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OPINIONES

Las batallas culturales de Macri y Cambiemos

Ante la ausencia de mínimas mejoras en una economía deteriorada, Macri avanza con agendas muy a tono con Donald Trump. Olvidó un detalle: gobierna la Argentina.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 29 de enero | 00:00

El terremoto producido por el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el impacto de sus primeras medidas genera cierto entusiasmo para el cambio de agenda del gobierno argentino.

La falta de resultados en la economía impulsa al oficialismo a desplazar el debate público hacia determinadas “batallas culturales” de la agenda ideológica del PRO-Cambiemos. En este terreno actúan como un kirchnerismo amarillo: cuánto peor la economía, más dosis de relato. La diferencia específica es el sesgo ideológico que cada uno le imprime a su discurso.

Tres polémicas cruzaron los últimos días la discusión pública: el endurecimiento de las medidas contra los inmigrantes y por el mayor control fronterizo, el debate por la movilidad del feriado del 24 de marzo que produjo la rebelión vegana de los coroneles del peronismo y la propuesta de baja de la edad de imputabilidad.

La juventud pobre y los inmigrantes como chivos expiatorios de los nulos resultados de la economía y una avanzada pedante y desprolija contra un símbolo histórico en pos de una difícil “reconciliación”, una resolución de la que el lunes dará marcha atrás. Todo bajo el amparo de la nueva moda troglodita del magnate que llegó a la Casa Blanca.

Para el caso de los inmigrantes, un informe reciente certifica que menos del 6 % de la población carcelaria es extranjera. La vinculación entre inmigración y delito es un soberano invento que no se condice con la realidad y que también tenía sus voceros en el kirchnerismo-peronismo, como Sergio Berni (ex secretario de Seguridad) y Miguel Ángel Pichetto, jefe de la bancada del Frente para la Victoria en Senadores, todavía en funciones. Tampoco hay relación entre aumento del poder punitivo y descenso de los hechos delictivos, entre otras cosas, porque los organizadores del gran delito (las policías) que comanda al pequeño, son los que salen “empoderados” con las leyes que aumentan el punitivismo estatal. Lo demostró el emblemático caso de Luciano Arruga de cuyo asesinato se cumplen ocho años por estas horas.

La falta de resultados en la economía impulsa al oficialismo a desplazar el debate público hacia determinadas “batallas culturales” de la agenda ideológica del PRO-Cambiemos.

En torno a la polémica, las idas y venidas por el 24 de marzo, hay una larga historia que va mucho más allá de la movilidad (o no) del feriado.

El 24 de marzo y la rebelión de los feriados

Una encuesta que intentaba retratar la radiografía ideológica de los argentinos realizada de forma conjunta por Flacso e Ibarómetro en el año 2015 arrojaba el siguiente resultado: cuando se le preguntó a la gente si los juicios por delitos de lesa humanidad debían continuar o no, una mayoría abrumadora de más del 70 % afirmaba que correspondía que prosigan. Incluso entre los que en ese momento apoyaban un “cambio”, también una mayoría significativa del 57 % sostenía que debían continuar los juicios por violaciones a los derechos humanos producidos bajo la última dictadura militar.

No fue casualidad que el kirchnerismo haya tomado la bandera de los derechos humanos, un área bastante ajena a la trayectoria política anterior de Néstor y Cristina Kirchner, para su obra de recomposición de la autoridad estatal, luego de la crisis de 2001.

Y según adelantó el diario La Nación y confirmaron otros medios durante la tarde del sábado, Macri firmará este lunes un decreto restableciendo la inmovilidad de los feriados que había cambiado.

El establecimiento del feriado nacional para los 24/03 por parte del kirchnerismo fue la obra culmine para estatizar el reclamo de juicio y castigo y en el mismo acto limitarlo para que no vaya hasta el fondo de las razones y los responsables del Golpe, un hecho que llevaría al enjuiciamiento de toda una clase, de sus organizadores civiles, políticos, empresariales y eclesiásticos.

Algunos datos sirven para graficar las continuidades de la "democracia" con la dictadura: de la lista de intendentes que la dictadura conservó en sus cargos o convocó después del 24 de marzo surge que sobre un total de 1.697 municipios, 301 intendentes (35%) corresponden a la Unión Cívica Radical; 169 al Partido Justicialista (19,3%); 23 a neoperonistas (2.7%); 109 a los Demócratas Progresistas (12.4%), 94 al Movimiento de Integración y Desarrollo (10.7%), 78 a fuerzas federalistas provinciales (8.9%).

El aparato judicial juró prácticamente en su totalidad bajo el estatuto del llamado Proceso y el aporte crucial de la Iglesia y de no pocas fracciones de la dirigencia sindical tradicional, está más que demostrado por la investigación histórica.

La negativa por parte del Estado argentino, incluso en manos del peronismo “progresista”, de abrir los archivos de ese período estuvo basada en esta razón última. Destapar la olla del encubrimiento "democrático" dejaría al desnudo la podredumbre de todo un régimen político.

La decisión del Gobierno de Mauricio Macri de establecer por vía de un decreto de necesidad y urgencia la movilidad de algunos feriados, entre ellos el del aniversario del golpe genocida, tocó un nervio sensible que vive en la conciencia histórica de la sociedad argentina.

“La última dictadura militar y su secuela de muertos y desaparecidos han dejado huellas profundas en una sociedad que, como se comprueba desde hace más de tres décadas, todavía no termina de curar las heridas producto del imperio de la violencia.”, afirma Fernando González, editorialista del diario Clarín.

El hilo negro que une a los partidarios de mantener el feriado como hasta ahora y la nueva administración que pretende removerlo, radica en la negativa a abrir los archivos

La realidad es que las huellas que ha dejado en la sociedad no tienen que ver con heridas incurables de algún supuesto imperio de una violencia abstracta, sino con la forma concreta en que se produjo la caída de la dictadura por la movilización popular que hundió históricamente al “partido militar” que siempre fue una solución de última instancia para resolver de manera reaccionaria las crisis nacionales. La “solución final” del último genocidio escindió, por lo menos por un largo periodo de tiempo, al grueso de la sociedad de la casta militar que convirtió al país en un gran campo de concentración durante siete largos años.

La “rebelión” que empezó por los coroneles (intendentes) del peronismo y se extendió a algunos gobernadores de ese mismo espacio político en oposición al decreto por la movilidad del feriado del 24 de marzo, es una manifestación deformada de esta contradicción histórica que aún no está resuelta.

En la polémica de superficie, el hilo negro que une a los partidarios de mantener el feriado como hasta ahora y la nueva administración que pretende (o pretendía) removerlo, radica en la negativa a abrir los archivos que involucran a demasiados responsables a ambos lados de la nueva y efímera grieta.

El PRO-Cambiemos pretendió avanzar en su batalla cultural para despolitizar una historia que pone en el banquillo de los acusados a la clase a la que orgánicamente pertenece. La demagogia peronista busca hacer uso electoral en torno a una medida que, en el fondo, es inofensiva para los responsables del genocidio. Al punto tal que Macri está dispuesto a retroceder de su propia resolución.

Trump y Macri

El mismo trabajo de Flacso-Ibarómetro sentencia que el 83 % de los consultados estaba de acuerdo con que “el Estado debe ser el principal responsable de asegurar el bienestar de la gente” y un 71 % consideraba que la intervención estatal en la economía debe ser bastante activa.

Los núcleos ideológicos y de verdad de estas percepciones los hemos analizado otra oportunidad. Una conciencia media que expresa deformadamente una determinada relación de fuerzas y no cambia sólo por una elección o por el agite colérico de Mercedes Ninci y el rabioso “periodismo” del Changuito Leuco todas las tardes saturando la pantalla de Canal 13.

Los índices del poder adquisitivo del salario, consumo, empleo (AGR-Clarín, Banghó) y actividad económica en general no están dictando precisamente nada cercano al “bienestar” de la gente.

Entusiasmarse y hasta mimetizarse con la agenda de Donald Trump (a quien sus medidas le están trayendo no pocos problemas) y trasladarla mecánicamente a la contenciosa sociedad argentina, en un momento de deterioro de las condiciones de existencia de la mayoría nacional, no parece una opción viable al mediano plazo, pese al entusiasmo de sus minorías intensas y el apoyo vehemente del aparato mediático.

Porque, como afirmó otro expresidente de EEUU en una frase de antología que quedó para la historia, al final, siempre la empecinada realidad termina sentenciando que… es la economía, estúpido.








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