esto, lo más que se opone desde algunas de las fuerzas que están negociando el futuro gobierno es que habría que renegociar los plazos y objetivos, como plantea Podemos.

Pero lo cierto es que, aunque Rajoy ha señalado muchas veces que “desde que asumimos la responsabilidad de gobernar hemos cumplido siempre del déficit” y ha sido uno de los “alumnos aventajados” de la Troika, en realidad no lo ha cumplido en ninguna ocasión. Es decir, ha estado renegociando toda la legislatura. En 2012, el primer ejercicio con mandato completo de Rajoy, el máximo de déficit establecido era de un 5,8% y la UE lo amplió al 6,3% . Sin embargo se alcanzó el 6,7%. En 2013 volvió a repetirse la jugada, se volvió a estirarse el déficit autorizado pasando del 4,5% previsto al 6,5%. Y, sin embargo se alcanzó el 6,6%. Y eso que no se incluyó en el cómputo el déficit consecuencia del rescate financiero por 100.000 millones de euros, de los que se llegaron a utilizarse 41.300.

Hoy Podemos presenta como una “novedad” y una demanda “antiaustericida” clave para llegar a un acuerdo de gobierno el buscar un nuevo acuerdo con la UE que logre un período más dilatado de reducción del déficit público. Pero es justamente esto lo que se ha venido realizando en los últimos años y no ha resuelto la situación de emergencia social y desigualdad en la que estamos inmersos, ni mucho menos ha paralizado el descargue de la crisis de sobre-endeudamiento sobre las mayorías sociales.

¿Qué podemos esperar de una línea así? No hay que hacer futurología para saberlo, lamentablemente basta con mirar a lo que ha pasado en los últimos años para entender qué va a significar una nueva ronda de ajustes presupuestarios. Continuar con el retroceso histórico en derechos económicos, sociales y políticos de la clase trabajadora y las clases populares.

Si el nuevo gobierno, incluso la hipótesis del cambio – Podemos, PSOE e IU - acepta, como han dejado claro que harán, las reglas del juego marcadas por la Troika, además en un contexto que parece anunciar la entrada de una nueva fase de la crisis mundial, será inviable la adopción de cualquier medida de calado que permita revertir la situación en favor de la clase trabajadora y las clases populares. La llamada disciplina presupuestaria, los recortes sociales, las privatizaciones, el pago de la deuda pública y el mantenimiento de las llamadas “reformas estructurales” llevadas a cabo, seguirán en el centro de la agenda.

El recorte presupuestario de Rajoy en 2012 fue de 27.000 millones de euros. Antes el de Zapatero había sido de 16.000. Pero no bastó con eso. En los siguientes ejercicios se ha acumulado un nuevo tijeretazo de 10.000 millones de euros en Sanidad (7.000) y Educación (3.000). Hoy se piden otro de esta misma cantidad, que podrían ser mayor si el crecimiento económico previsto se debilita.

Tampoco podemos confiar en que se deroguen leyes como la reforma laboral o la de las pensiones, el “ojito derecho” de la obra de Zapatero o Rajoy tan aplaudidas por la Troika. Leyes como la Ley Wert el PSOE ya ha anunciado que no se derogarán hasta tener una nueva, y vistas las del PSOE, como la LOE, el modelo de enseñanza al servicio de las empresas y cada vez más privatizada seguirá en pie. Incluso revertir el recorte generalizado en derechos y libertades públicas y la derogación de la Ley Mordaza estará por verse, el caso de los Titiriteros ha mostrado con crudeza la rápida transformación de los del “cambio” en los del “orden”.

Otras medidas que son urgente de revertir se tendrán que quedar en el cajón si se opta por aceptar las exigencias de la Comisión, o incluso éstas “revisadas”.

Por ejemplo, en julio de 2012 las prestaciones por desempleo se redujeron del 60 al 50% de la base reguladora a partir del sexto mes de paro. El recorte del gasto dirigido a los parados ha sido un ataque tan brutal a un sector tan vulnerable que actualmente la cobertura sobre el conjunto de los parados es la menor de la historia, solo cobran alguna prestación el 55,2% de los parados. La reducción de la partida presupuestaria para el desempleo en los años de la crisis ha sido algo superior al 30% y no precisamente derivado del éxito en combatir el desempleo, sino más bien por los profundos recortes realizados. Gran parte del pago de la deuda se viene haciendo sobre las espaldas de los desempleados, mientras las direcciones burocratizadas de CC.OO. y UGT miran para otro lado.

Tampoco parece muy probable que se revierta la ley de la reforma de las pensiones de finales de 2013, que supuso que, por primera vez, la revalorización de las cuantías de los jubilados no se vinculase al IPC. En su lugar, se introdujo lo que se vino a llamar el factor "sostenibilidad", que tiene en cuenta tanto la evolución de la inflación como los ingresos y gastos de la Seguridad Social durante un plazo de once años.

Revertir todos los ataques impuestos en los últimos años en forma de “tijeretazos” y “reformas estructurales”, así como bloquear toda nueva oleada de recortes como la que se exige desde Bruselas, no es posible desde una perspectiva de aceptación de las reglas de juego y el respeto a los intereses de un puñado de capitalistas. Es imprescincible preparase para el ajuste que viene, fortaleciendo la organización y capacidad de movilización de los trabajadores y sectores populares, y retomando un programa para que la crisis la paguen los capitalistas. Es necesario pelear por medidas esenciales como el no pago de la deuda, la nacionalización de todo el sistema financiero, de los sectores estratégicos, las grandes empresas y la aplicación de fuertes impuestos a las grandes fortunas que se enriquecieron tanto con las vacas “gordas” como con las “flacas”. Solamente así se podrán sentar las bases para paralizar los ataques que se nos quieren seguir inflingiendo y poder reconquistar todo lo perdido en los últimos años.






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