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Las crisis son de nosotros, las ganancias son ajenas

En La Izquierda Diario: Un arma para la crítica en Filosofía y Letras de la UBA (Junio 2018), el periódico impulsado por la agrupación En Clave Roja (PTS+Independientes), conducción del CEFyL.

Martes 29 de mayo | 13:15

Brenda Hamilton
Presidenta del CEFyL, estudiante de Historia
Ignacio Vazquez
Estudiante de Filosofia

El gobierno de Mauricio Macri y los CEOS está en el momento más adverso de su mandato. Comenzaron a mostrarse los signos de una profunda crisis estructural que, por cuarta vez en los últimos 40 años, se traducirá en un nuevo saqueo nacional hacia el pueblo trabajador. Estos feroces ataques a las condiciones de vida de los trabajadores ya los vivimos en la dictadura, en el 89 y en el 90 con la hiperinflación, las privatizaciones y los enormes niveles de desocupación. Y en el 2001 con una pobreza extrema y una pérdida muy fuerte del poder de compra del salario. Aún hoy, kirchnerismo de por medio, seguimos arrastrando las consecuencias estructurales de estos saqueos.

Ante la crisis, los empresarios y los políticos de siempre nos dicen que tenemos que volver al FMI aunque no le haya causado más que desastres a nuestro país. Pero ¿quiénes estamos en crisis? y ¿quién paga la deuda?

Con el endeudamiento previo y con sus propias reservas, al gobierno ya no le alcanza para seguir pagando los enormes intereses de una deuda que crece y al mismo tiempo mantener el dólar a un precio que no desestabilice la economía. Por eso, vuelven a arrodillarse ante el imperialismo. El acuerdo con el FMI surge de la necesidad de aumentar las reservas, lo que le permitiría por otro lado contener una inflación que, sin embargo, ya se pronostica arriba del 25% (y que con los aumentos del dólar va a recrudecer), sin tocar ni un solo centavo de las ganancias de los grandes grupos económicos transnacionales ni de los empresarios/ministros como Aranguren, Caputo y hasta Macri mismo.

Si hasta el día de hoy se aplicaban tarifazos, se reducía el presupuesto educativo, de salud, las jubilaciones y los salarios, ahora esas medidas se profundizaran para satisfacer los requisitos explotadores que, como a lo largo de toda su historia, el FMI exige. Este recorte del gasto público en favor de la deuda implica un ataque furioso contra los trabajadores que no podría llevarse a cabo sin la complicidad de las burocracias peronistas y kirchneristas que dirigen los principales sindicatos, que cerraron paritarias al 15% y se niegan a pelear por su reapertura.

¿De dónde viene esta deuda eterna? ¿Por qué decimos que es ilegítima?

Con la dictadura comenzaron los enormes niveles de endeudamiento del país. Entre 1976 y 1982 la deuda creció un 476% (de 7.800 millones a 45 mil millones). Los genocidas además sumaron a esta deuda pública el 55% del total de la deuda de las empresas privadas, entre las cuales se encontraban, por ejemplo, las del grupo Macri (Fiat-Sevel y Socma). A partir de aquí, todos los sucesivos gobiernos mantuvieron la línea de la dictadura de sumisión al imperialismo, pidiendo más deuda y destinando millones a pagar los exorbitantes intereses. Esa plata bien podría haberse invertido en educación pública, salud, transporte de calidad, viviendas, ciencia y técnica. Sin ir más lejos, el gobierno “nacional y popular” kirchnerista destinó ¡200 mil millones de dólares! al pago de la deuda (sí, la de los Macri que Cavallo estatizó en el ´82 nos la hicieron pagar a nosotros) y hoy aún no termina, ronda entre los 320 mil millones.

La deuda es un mecanismo de sometimiento del imperialismo. Las clases dominantes son las que piden esa deuda para financiarse y, especialmente, para salir de las crisis más enriquecidos a costa de degradar las condiciones de vida de los trabajadores. Por eso, esa deuda es completamente ilegítima y no debe ser pagada. Pero esta medida no puede darse de manera aislada, sino que sólo tendría sentido al estar acompañada de otras medidas que formen parte de un programa antiimperialista de conjunto. Este programa, al representar los intereses de las mayorías trabajadoras, solo puede ser puesto en práctica a través de una organización independiente de todos los gobiernos aliados al capital financiero nacional y/o internacional. Tiene que tener como eje la planificación de la economía en favor de las necesidades sociales: la única soberanía posible.

Desde En Clave Roja peleamos por desterrar el lucro de los servicios públicos: ¡no puede ser que le llenemos los bolsillos a los empresarios cuando prendemos la luz! Las empresas privadas que manejan los servicios, desde el menemismo pasando por el kirchnerismo y en la actualidad, no invierten para renovar y mejorar las prestaciones y por eso a veces no alcanzan ni siquiera a cubrir las necesidades más básicas. Levantamos la consigna de la unificación y nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior por parte del Estado para que dejen de fugarse millones y millones de dólares por mes y para terminar con el poder de un puñado de empresas que manejan el comercio y condicionan las políticas económicas de acuerdo a sus intereses.

Los servicios públicos no son ajenos al lucro, por eso también es necesario nacionalizar el agua, la luz, el gas y el transporte, que estén bajo el control de los trabajadores y los usuarios que somos los verdaderos interesados en que el servicio sea accesible y de calidad. Esta lógica ya se desarrolla, por ejemplo, en Zanon (FaSinPat), Madygraf y cientos de fábricas que están bajo gestión obrera. Estos pequeños grandes ejemplos nos demuestran que las y los trabajadores pueden dirigir la producción. ¿Por qué no podrían dirigir la economía en su conjunto poniendo todos los avances de la técnica al servicio de las necesidades sociales? Hay entonces dos alternativas en juego: la economía fundada sobre bases igualitarias para satisfacer todas las necesidades de la sociedad o la economía en función de la ganancia intocable del 1% más rico.

¿Quién es quién?

El kirchnerismo y el PJ, frente al saqueo al pueblo trabajador, tiene un programa concreto: colaborar con el gobierno y esperar a las próximas elecciones en 2019. ¿Y mientras tanto qué hacemos? Con respecto a la deuda mantienen la misma posición que cuando estaban en el poder: hay que pagarla, no importa si eso implica subir el transporte, bajar presupuestos o reducir salarios. Hoy el peronismo se alinea con el gobierno para descargar el ajuste en las provincias donde gobiernan, mientras que el kirchnerismo demuestra su incapacidad para afectar las ganancias de los empresarios al no poder presentar una salida a la crisis que sea favorable a los trabajadores, las mujeres y la juventud. Esto se ve claramente en el hecho de que durante su gobierno no quisieron tocar las empresas privatizadas que dejó el menemismo, regalándoles subsidios millonarios (entre 2004 y 2015 por ejemplo, los subsidios energéticos fueron de casi 500 mil millones de pesos) mientras las condiciones económicas internacionales eran favorables. Hoy esas condiciones ya no existen, por eso no pueden ofrecer otra cosa que no sea ajuste y colaboran, especulando hacia 2019.

Luego de que Macri se reuniera con los senadores y gobernadores “opositores” en busca de colaboración, Marquitos Peña, anunciaba entre semana el llamado a un “Gran Acuerdo Nacional” (como reiteradas veces hemos escuchado en la historia argentina) y encontró rápidamente respuesta en el Twitter de quien fuera en el 2015 el supuesto paladín contra el ajuste que nos querían vender como “mal menor” frente a Macri, Daniel Scioli, que escribió: “No es cuestión de reprochar, sino de colaborar y aportar ideas de manera constructiva para el desarrollo de la Argentina”. Los que se dicen estar en la oposición al gobierno no solo tienen una estrategia cómplice, sino también de contención. Muchos nos preguntamos qué pasaría si la fuerza de los grandes sindicatos (peronistas y kirchneristas) estuviese puesta al servicio de enfrentar las políticas de ajuste del gobierno. Por ejemplo si la burocracia sindical, en sus distintas variantes, rompiera la tregua con el gobierno y tomara la exigencia del sindicalismo combativo de llamar a un plan de lucha con movilización y paro nacional activo. ¿No estaríamos en mejores condiciones para pelear hasta tirar abajo todas las reformas antiobreras y antieducativas de Macri y los CEOs?

Si esto no se lleva a cabo no es porque falten ganas o fuerza. Las jornadas del 14 y 18 de diciembre y luego el 21F nos mostraron que existe un extendido descontento popular y una enorme disposición a la lucha. Si las burocracias los intentan contener y dividir es porque la organización y la unidad de los trabajadores amenaza los intereses y el poder de los empresarios.

Necesitamos desarrollar esta perspectiva para enfrentar al macrismo hoy, poniendo en cuestionamiento de una vez por todas los problemas estructurales que venimos arrastrando, especialmente desde la dictadura.

De un lado o del otro

Este es el camino que nosotros creemos que tenemos que seguir los jóvenes y los estudiantes a los que este sistema nunca nos regaló nada, y hasta nos quiso conformar con su “miseria de lo posible” que no es otra cosa más que precarización. Como corriente universitaria vemos la necesidad de unir nuestras peleas con las y los trabajadores, que son los que mueven el mundo y tienen la fuerza que se necesita para darle una salida de fondo a la crisis. Tenemos que pelear conjuntamente por este programa. ¡No dejemos que nos roben el futuro! ¡Que esta vez la crisis la paguen los empresarios!

En nuestra facultad, “El colectivo”, que no es más que la pata estudiantil de la gestión de la decana kirchnerista Graciela Morgade, ni siquiera se pronuncian en contra de pagarle al FMI. Es que ellos reivindican que el gobierno anterior fue pagador serial del fondo y no tienen intenciones reales de romper con la subordinación al imperialismo.

¡Nosotros queremos plata para la educación, no para la deuda! Si toda esa plata que se usa para pagar la deuda ilegítima fuera destinada para educación pública, hoy podríamos tener un sistema de becas integrales que equivalgan a media canasta familiar y eviten la enorme deserción universitaria que por ejemplo en la UBA lleva a que 3 de cada 4 ingresantes no puedan terminar sus estudios por falta de recursos y por tener que elegir entre trabajar o estudiar. La educación pública, al no ser gratuita y al tener tantos obstáculos económicos, se vuelve cada vez más inaccesible para las y los trabajadores y para sus hijos que son quienes sufren en primer lugar el peso del ajuste. Sin contar con herramientas para poder hacerle frente a las trabas económicas y poder continuar estudiando como son las becas o el boleto estudiantil, la educación está cada vez más lejos de ser un derecho, siendo esencialmente un privilegio.

Hoy la universidad no solo responde a las necesidades del mercado formando profesionales para llenarle las cuentas bancarias a los empresarios o, de lo contrario, para depender del Estado trabajando por salarios de miseria. Sino que, para que esto sea posible, la universidad reproduce todas las tendencias individualistas de la sociedad alentando la competencia y el ascenso social individual. Esto responde a una lógica educativa capitalista que no apunta a mejorar las condiciones de vida de la sociedad entera. Lamentablemente, en lugar de eso la educación está subordinada a los intereses de una pequeña fracción de la sociedad que domina las políticas públicas. El resultado es que unos pocos logran acceder a un bienestar relativo mientras se pisotea el presente y el futuro de los demás.

El movimiento estudiantil no puede estar por fuera de esta realidad, por eso nosotros desde En Clave Roja en la conducción del CEFyL peleamos por construir centros militantes, democráticos y participativos que intervengan en el desarrollo de la política nacional. Porque los problemas estructurales que nos afectan como estudiantes solo pueden resolverse por fuera de las paredes de las facultades, poniendo en cuestionamiento y atacando los cimientos sobre los que se erige la sociedad. Esta perspectiva sólo puede llevarse a cabo en unidad con las y los trabajadores, quienes son los únicos que tienen la fuerza necesaria para llevar todas estas luchas hasta el final y transformar la sociedad desde las bases. Para esto es indispensable recuperar los centros de estudiantes y federaciones universitarias que hoy no están al servicio de las luchas por sus ataduras con el gobierno (Franja Morada) y la falsa oposición (Ues, Colectivo y sus variantes). ¿Te imaginas que pasaría si todos los centros de estudiantes hicieran como el CEFyL y salieran a las calles con los trabajadores a enfrentar al gobierno?

La universidad tiene que dejar de ser un recurso en manos de las clases dominantes que usan para reproducir la ideología que las mantiene en el poder y para formar profesionales que estén al servicio de las empresas, mercantilizando el conocimiento. Peleamos por una universidad que desarrolle los conocimientos que las necesidades de la población exigen, libres de cualquier afán de lucro. Para esto es necesario terminar con sus privilegios, es decir, construir una alternativa de los trabajadores que se proponga tomar el poder del estado, hoy en manos de los capitalistas.
Ese es nuestro objetivo. El momento es ahora, no esperemos más, tenemos que organizarnos en la facultad. Te queremos invitar a desarrollar esta perspectiva junto a nosotros en Filosofía y Letras.

Seguí leyendo el primer número de La Izquierda Diario en Filo en este link.







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